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Trabajadores reclaman al gobierno que los proteja

Quiebra el mayor contratista de obra pública de Gran Bretaña

Tras el fracaso de las conversaciones con sus numerosos acreedores, el grupo británico de construcción y servicios Carillion anunció su entrada en “liquidación forzosa con efectos inmediatos”.

   Londres, 19 (DPA y Reuters) - El colapso de Carillion llega después un fallido intento de acuerdo con sus bancos acreedores, como HSBC, Santander y RBS, para conseguir una nueva línea de crédito de u$s 338 millones de euros, ante la negativa de estos a extender la financiación sin el compromiso directo del Gobierno, apunta Financial Times. 

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Dinero al pozo. Ahora, todos los contratos y las obras inconclusas deberá concluirlas el gobierno británico, aunque ya haya pagado buena parte de ellas.

   El cierre, además de dejar cientos de obras públicas inconclusas, amenaza la continuidad de más de 43.000 puestos de trabajo y puede provocar un efecto dominó que afecte a cientos de pequeñas empresas subcontratadas. Carillion, con más de u$s 1.012 millones de deuda y con u$s 587 millones de pensiones descontadas a sus trabajadores pero nunca pagadas, es el mayor gestor de bases militares para el Ministerio de Defensa.

Todos los contratos

   Carillion proporcionaba además servicios a hospitales y escuelas, y trabajaba en importantes proyectos de infraestructura. La prioridad, dijo un portavoz de la primera ministra, Theresa May, es ahora “mantener los servicios públicos en funcionamiento”. La lucha de Carillion por su supervivencia se remonta a julio de 2017, cuando advirtió de su delicada situación financiera, debida en parte a supuestos sobrecostos que el gobierno no reconoció como adicionales al presupuesto original en tres importantes proyectos. La construcción de un hospital en Birmingham, otro en Liverpool y una carretera en el norte de Escocia. 

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La empresa era un pulpo que capturaba todos los contratos públicos: desde construcción de presas y carreteras, hasta servicios para hospitales y provisión de almuerzos a los escolares.

Se hundió en la Bolsa

   La valoración bursátil de la megaempresa cayó por debajo de u$s 112 millones, y sus acciones bajaron 90% en el último año. Aunque tenía más de u$s 1.000 millones de deuda, la capitalización de la empresa no llegaba a los u$s 15 millones, según Financial Times. "A pesar de los considerables esfuerzos, las conversaciones no han tenido éxito y el consejo de Carillion ha llegado a la conclusión de que no había otra alternativa que entrar en liquidación forzosa con efectos inmediatos", ha informado la empresa en un comunicado.

   Así, antes de la apertura de la Bolsa de Londres este viernes se suspendió la negociación las acciones del grupo, que ahora estaría expulsando de la actividad a 43.000 trabajadores. La constructora británica, responsable de edificios emblemáticos en Londres como la Royal Opera House o el museo Tate Modern, presta también servicios a líneas de ferrocarril y el pasado mes de julio se adjudicó contratos para la construcción de la línea de alta velocidad que conectará Londres con el Norte de Inglaterra.

   En este sentido, el presidente de Carillion señaló que el Gobierno británico prestará la financiación necesaria que sea requerida por el administrador oficial para el mantenimiento de los servicios públicos por parte de Carillion. 

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Sindicatos en alerta

   La federación de sindicatos de Reino Unido (TUC, por sus siglas en inglés) exigió protección salarial de los afectados por la quiebra del grupo de construcción y provisión de servicios Carillion en la reunión extraordinaria que convocó el Gobierno de Theresa May. “Necesitamos una acción urgente para proteger empleos, sueldos y pensiones porque el factor tiempo es lo esencial ante esta crisis”, presionó Frances O’Grady, secretaria general del TUC.

   La coalición sindical forma parte del grupo de trabajo formado por el Ejecutivo británico para paliar los seguros perjuicios que sufrirán las pequeñas y medianas empresas, lo que podría desatar un efecto dominó en otras actividades.

