Mujeres que corren
Por Adoración Montejo - Este texto es una reacción a un comentario de varones que en tono de broma se repiten y merece considerarse: “Voy a tener que hacerme mujer, así a lo mejor haría podium”.
Sin ánimo de ofender, pero con ganas de despacharme a gusto respondo: hacerte mujer no te ayudaría a ganar ninguna carrera. Piensas eso porque no eres mujer, y porque como hombre de una sociedad patriarcal y machista las mujeres somos “el otro sexo que no es un hombre”. Por eso te parece injusto que una mujer pueda llegar después que un hombre y que ella suba al podio y tú no. Lo dices sin pensar en otras muchas cosas, ¿o te cuestionas las categorías por edad?
Me parece mucho más interesante reflexionar sobre esos obstáculos invisibles, esos kilómetros virtuales que tenemos que correr muchas mujeres cada vez que nos colocamos en la línea de salida.
Algunas particularidades

A muy pocas de nosotras nos inculcaron el deporte como un valor propio de nuestro género. Ni nuestros padres, ni la tevé, ni la escuela, ni los amigos. Tuve la suerte de tener un hermano que me animaba a correr, que iba al campo con frecuencia, lo que ciertamente influyó y se lo agradezco profundamente. A las mujeres se nos enseña menos a competir, a disfrutar de estar fuertes, al esfuerzo físico. Es un trauma para cualquier chica ser poco bonita o tener dos kilos de más, pero no pasa nada si no aguantas cinco minutos trotando o no puedes abrir el frasco de la mermelada.
Y sin embargo, por algún motivo misterioso, algunas de nosotras nos empeñamos en practicar un deporte como correr por el monte. Tan exigente, tan trabajoso, tan solitario a veces. Las mujeres que corren son un poco diferentes al prototipo al que estamos acostumbrados.
Aunque eso no implica que nos parezcamos más a los hombres. Las corredoras tenemos que consultar nuestro calendario menstrual junto al de carreras. Y no digamos ya los planning a largo plazo que tenemos que ingeniar si nos decidimos a tener hijos. Ser madre y correr una ultra debe ser como estudiar una doble titulación. Las que corremos somos unas temerarias porque a veces salimos solas (¡y sin spray antivioladores!). Que un hombre salga solo no suele alarmar a nadie. Normalmente no puedes presumir de ser corredora de trail, porque lo más suave que te van a decir es que estás loca o que vaya ganas de sufrir.
Indumentos, géneros y afeites
Usamos los mismos cacharritos que los hombres para correr. Eso sí, las zapatillas suelen ser rosas o de algún color “bonito” y eso si tuvimos la suerte de encontrar zapatillas de mujer (¿rosas?).
Cuando seleccionas tu talla de camiseta en la inscripción de una carrera nunca sabes cuál poner, porque normalmente las camisetas que regalan son de hombre. Es decir, es mejor que te pidas una más pequeña. Pero que no te pase como a mí, que una vez me dieron unas bragas (porque si no cubren el cachete son bragas y punto) y un sujetador para correr que además eran muy, muy pequeños. Porque la ropa de correr para nosotras, cuanta mas piel deje al descubierto, m{as rápida te hace.
Todas aprendimos desde siempre a sentirnos incluidas en el género masculino, a ser “corredores”, “inscriptos”, “clasificados”. Los artículos que leemos sobre hidratación, entrenamiento, nutrición, no suelen estar hechos a nuestra medida tampoco. Bueno, los del tipo “corre y adelgaza”, sí. Nos recogemos el pelo porque nos da en la cara o nos hace sudar. Nos hacemos trenzas, coletas, colocamos pañuelos, buffs, diademas, horquillas, pasadores. Nos embutimos en un top apretado porque el pecho, que tantas mujeres quisieran tener más grande, es molesto para casi todos los deportes. Dejamos en casa el maquillaje, los abalorios, la ropa de moda. Estamos dispuestas a que nuestra piel se endurezca, se arañe, se ensucie. A engrosar los gemelos.
En carrera
Marchamos al punto de partida donde seremos minoría, pero tenemos un radar para encontrar a nuestras contrincantes y compañeras (a veces por el rosa). Vamos al baño antes de empezar, como todos. Pero como hay prisa, los baños de las mujeres se vuelven mixtos. Es difícil que estén limpios. Y nosotras no podemos mear de pie. Nunca hay papel.
