La ciclotimia marca el rumbo productivo
Inundación seguida de sequía. Grandes productores que cada vez tienen más y pequeños que cada vez tienen menos. Cambios inesperados de funcionarios en medio de una gestión de gobierno. Medidas nacionales que llegan a pocos y cuando bajan al territorio involucran a los que más tienen. En síntesis, paradojas de un Chaco donde reina la ciclotimia que marca un rumbo productivo de una provincia que crece en superficie y en rentabilidad, pero que no logra sustentabilidad ni valor agregado en origen.
El año arrancó con inundaciones en zonas que ya saben de esto, pero que sin embargo igual sufren las terribles consecuencias. El Sudoeste primero y luego el Este provincial soportaron el embate de las lluvias que atentaron contra la rentabilidad y generaron la declaración de emergencia agropecuaria en casi la mitad de la geografía provincial. Sin embargo, el año concluye con falta de agua y potencia el estrés hídrico que varias regiones productivas soportan hace varios años con las consabidas consecuencias que esta situación genera.
Un impacto tras otro
En tanto, el imprevisto cambio de la cabeza en el Ministerio de Producción generó un impacto en el arco productivo primario provincial. Nada hacía prever que Gabriel Tortarolo sea removido de su cargo y lo reemplazara Marcelo Repetto, un ganadero conocedor de la gestión pública que hasta ese entonces deambulaba por la dirigencia ruralista a la sombra de Enrique Santos, actual presidente de la Sociedad Rural del Chaco.
La gestión del hombre que volvió al INTA no quedará en la historia de la provincia, pero sí resultó positiva por donde se la mire; ya que institucionalmente reordenó un Ministerio gigante y priorizó la austeridad como eje con un perfil más técnico que político. Justamente eso le pidió el gobernador Peppo a Repetto, una persona que conoce cada rincón ministerial y ubica uno por uno a los actores de la gran cadena productiva producto de su paso en 2015 por la Casa de Gobierno. En cuanto a su gestión, intentará bajar al territorio con el propósito de atender caso por caso con una cartera de puertas abiertas que intente resolver los no pocos problemas que enfrenta el pequeño y mediano productor chaqueño todos los días.
Algo parecido, pero con anterioridad, sucedió a nivel nacional. Después de más de 70 años llegaba al Ministerio (ahora se llama Agroindustria) un presidente de la Sociedad Rural Argentina, con todo lo que eso significa para la historia reciente del país. Es más, apenas asumido, el funcionario nacional solicitó una compensación por lo que supuestamente iba a dejar de ganar dinero estando en la función pública, en tanto pocos se acordaron de que es otro de los funcionarios de Macri que asumió en un cargo ejecutivo con causas judiciales en su haber. Hasta en los mismos pasillos de Casa Rosada causó conmoción la noticia sobre la interna desatada puertas adentro de la Sociedad Rural Argentina donde el hoy ministro Etchevehere reclamó una compensación económica. Hubo votación dividida frente al planteo del expresidente de la entidad que reclamó 500.000 pesos por las demoras en cobrar como funcionario y porque en ese sillón estaría perdiendo ingresos respecto de su actividad privada.
Buena área de siembra
A pesar de esta coyuntura, el área de siembra en la provincia se mantiene, con el cultivo insignia (el algodón) que no levanta cabeza pero con la soja y el girasol que ponen al Chaco en la palestra productiva a nivel nacional, con primicias en ambas oleaginosas. La ganadería goza de un buen presente, mientras la horticultura y el tabaco deambulan por un presente poco favorable. La actividad forestal se mantiene, con un aceptable trabajo del área de Recursos Forestales que impulsó inversiones y controles en un tema tan sensible para la provincia con la mitad de su territorio cubierto de bosques.

Si bien la ganadería sintió el cimbronazo inicial del año, principalmente en el Este y Centro provincial, con lluvias extraordinarias, no fue un mal año para la actividad. Un invierno húmedo y buenos precios alentaron la producción. Sin embargo, en el final del año llegó otra decisión desacertada del gobierno nacional, tomada seguramente -como el mismo Santos lo indicó- desde “un sillón con aire acondicionado mirando al país por la ventana”.
Se trató de la disposición del Senasa de cambiar la modalidad de emisión del Documento de Tránsito Electrónico (DTE) para la venta, consignación, traslado, o movimiento, medida que llevó a los ruralistas a presentarse ante el Defensor del Pueblo del Chaco, Gustavo Corregido. Desde el 4 de diciembre pasado, el Senasa eliminó la posibilidad de efectuar el pago en efectivo. Así dispuso que “sólo se podrá abonar a través de débito en cuenta -previa adhesión del CBU al sistema de pago directo Sigad (Sistema Integrado de Gestión de Administración) o por interbanking (si la entidad bancaria del productor ganadero está adherida al sistema)”, dando otras opciones como las tarjetas de débito y crédito en aquellas oficinas del Senasa que tengan posnet o con orden que emite el Sigsa en Pago Fácil, Rapipago o Banco Nación. Una vez que el sistema confirme el pago, se habilitará la impresión del DTE. Sin dudas, una medida inaplicable en la provincia del Chaco.

Así, la ciclotimia manda en la actividad productiva provincial. Las cuestiones climáticas son imprevisibles, más allá de que la tecnología haya avanzado mucho en esto y sea hoy una herramienta válida para el productor a la hora de tomar previsiones. Pero las soluciones para los más vulnerables parecen estar siempre en las mismas manos: en los gobiernos de turno. Sabido es que los tiempos políticos no son los tiempos productivos. Entonces, los fondos para el algodón o para el tabaco o para quien lo necesite, nunca llegan en tiempo y forma, situación que desalienta la producción. Más cuando el gobierno nacional les sigue quitando retenciones a los grandes cultivos en detrimento de las economías regionales. Así las cosas, la suerte está echada: los grandes seguirán siendo más grandes y los chicos seguirán desapareciendo.










