La curiosa estafa a un magnate australiano
John Kahlbetzer es uno de los 50 hombres más ricos de Australia según la revista Forbes y un poderoso terrateniente en nuestro país que apareció en escena a comienzos de los 80. Se presentó como uno de los grandes compradores extranjeros de tierras nacionales que con el tiempo llegó a formar un pool de siembra de unas 110.000 hectáreas.

Aunque hace gala de un perfil muchísimo más bajo que los Benetton y Soros, Kahlbetzer es una influyente figura que en 2000 compró 40.000 hectáreas de campo en la zona de Laguna Yema Formosa y 37.000 en Tolloche Salta con grandes promesas de inversiones y derrame de riqueza.
Forbes coloca entre sus “conexiones” a nombres como Paolo Rocca, Alejandro Bulgheroni, Eduardo Eurnekian y Gregorio Pérez Companc, entre otros.
Se espera que un empresario de este nivel esté rodeado de asesores y secretarios de confianza y -sobre todo- expertos de seguridad en el manejo de las nuevas herramientas informáticas imprescindibles en la actualidad.
Sin embargo acaba de perder un millón de dólares en una curiosa estafa que agrega una vuelta más de tuerca a las ya conocidas.
De acuerdo con la agencia de noticias Bloomberg, alguien se hizo pasar por Kahlbetzer con una dirección de correo electrónico que era una letra diferente a la suya, pero que había sido manipulada para que apareciera en la pantalla como su dirección auténtica logrando engañar a una socia.

La mujer misteriosa
Christine Campbell, de 87 años, hizo una transferencia de un millón de dólares a una cuenta bancaria a nombre de David Aldridge.
No bien se conoció la maniobra, las autoridades lo contactaron en Londres y el británico aseguró que habían utilizado su nombre para concretar la estafa. También negó saber qué pasó con el dinero, aunque fue cobrado y licuado en numerosas cuentas bancarias del mundo.
El caso se pone más extraño porque Aldridge sostiene que también fue engañado y otra víctima del engaño, culpando a una mujer que conoció por Internet y se hacía llamar Nancy Jones. Aunque creía mantener una relación amorosa, dijo que ella lo utilizó.
Para su abogado el hombre tenía una buena excusa para creer ciegamente en su novia: salían hace más de cuatro años aunque curiosamente durante todo ese tiempo no se conocieron en persona.
Según los documentos judiciales, Jones le había escrito poemas “y en muchas ocasiones le había dicho que lo amaba”.
Aldridge pensó que el dinero que llegó de repente a su cuenta fue por una gestión de su “novia” con el empresario radicado en Argentina y que serviría para “estar juntos”.

Aquí viene lo más extraño: según los abogados de Kahlbetzer, Aldridge nunca conoció a la mujer y tampoco proporcionó ninguna prueba de su existencia. En cambio, está probado que “facilitó activamente el pago de la suma a su cuenta” y luego transfirió la mayor parte del dinero a otras cuentas en Estados Unidos, Hong Kong, Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos, Ghana y Nigeria. También dicen que Aldridge “tiene experiencia con fraudes de tipo amoroso” y que en otra ocasión ya había pagado dinero a una estafadora, que se hacía pasar por una holandesa llamada Iris.
A los abogados de Kahlbetzer les faltan pruebas de que él supiera que estaba realizando un fraude. Es la palabra de uno contra la de otro. Será un juez de un tribunal de Londres quien decida si el británico es el responsable de que el magnate perdiera uno de sus millones en esta extraña estafa que involucra direcciones de correo falsas y extraños amores a distancia.