Hospitales y escuelas

   Carillion estaba activa en casi todas las esferas de la actividad pública de la isla, desde construcción de hospitales a la provisión de alimentación, comercio y entretenimiento a instalaciones militares y reparto de comida a los colegios estatales, en programas de inversión público-privada junto con el gobierno. El diversificado grupo también gestiona la sede del espionaje electrónico británico GCHQ (Cuartel General de Comunicaciones), entre otras contrataciones. En el extranjero provee servicios e infraestructura a la industria petrolífera, ya sea en el desierto de Omán o en los campos de Canadá.

Empeora lo del Brexit

   La quiebra de Carillion sacudió la política británica y la creencia de que el sector privado administra mejor que el público. “Estimulará a los que apoyan a Jeremy Corbyn y están convencidos de que el capitalismo es malvado y de que la respuesta es renacionalizar los servicios públicos”, opinó Alex Brummer, periodista vocero de los sectores más liberales.

   La política de encomendar la construcción de escuelas y hospitales a empresas privadas, que luego cargan sobrecostos al Gobierno, o de encargarles la gestión de edificios, se inició en tiempos del laborista Tony Blair, y su sucesor, Gordon Brown, fue promotor entusiasta. Este sistema fue criticado por camuflar deuda del Estado con trucos contable y de embargar en realidad los recursos de futuras generaciones.

   Lo ocurrido con Carillion es un segundo enorme perjuicio, después de que en 2012 el Estado debiera movilizar al Ejército para los Juegos Olímpicos, por el caos en esta compañía privada a la que se le había adjudicado la seguridad. Otro ejemplo similar fue frivolidad irresponsable de esta empresa, que gestionaba para el Ayuntamiento de Kensington y Chelsea la torre de Grenfell, cuyo incendio, en junio pasado, causó 71 muertes y una conmoción internacional.

El Estado al salvataje

   La causada por la quiebra de Carillion se expresa en que Oxfordshire debió poner en alerta a sus bomberos para llevar comida a las escuelas del condado, o en que algunas compañías de trenes no tuvieran esta semana limpieza de sus vagones. No se sabe qué ocurre en GCHQ (Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno), donde la empresa gestiona el enorme edificio, porque las cosas de la agencia estatal de espionaje electrónico son secretas.

   Carillion es un conglomerado nacido de una pequeña empresa de construcción, crecida mediante absorciones y contratos con el Estado británico. Hacía de todo, obras para trenes de alta velocidad o la provisión de “alimentación, comercio y entretenimiento” a instalaciones militares. Analistas de la City recomendaban la compra de sus acciones en junio, pero los más astutos han ganado una fortuna apostando por su quiebra.

Balances truchos

   El “Financial Times” desenterró las causas sumergidas en los larguísimos informes anuales de la compañía. Registraba crecientes retrasos en el cobro de pagos de clientes, por disputas contractuales de sobrecostos, retrasos o calidad de la obra. Y ocultaba ese problema pidiendo a los bancos que pagasen a sus acreedores. La deuda con los bancos crecía, pero aparecía sólo en la letra pequeña de los balances.

   El Royal Bank of Scotland, con mayoría accionaria del Estado, y el Santander, forzaron la quiebra. Se negaron a contraer más deuda sin garantías. Sólo esas dos partidas pueden sumar más de u$s 500 millones. Los gerentes de Carillion cobraron en 2016 estupendos salarios y bonos y repartieron cerca de u$s 100 millones en dividendos a sus accionistas, mientras el déficit de sus fondos de pensiones crecía hasta quizás mil millones.

El ministro sorpresa

   David Lidington fue la sorpresa de la remodelación del Gabinete por Theresa May, la pasada semana. Veterano experto en la Unión Europea, partidario indudable de la permanencia en ella, fue ascendido a la jefatura del muy importante Ministerio del Gabinete, que debía gestionar el Brexit. Ahora, está  sumido en una tarea políticamente más peligrosa que la salida de la Unión Europea: asegurar el almuerzo caliente de los escolares británicos, y la llegada de los tubos de oxígeno a los hospitales, entre otras pequeñeces.

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