Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°
“El Carnicero de los Balcanes”

Mladic fue condenado a perpetua por genocidio

El exjefe militar serbobosnio Ratko Mladic fue condenado el miércoles por crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos hace más de dos décadas en la exYugoslavia. “El tribunal condena a Ratko Mladic a cadena perpetua”, dijo el juez Alphons Orie, del Tribunal Penal Internacional para la exYugoslavia (TPIY) en La Haya.

   “El carnicero de los Balcanes‘”, de 74 años, apelará el fallo de la Justicia internacional porque lo considera “falso y contrario a los hechos”, anunció su hijo, Darko. “Los crímenes cometidos forman parten de los más odiosos del  género humano”, añadió el juez, que considera que las circunstancias atenuantes que invocó la defensa, como su capacidad mental debilitada, “tuvieron poco peso” en el juicio. La guerra en la ex Yugoslavia dejó unos 100.000 muertos y 2,2 millones de desplazados entre 1992 y 1995. 

ratk.jpg
Ratko Mladic instantes antes de la sentencia. Reaccionó en forma intempestiva, se descompuso, y debió ser retirado de la sala del Tribunal. Escuchó el veredicto desde otra estancia.

El ‘cerebro‘ tras los asesinatos

   El alto comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Zeid Raad al  Hussein, calificó a Mladic de “personificación del mal” y aseguró que el veredicto es una advertencia a los autores de crímenes contra la humanidad. Por su parte, la presidenta de la asociación de madres de los enclaves musulmanes de Srebrenica y Zepa, Munira Subasic, dijo estar “parcialmente satisfecha” y lamentó que no fuera reconocido culpable de genocidio en otros pueblos.

   El presidente serbio Aleksandar Vucic emplazó a sus compatriotas a “mirar hacia el futuro”, en discurso pronunciado tras la condena. El llamado “Carnicero de los Balcanes”, acusado por el TPIY de ser el “cerebro detrás del asesinato de miles de personas” e imputado por genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, sigue siendo un “ídolo” para muchos en la República  Srpska, la entidad serbia en Bosnia.

Limpieza étnica

ratko3.jpg
Una familiar de varias de las víctimas de Srebrenica camina entre el memorial de Potocari que recuerda a los muertos.

   Junto con su alter ego político Radovan Karadzic, fue un “arquitecto de la política de limpieza étnica” de una parte de Bosnia para crear un Estado serbio étnicamente puro, según el fiscal Serge Brammertz. El TPIY fue creado en 1993 en La Haya para juzgar a los presuntos responsables de crímenes de guerra durante los conflictos en los Balcanes y cerrará definitivamente sus puertas el 31 de diciembre.

   La acusación pedía cadena perpetua para Mladic y la defensa su absolución. El exjefe militar nunca reconoció su culpabilidad, si bien dijo que lamenta “cada inocente muerto en todos los bandos, en todas las comunidades étnicas de la exYugoslavia”. El TPIY imputó a Mladic el 25 de julio de 1995, días después de  la masacre de cerca de 8.000 hombres y niños musulmanes en Srebrenica, por lo que se le acusó de genocidio.

Bombardeos de la OTAN

   También se le reprochan el secuestro de empleados de la ONU y el sitio de Sarajevo, que duró 44 meses y dejó 10.000 muertos, en su mayoría civiles. En mayo y junio de 1995, las fuerzas serbobosnias tomaron como rehenes a más de 200 observadores de la ONU en Bosnia y Herzegovina. Los rehenes fueron emplazados en instalaciones estratégicas para prevenir posibles bombardeos por parte de la OTAN. 

ratko.jpg
En el sector serbio de Bosnia, Mladic aún tiene muchos apoyos. En la imagen, simpatizantes del exmilitar muestran carteles que proclaman al sitio como "Boulevard de Ratko Mladic".

   Los serbobosnios advirtieron a terceras partes, incluidos la OTAN y la ONU, que si bombardeaban causarían muertos y heridos entre los rehenes. Después de las negociaciones, los rehenes fueron liberados en junio de 1995. Cuatro años después la OTAN bombardeó Yugoslavia durante 78 días, causando la muerte de centenares de civiles, dejando al menos una 2.000 víctimas.