Ocupamos poco sitio en el grupo de salida. Hacemos menos ruido. No nos preocupamos por colocarnos delante. Salimos al mismo tiempo, pero desde el principio debemos centrarnos en nuestro propio ritmo, porque el del pelotón nos puede engañar.
Sentimos envidia de los que paran a vaciar la vejiga nada más empezar, sin aspavientos, junto al camino. Nosotras nos aguantamos, si podemos.
Aprendimos a escupir corriendo. Y a sonarnos la nariz tapando el otro agujero. Cuando nos adelanta un chico, no suele pasar nada. Si es chica, bajamos un puesto en la clasificación general. A veces el público o la organización nos dice en qué posición vamos, porque como somos pocas nos pueden ir contando.
Cuando adelantamos a los chicos a veces recibimos comentarios de ánimo: “¡Vamos, máquina!”. Otros se quedan silenciosos y puede que les desanime que les adelante “una chica”.
Llegada
Antes o después llegaremos a la meta, donde hay un reloj con el tiempo que tardamos. Y sólo marca eso, el tiempo. Algunas suben al podium. Aunque tardaran “más” que otros hombres. Yo opino que son todas heroínas. De la primera a la última.
En la ducha nos ayudamos a controlar que en la puerta de los vestuarios no asomen los chicos. Ahí nos alegramos de ser menos y no tener que esperar mucho. Hablamos, reímos, compartimos.
Aún recuerdo los comentarios, hace años, tras una maratón de Sevilla: como si se conocieran de toda la vida, charlaban sobre sus hijos y los esfuerzos que hicieron para estar ahí.
En la crónica, el ganador absoluto de la carrera es sólo uno. El primero. A él le suelen hacer la entrevista. Nosotras estaremos mencionadas en segundo lugar. No solemos salir en la foto principal. Volveremos a casa. Y seguiremos siendo mujeres. Para todo. Por fortuna.
El texto completo fue publicado en https://tinyurl.com/yddmahj9 con la firma del seudónimo Dora la Soñadora.
Diferencias biológicas en el running
Por Martín Ferrando Mora

Hay una serie de diferencias, tanto físicas como psíquicas, entre el corredor y la corredora. En los últimos años muchas mujeres pasaron de espectadoras a deportistas. Y no hace tanto que se las incluyó en las carreras. En las Olimpiadas de Amsterdam de 1928 la máxima distancia que podían hacer las atletas era 200 metros. En 1960 ampliaron a 800 metros y en 1972 accedieron a la prueba de 1.500 metros. Se pensaba que no podían ni debían correr distancias más largas porque no estaban preparadas naturalmente para ello.
En los juegos olímpicos de 1984 por primera vez competieron en maratón. Desde entonces, su presencia en el deporte es imparable y en Pekín (2008) representaban el 42%.
Mujeres y hombres compiten en categorías diferentes porque tienen diferencias anatómicas, fisiológicas, biomecánicas y psicológicas.
1. Anatómicas
Antes de la pubertad no hay diferencias significativas. El pico de crecimiento de las niñas a los 12 años, y el de los niños a los 13. Antes no se diferencian en peso, talla, masa muscular, tamaño de corazón, rendimiento deportivo y capacidad aeróbica. Más allá de las diferencias individuales, se comparó y se comprobó que hasta la pubertad tenían la misma fuerza y el mismo movimiento de rodillas al saltar.
A las mujeres les cuesta más conseguir masa muscular y acumulan más grasa porque producen hormonas en proporciones diferentes. Los andrógenos “ayudan” al hombre a generar más masa muscular.
Son andrógenos la testosterona y la androstendiona, y están presentes en hombres y en mujeres. Solo que el hombre produce 17 veces más y ante un mismo trabajo de fuerza, desarrolla más masa muscular.
