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La reforma laboral en un terreno cenagoso

En su intento por impulsar una reforma laboral para empujar los motores de una economía que no termina de arrancar, el gobierno nacional ha comenzado a transitar un terreno complicado que, en los hechos, vuelve a mostrar que se necesita mucho más que el asesoramiento de expertos en comunicación política para no poner en riesgo la gobernabilidad.

La política realista o, si se prefiere, la llamada “realpolitik” -término acuñado en el siglo XIX en Alemania para hacer referencia a la política del canciller Bismarck que unificó el Imperio alemán- se impone una vez más en esta joven democracia argentina y obliga al gobierno de Cambiemos a replantear su estrategia para poder avanzar con la sanción de leyes que considera claves para su gestión. Las fuertes protestas que desataron los cambios en la ley previsional, sumados al creciente mal humor social por la inflación, los despidos masivos y la prometida reactivación que no llega y que se refleja en la caída de la imagen positiva del presidente Macri en casi todas las encuestas, son un antecedente que no debiera ser subestimado por la Casa Rosada, sobre todo teniendo en cuenta que el secretario general del sindicato de camioneros, Hugo Moyano, parece estar decidido a ganar la pulseada con los inquilinos de Balcarce 50, redoblando su apuesta con la protesta del 22, a pesar de las amenazas judiciales y el permanente hostigamiento de los medios hegemónicos alineados con el macrismo.

Los dirigentes más prudentes de Cambiemos vienen advirtiendo que la estrategia de arrinconar a algunos gremios puede resultar de alto riesgo en momentos en los que el Ejecutivo nacional necesita el apoyo de las organizaciones sindicales para que los proyectos prosperen en un parlamento donde el oficialismo no tiene mayoría. Habrá que ver hasta qué punto el discurso oficial que asegura que la reforma laboral aportará mayor “productividad y competitividad” a la economía nacional logra sumar adhesiones y disimular la baja en las indemnizaciones que, de aprobarse la ley en el Congreso, perjudicará otra vez el bolsillo de los trabajadores.

En las últimas horas, Moyano reveló que el presidente Macri y el ministro de Trabajo de la Nación, Jorge Triaca (que quedó en la mira tras el papelón que protagonizó tras las denuncias que realizó su empleada doméstica), le vienen pidiendo hace cuatro meses que apoye la reforma laboral, pero aclaró que antes de hacerlo prefiere ir preso o, incluso, que lo “maten” antes que apoyar una ley que, según el dirigente sindical, irá en contra de todos los trabajadores.

Las declaraciones del dirigente camionero se producen después de que el gobierno nacional amenazara con recortar fondos a los sindicatos e impulsar auditorías sobre algunas de las organizaciones sindicales y que la Justicia decidiera avanzar con denuncias por corrupción contra algunos líderes sindicales. Lo más probable es que a medida que el discurso del macrismo, repetido hasta el cansancio por varios medios porteños, insista con agitar fantasmas de la gestión anterior y de mostrar lo peor de algunos dirigentes sindicales, las posibilidades de diálogo con los representantes de los trabajadores se alejen cada vez más. De hecho, en los últimos días varios dirigentes sindicales han vuelto a remarcar en sus discursos públicos que el actual gobierno solo favorece a los que más tienen mientras impulsa un achicamiento del Estado que dejará sin protección a quienes no tienen para pagar servicios de educación o medicina privada o para trabajadores despedidos que difícilmente logren reconvertirse en emprendedores, como propuso en su momento el entonces candidato a senador de Cambiemos Esteban Bullrich, cuando planteó que las cervecerías artesanales podían ser una alternativa para la gente que se queda sin trabajo.

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