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Catarata de aumentos reactiva la inflación

Este fin de año viene con una catarata de aumentos que volverán a estrujar los bolsillos de la mayoría de los argentinos, confirmando que el proceso inflacionario está lejos de ser controlado como aseguran en el Ejecutivo nacional. Según las estimaciones más moderadas, el nivel estimado de inflación para este último mes del año llega hasta el 3 por ciento, empujado por la suba de las tarifas, los servicios de medicina prepaga y los alimentos.

La ausencia de controles sobre los formadores de precios permite que grandes firmas que producen y comercializan productos de consumo masivo -alimentos, artículos de limpieza y bebidas- apliquen aumentos que, según algunas consultoras privadas, están en el orden del 5 por ciento en promedio. Como ocurrió otras veces en la Argentina, la idea de dejar librada a las fuerzas del mercado la suerte de un programa económico es tan ingenuo como pensar que un zorro mantendrá una conducta intachable si se lo suelta en un gallinero. Mientras economistas allegados al gobierno nacional ponderan la estabilidad cambiaria y la política monetaria del Banco Central (con tasas de interés por demás exorbitantes, que se dan en pocos países del mundo, por no decir ninguno), la realidad revela que la inflación de diciembre sigue un peligroso cauce que perjudica a los sectores de más bajos ingresos. Con este escenario, la economía doméstica de millones de argentinos se resiente con cada incremento de los combustibles, las fuertes subas de las tarifas de luz y gas, y de las cuotas de los servicios de medicina prepagas, entre otros, en un mes que todos los años genera tensiones en materia de precios. Algunos cálculos hablan de una inflación de fin de año cercana al 25 por ciento, entre siete y ocho puntos por encima del tope de la meta oficial definida por el Banco Central. Aunque la Casa Rosada disimula la preocupación por la dinámica que adquirieron los precios, las luces de alerta ya empezaron a encenderlas no solo desde la oposición al gobierno nacional, sino desde consultoras y grupos de opinión que alientan la liberalización del mercado que para nada pueden encasillarse como opositores al macrismo.

El problema es que los severos ajustes practicados con el recorte de subsidios a un amplio sector de la población parecen no haber servido de mucho para contener el proceso inflacionario. Para lo que sí sirvieron, en todo caso, fue para deteriorar la calidad de vida de millones de argentinos, muchos de los cuales seguramente dieron un voto de confianza a la gestión de la actual administración nacional. Pero lo peor es que las altas tasas que impuso y mantiene el Banco Central reforzó la bicicleta financiera abriendo de par en par las puertas a la especulación y facilitando a unos pocos embolsar fuertes sumas de dinero. Como contrapartida, este aliento a las prácticas especulativas conspira contra el ingreso de inversiones verdaderamente productivas, que son las que van a generar riqueza y trabajo. La decidida política de contención de la demanda interna en todo el país también se expresa en un recorte del poder adquisitivo de los jubilados, a partir de la fórmula de movilidad jubilatoria, medida tomada para reducir el gasto público y equilibrar la siempre complicada balanza fiscal. En este contexto, lo que preocupa es la escalada de precios, que en noviembre anotó 1,3 por ciento, con lo cual la inflación acumulada anual quedó por encima del 21 por ciento. Si a esto se suma que en este último mes del año los precios por lo general tienden a aumentar —al menos eso indican las mediciones de períodos anteriores— es evidente que al ciudadano común no le quedará más remedio que ajustarse el cinturón, lo que en sí mismo no estaría mal siempre y cuando haya un horizonte claro y que la opinión pública perciba que hay un combate efectivo contra la inflación.

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