Sin embargo, a igual masa muscular, hombre y mujer tienen la misma fuerza. Los beneficios del trabajo de fuerza no provienen de una mayor o menor masa muscular, sino de la fuerza. Para desarrollarla una mujer deberá trabajarla más con ejercicios que mejoren su rendimiento y eviten lesiones. Las mujeres segregan más estrógenos, lo que les confiere mayor capacidad para acumular grasa. Noakes en 1991 midió a un grupo de atletas de élite y determinó que las corredoras de élite tenían 5 kilos más de grasa y 3 kilos menos de masa magra que sus compañeros varones.
2. Fisiológicas
Los estrógenos y andrógenos también son responsables de las diferencias entre hombres y mujeres a nivel respiratorio y cardiopulmonar.
Las mujeres tienen menor gasto cardíaco: las corredoras tienen un corazón más pequeño y por tanto el volumen de sangre que se bombea en cada latido (volumen sistólico) también es menor.
Aunque su cuerpo es más pequeño que el del hombre, necesita menor gasto cardíaco, se sabe que independientemente del peso corporal, ellas tienen menos volumen sistólico que ellos.
Se sabe que a igual frecuencia cardíaca, el gasto cardíaco de las corredoras es 30% más bajo que el de los corredores.
Los hombres tienen más hemoglobina, que sirve para trasportar el oxígeno a los músculos (y a todas las células). Los hombres tienen un 6% más que las mujeres y por eso son capaces de trasportar más cantidad de oxígeno a los músculos cuando corren.
Los pulmones de los hombres son más grandes: además de un corazón que bombea más sangre y más hemoglobina para trasportar más oxígeno, sus pulmones, de mayor tamaño, pueden obtener más volumen de aire y más oxígeno en cada inspiración.
Para los hombres es mucho más sencillo correr. La cantidad máxima de oxígeno que el organismo es capaz de absorber, transportar y consumir en una unidad de tiempo determina que en las mujeres es 15 a un 25% menor que en hombres, ajustado por peso y por porcentaje de grasa corporal.
3. Corren diferente

Hay incontables diferencias que afectan a la biomecánica de carrera y hacen que corran distinto. Comparadas con los hombres, las mujeres tienen menos estatura, pesan menos, tienen piernas más cortas y menor superficie articular. Las mujeres tienen extremidades inferiores proporcionalmente más cortas: el 51,2% del total de la talla de una mujer son sus piernas y en los hombres los miembros inferiores suponen el 56% de su talla.
Tener miembros inferiores proporcionalmente más cortos supone una zancada más corta y más esfuerzo para correr. Sin embargo, tener piernas proporcionalmente más cortas también implica un centro de gravedad más bajo que podría suponer cierta ventaja en algunos casos, para la carrera.
Además ellas tienen la cadera más ancha y tienden al genu valgo (mayor ángulo Q) y que al ser más anchas exista cierta anteversión de la cabeza femoral. En definitiva, los aductores se desarrollan más, para mantener la alineación de los miembros inferiores y se pierde fuerza en los abductores de la cadera. La mala alineación de la rótula, por debilidad en los abductores de la cadera, predispone al síndrome del dolor patelofemoral y síndrome de la cintilla iliotibial.
Por tanto, las mujeres más que los hombres, han de trabajar la fuerza de los abductores de la cadera para evitar dolores de rodilla y el síndrome de la cintilla iliotibial.
El pecho femenino voluminoso y mal sujeto también influye en la forma de correr porque tira hacia abajo del tórax, dificultando la inspiración en la carrera (la importancia en la mujer de sujetarse el pecho para correr).
4. Sicológicas
Aquí es donde marcan diferencia las mujeres. El hombre, más individual y capaz de tomar decisiones más rápidas, tiene especial habilidad en las carreras de montaña. La mujer, con mayor capacidad de sufrimiento, tiene resistencia especial para combatir su menor adaptación biológica a la carrera. Esta capacidad, además de conferirle una resistencia especial en las pruebas de larga distancia, le ayuda a darlo todo en cada entrenamiento, a pesar del cansancio y la adversidad. Además ellas son más sociales, tienen mayor capacidad de organización a la hora de reunirse para correr o crear una estrategia de carrera en una competición.
Y, ya se sabe, la fuerza del grupo y una buena estrategia de carrera pueden marcar la diferencia en un entrenamiento o en una competición.
Publicado en https://tinyurl.com/yd2yj6q4










