Repudian invitación “a orar” del gobernador de Florida: “Es un hipócrita”
El senador por Florida Marco Rubio y el gobernador Rick Scott, ambos republicanos, se apresuraron a condenar el horrible tiroteo en la escuela, ofreciendo oraciones luego de la masacre en el Stoneman Douglas. Scott pidió “pensamientos y plegarias” al conocerse la noticia del tiroteo, y Rubio envió un tweet llamando a “orar”.
Tanto Rubio y como Scott lucharon durante mucho tiempo, y especialmente en la última campaña presidencial, contra toda legislación para el control de armas. Ambos hombres tienen una historia de intimidad con los defensores del armamentismo, y recibieron la distinción y el respaldo explícito de la Asociación Nacional del Rifle antes de sus respectivas elecciones en 2014 y 2016.

Rubio dijo en su momento que las leyes contras las armas son “ineficaces” e “infringen los derechos de las personas respetuosas de la ley y no hacen nada para mantener las armas fuera de las manos de personas peligrosas”. Un análisis de los aportes de campaña hecho por el New York Times el año pasado reveló que Rubio había recibido más de u$s 3,3 millones sólo de ese grupo.
El gobernador Scott también viene resistiendo desde hace años los esfuerzos por controlar la posesión de armas. Poco después de la masacre en el club nocturno Pulse en Orlando, en 2016, Scott dijo reiteradamente que la Segunda Enmienda “no mató a nadie”. “Recordemos, la Segunda Enmienda existió por más de 200 años”, dijo Scott a CNN. “Eso no fue lo que mató a personas inocentes; el mal mató a la gente inocente”.
Tiroteos e inacción: EEUU no enfrenta a sus demonios internos
Washington, 15 (AFP) - Estados Unidos ha sido puesto una vez más frente al hecho de que es el único país desarrollado donde los tiroteos masivos en las escuelas son recurrentes, pero el problema está muy lejos de resolverse. Tras la masacre en la escuela secundaria en Florida el miércoles, que dejó 17 muertos, no hay indicios de que el gobierno vaya a adoptar medidas para evitar la repetición de tragedias como esta.
El tiroteo, el 18º en lo que va del año, activó un ciclo ya conocido, pero incomprensible para los extranjeros: reacciones horrorizadas, unidad en el dolor, indignación, polarización política e inacción. El debate es estéril, las posiciones no cambian.

Por un lado están los que se oponen a cualquier tipo de control de armas, invocando la segunda enmienda de la Constitución, que establece el derecho a portar armas. Argumentan que ninguna ley puede evitar que trastornados y delincuentes obtengan armas, ni que abran fuego en una escuela. Dado el peligro, todos los ciudadanos deben estar armados para protegerse.
Por otro lado están los que piden controlar la tenencia, como el expresidente Barack Obama, quien el jueves se negó a creer en la inevitabilidad de estos dramas. “No somos impotentes”, dijo en Twitter, pidiendo legislación de “sentido común” para incrementar la seguridad con respecto a las armas, la misma que él no pudo consagrar en ocho años de gobierno.
Mito fundacional
Quienes buscan controlar la tenencia de armas llevaron su lucha al terreno local, donde buscan convencer a los políticos sobre la necesidad de hacer controles forenses y psiquiátricos obligatorios antes de cualquier venta de armas. Es un objetivo nada fácil de alcanzar en un país donde las armas son parte del mito fundacional: con ellas se logró la independencia y se conquistó el Lejano Oeste.
Los propios términos del debate se distorsionan: los políticos financiados por la Asociación Nacional del Rifle (NRA), el poderoso lobby que apoyó a Donald Trump en su campaña electoral, rechazan por ideología admitir que un arma de fuego, por definición, es un objeto letal, y que facilitar su acceso es arriesgado. En un discurso televisado este jueves, Trump declaró al país de luto, pero evitó toda mención al polémico tema de limitar el porte de armas.
El mandatario atribuyó la masacre de Florida a alguien con trastornos mentales, sin mencionar cómo el tirador pudo haber comprado un rifle de asalto a los 19 años, edad en la que la mayoría de los estadounidenses no puede ni siquiera comprar bebidas alcohólicas legalmente. El fiscal general Jeff Sessions descartó cualquier reforma legislativa, y llamó a aplicar las leyes que buscan impedir que delincuentes y enfermos mentales posean armas.
Sin embargo, todas las estadísticas muestran el vínculo directo entre la proliferación de armas y la frecuencia de los tiroteos. Los estadounidenses, menos del 5% de la población mundial, poseen casi la mitad de las armas de propiedad civil del mundo. La tasa de homicidios por disparos es 25 veces mayor que en el resto de los países desarrollados. El riesgo de morir por un balazo es 300 veces mayor para un estadounidense que para un japonés.










