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Hasta siempre, Oscar

Una de las maldiciones del oficio periodístico es esta: tener que escribir la noticia de la muerte de un ser querido. Y Oscar Vargas se hizo querer por todos en NORTE.

 Ayer su corazón cansado dijo basta, y se fue a hacer bromas a las tierras del misterio. Oscar, criado en una familia apasionada por el fútbol y las dulces rutinas de los barrios, creció en Resistencia, y cuando llegó la edad de buscar trabajo consiguió ser empleado bancario, hasta que en los ‘80 le hablaron de la posibilidad de trabajar en un diario. Se interesó e hizo el cambio.

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Oscar Vargas, una mezcla de canas, barrio de los de antes y alma de pibe.

Solía reírse de sí mismo al comentar la decisión, mostrando la abismal diferencia que los años trajeron entre la escala salarial de los trabajadores de bancos y los de empresas periodísticas.

Pero para quienes lo hemos disfrutado, su decisión fue la mejor. Oscar justificaba por sí solo el esfuerzo de llegar cada día a los escritorios.

Sus chistes simples que daban siempre en el blanco, sus imitaciones, su alma de chico cabezudo, sus anécdotas desopilantes, hacían volar las carcajadas por el cielo de la Redacción.

Oscar era de otro tiempo, de una época con otros valores, menos laberíntica.

Noble, amigo de los de verdad, trabajador (luego de su horario en el diario se desempeñaba en la Liga Chaqueña de Fútbol), memorioso como pocos, un día Oscar se jubiló y lo perdimos por primera vez. Ya nada fue igual para nosotros, probablemente tampoco para él.

Una enfermedad que lo fastidiaba y a la que trataba con desdén desde hacía tiempo, le fue ganando terreno. Desde el mes pasado estaba internado en una clínica bajo cuidados intensivos y pronóstico reservado. No pudo gambetear el final.

Aquí, sus excompañeros lo recuerdan para retratarlo colectivamente tal como era. Hasta siempre, Oscarcito.

Cómo lo recuerdan sus compañeros

 Lo conocí a Oscar en la década del 80 cuando solía venir para hablar con los chicos de Deportes. Llegaron unas vacaciones y siempre solíamos invitar a algunos periodistas a trabajar en el verano para hacer notas. Lo invité y fue un hallazgo, tanto por la predisposición como por la alegría que trasuntaba y su generosidad a toda prueba, sin horarios y siempre dispuesto. Por eso lo invitamos a ser parte del plantel estable y fue un puntal en muchas cosas, sobre todo esas que no todos quieren hacer. Me causa un profundo dolor, pero se consuela que sé que está en el cielo de los mejores. Eduardo López

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Inolvidable. Osky y sus dotes de bailarín junto a Cristina Matta, en una cena de fin de año de NORTE.

Muchas veces nos resulta muy difícil definir a quien en vida fue una extraordinaria persona. Oscar fue eso y mucho más, para nosotros y una legión de personas que lo trataron y conocieron. Pero quizás fue su faceta histriónica la que más nos deleitaba a todos, desde la picardía cotidiana a las imitaciones más insólitas. Ése era Oscar y con ese recuerdo me quiero quedar para siempre, aquel que lograba que la redacción explote en una sola carcajada. Un tipo sano, de esos que escasean en estos tiempos. Hasta siempre y mi afecto a su familia. Darío Vargas

 No puedo pensar en Oski sin reírme para adentro, buscando complicidad conmigo misma, por las picardías implícitas en cada recuerdo. El Andy Warhol de la redacción llegaba cabizbajo por la mañana, pero siempre con alguna frase o chiste medio entredientes; a eso le seguían sus mates... eran “los mates” de la mañana. Mientras los cebaba, nosotros —su público cotidiano— nos matábamos de risa con sus imitaciones y relatos. Estaba bueno comenzar así la mañana. Estuvo bueno que esté con nosotros. Gracias, Osky, por hacernos reír tanto. Patricia Galván.

