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Se acelera la fuga de capitales

En los dos últimos años se registró un fuerte aumento de la fuga de capitales de argentinos al exterior, confirmando así que se trata de un problema que es estructural y que se ha convertido en un serio obstáculo para el desarrollo del país. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), desde que comenzó el gobierno de Cambiemos salieron en ese período alrededor de 262.300 millones de dólares, aunque algunos analistas privados estiman que la cifra podría ser aún mayor.

Los datos de la fuga calculada por el Indec fueron tomados de la llamada Posición de Inversión Internacional (PII), un indicador que permite conocer la diferencia entre las inversiones de un país en el exterior y las inversiones procedentes del exterior. Según esta fuente, si se compara con la sangría que se registró el año pasado, se observa un incremento del 7,6 por ciento; y si se toma como referencia el año 2015, el porcentaje trepa a un 11 por ciento. Cabe aclarar que este indicador no tiene en cuenta los ahorros en dólares que los argentinos atesoran por fuera del sistema financiero formal ni las colocaciones realizadas con la ayuda de la red global de servicios financieros para colocar dinero en paraísos fiscales revelados por la investigación que llevó adelante el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, más conocida como los Panamá Papers.

Pero si esos 262.300 millones de dólares son considerados una cifra importante, los cálculos realizados por los ex investigadores del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina, recientemente clausurado por el gobierno nacional, estiman que la cantidad de dinero fugado del país llega hasta los 500.000 millones de dólares. Los expertos en esta temática explican que este tipo de fugas se origina en el intento de los dueños de estos fondos por escapar a ciertas regulaciones estatales o a la consecuencia de políticas públicas que ponen la lupa en el dinero ocioso. Por lo general, observan los especialistas, esta masa de dinero se dirige a jurisdicciones que brindan beneficios tributarios y secreto financiero. El problema es que en el actual escenario macroeconómico de la Argentina esta fuga de capitales se financia con el creciente endeudamiento externo. En ese sentido, debe señalarse que si bien la toma de deuda externa es una herramienta que utilizan muchos países para financiar su desarrollo y crecimiento, algunos expertos en economía advierten que el gobierno de Cambiemos ya llegó a niveles de endeudamiento cercanos al 40 por ciento del PBI, lo que significa que está a punto de ingresar a una zona crítica de la que será más difícil salir para un país con retraso en el tipo de cambio, altas tasas de interés, una inflación que no ha dado señales de retroceder y con ausencia de inversiones. Se trata de un escenario complejo que se agrava con esta fuerte fuga de capitales, y es de esperar que los técnicos del gobierno nacional sepan leer con tiempo las luces de alerta que comenzaron a encenderse en los últimos meses y que confirman la vulnerabilidad de la economía. Si se tiene en cuenta que, como advierten distintos analistas de la economía, el aumento de la dependencia del endeudamiento externo sujeta de pies y manos a la economía nacional dejándola a merced de la voluntad de los acreedores externos, no es difícil predecir que el país puede comenzar a transitar por una zona de fuertes turbulencias. La historia reciente nos enseña que si el país se endeuda demasiado sin resolver cuestiones de fondo, aumenta el riesgo de repetir los mismos errores del pasado que condujeron a callejones sin salida. La fuga de capitales no es otra cosa que grandes sumas de dinero que en lugar de ser volcados en inversiones productivas dentro del país son destinados a fortalecer el sistema financiero de otras naciones. Las consecuencias económicas y sociales de esta salida de capitales son siempre negativas y es de esperar que se adopten medidas para detener esta sangría de recursos que deteriora la situación fiscal y, además, tiene un efecto fuertemente regresivo en la distribución del ingreso.

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