Ana Mladic: La mujer que se negó a ser la hija del monstruo

Por Clara Usón*

   Una limpia y soleada mañana de julio de 1993, la hija y la mujer de Ratko Mladic dieron una sorpresa a su padre y marido: aterrizaron en helicóptero, sin aviso, en una cumbre de la montaña Treskavica, en Bosnia-Herzegovina, donde estaba apostado con sus tropas el comandante en jefe del ejército serbobosnio. Mladic recordaría el momento con con nostalgia años después en una entrevista: Bosa, su mujer, y Ana, su hija, cumplían años ese mismo día y deseaban celebrarlo con el padre de familia.

ratko2.jpg
Ana Mladic, junto a sus progenitores. Un año después se suicidó con la pistola de su padre.

   Entre obús y obús, Mladic encontró tiempo para obsequiar con sendos ramos de flores silvestres a las mujeres, luego las animó a ayudarlo en su tarea, y entre risas y bromas, Bosa y Ana, bajo la dirección de Mladic, aceptaron cebar con granadas el tubo del mortero, festejando con alegría cada explosión al otro lado de la montaña, para después dar cuenta de un “picnic” improvisado sobre la hierba.

   Ocho meses después, en marzo de 1994, Ana Mladic se disparó un tiro en la sien con la pistola favorita de su padre. Tenía 24 años.

   El gran escritor yugoslavo Danilo Kis, de forma premonitoria, escribió en 1974: “El nacionalismo es, ante todo, una paranoia. Una paranoia colectiva e individual. Como colectiva, es consecuencia de la envidia y del miedo, y ante todo es la consecuencia de la pérdida de la conciencia individual. El nacionalismo vive en la negación y de la negación. Nosotros no somos lo que son ellos. Somos el polo positivo, ellos el negativo. Nuestros valores, nacionales, nacionalistas, tienen una función sólo en relación con el nacionalismo de los otros: nosotros somos nacionalistas, pero ellos lo son más incluso, nosotros degollamos (cuando es necesario), pero ellos aún más”.

   Y continuaba ilustrando: “Nosotros somos borrachos, ellos son alcohólicos; nuestra historia es sólo correcta en relación con la suya, nuestra lengua es sólo pura en relación con la suya. Y en este sentido, es una ideología reaccionaria. Sólo hay que ser mejor que tu hermano o hermanastro, el resto no te concierne. El nacionalista no teme a nadie, salvo a su hermano. Pero lo teme con un miedo existencial, patológico: la victoria del adversario elegido es su derrota absoluta, la anulación de su ser”. Por ello, el patriota debe defenderse atacando, la suya es una lucha entre el Bien (los suyos) y el Mal (el otro), hasta la total aniquilación.

   El día de su último cumpleaños, Ana Mladic no tenía duda: matar al musulmán bosnio no era un crimen, sino un deber y un acto heroico. Y su padre, salvador de la patria serbia. Meses más tarde quizá dudó ─y la duda es el principio del fin de toda fe, también de la nacionalista─, se preguntó si su padre tal vez no fuera un héroe, sino un asesino. Y esa incertidumbre le resultó insoportable; es una hipótesis a la que dediqué tres años de mi vida y una novela, “La hija del Este”.

   Su padre, Ratko, no dudó nunca. El líder nacionalista ─y Mladic lo era─ sólo responde ante Dios y ante la historia y Mladic cree que la historia lo vindicará; entre los suyos son muchos los que lo consideran un héroe injustamente condenado por la justicia internacional. Si tal vez se reprocha algo, es haber perdido la guerra; a los que las ganan ─como Bush, Blair, Asad, o hace más de setenta años, Franco─ nadie les pide cuentas; muchos héroes de los libros de historia son, a la vez, o sobre todo, criminales de guerra.

   Este miércoles pensé en Ana y en lo que, de seguir viva, sentiría ante la condena de su padre. Y creo que por fin he resuelto el enigma: Ana Mladic se quitó la vida porque no quiso ser la hija de un monstruo.

Te puede interesar