Tenía un sentido del humor envidiable. Era un comediante, un caricaturista, un imitador, un artista de las ocurrencias cotidianas y un distinguido compañero con mucha calle. Ahí lo conocí, de vista nomás, cubriendo ruedas de prensa en esos menesteres de llegar con el tiempo justo, necesitando que algún compañero te sople un nombre o de qué va un anuncio. Años después, en turnos distintos y ya en la misma empresa, nos volvimos a encontrar en alguna tarea fuera de horario, asamblea o despedida de año. Para mí siempre fue el mismo: un buen tipo que te describía el mundo con la versión más amable que puedas imaginar y la más cómica también. Su partida nos unió a muchos recordándolo con una sonrisa. ¡Quién pudiera! Claudia Araujo

Oscarcito era un indispensable, de esos compañeros necesarios en cualquier ámbito laboral. Fuente inagotable de anécdotas y buen humor, amistad y camaradería. Pero además un verdadero todo terreno que no se achicaba ante ninguna tarea, y así podía vérselo cubrir la conferencia del gobernador, la visita de un artista o armar la grilla de farmacias de turno. En la redacción sentimos muchísimo su retiro hace algunos años, y enterarnos de su partida definitiva nos golpeó a todos con dureza. Pero recordar esos pequeños momentos compartidos nos hizo sonreír otra vez, y así queremos despedirlo. Fabricio Glibota.

El legado de Oscar fue el mejor de todos: la alegría, la nobleza, las ganas de vivir, la fuerza para trabajar. Para los periodistas jóvenes que en los últimos años llegamos a NORTE, tenerlo entre nosotros en el día a día era “aire puro”. Fue un tipo cercano a todos, que con cada acción o palabra enseñaba un valor. Esos valores que hoy son cada vez más difíciles de hallar, pero tan necesarios para los que elegimos este camino, el periodismo. Honesto, simple, directo, transparente, amigo. Quedan aquí, además de esas enseñanzas, las frases y chistes que llevan su sello y con las que por siempre recordaremos a un gran hombre y periodista. ¡Hasta pronto, Osky! Leticia Muñoz

Siempre lo recordaremos por su gran sentido del humor y sus anécdotas que ponían buena onda en la redacción. Un gran trabajador, un “todo terreno” que deja gratos recuerdos a quienes tuvimos la suerte de compartir momentos con él. Darío Díaz

Oscar, tu nombre provoca alegría, lo mismo será tu recuerdo. Fuerte abrazo a tu familia. Mariano “Tato” Bianucci.

A Oscar lo conocí desde chica, siempre con una sonrisa y con un saludo listo para ser dado. Cuando empecé a trabajar en NORTE lo vi siempre de buen humor, bien peinado sus pelos blancos y con esos chistes pícaros que al principio me costaba entender. Siempre estaba sentado en el fondo. Por ahí tomábamos unos mates y siempre aparecía “Chuchi” (mi tío) en la conversación. Él se encargaba de la página de servicios. Se sabía todas las farmacias de turno de memoria. Cuando se fue de vacaciones me pidieron que haga ese trabajo, lo primero que pensé fue ¡qué quilombo es esto! Pero antes de irse, se tomó el trabajo de explicarme cómo era. Un tiempo después, Oscar se jubiló. Su silla la ocupó otro periodista, pero su lugar nunca fue reemplazado. “Era un buen compañero” fue el comentario de todos cuando nos enteramos de la noticia, y es verdad porque no hay otra manera mejor que lo describa. ¡Hasta siempre Osky! Que brille la luz que no tiene fin y una pronta resignación a la familia. Florencia Martínez

 En la vida siempre hay despedidas que son tristes, inevitables. Ni sabemos los sentimientos que desatarán en nosotros al tener que dejar de ver a un ser querido. El Osky Vargas es uno de ellos, de muchísimas anécdotas y en su mayoría cómicas, que hacían reír a más de uno en la redacción mientras se compartía el mate todas las mañanas. Se te va extrañar Osky, sobre todo tu buen sentido del humor y de compañerismo, que estuvo presente siempre en la memoria de todos los que te conocimos. Hasta siempre. Sergio Odría

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