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China quiere imponer su sello al comercio mundial

La dinámica del comercio mundial y las reglas de juego que rigen para el intercambio entre las naciones podrían empezar a cambiar a partir del ambicioso plan que ya puso en marcha Pekín, bautizado “Hecho en China 2025”, a través del cual el gigante asiático se prepara para dominar las tecnologías de los microchips avanzados, la inteligencia artificial y los autos eléctricos, entre otros sectores clave para la economía global del siglo XXI.

Si hasta ahora se tenía la idea de productos chinos asociados con manufactura barata y de baja calidad, la nueva iniciativa que impulsa Pekín que se propone explorar y sacar provecho de las tecnologías de punta con el fin de ser el número uno en esa estratégica área, hará que aquella visión quede obsoleta. Si hay algo que tienen claro las autoridades chinas es la importancia de proyectar a largo plazo, y a eso apunta el programa Hecho en China que tiene como meta posicionar en el año 2025 a la nación asiática como el jugador de mayor peso en materia de tecnología de punta. Para ocupar ese lugar estratégico, ya firmó varios acuerdos con algunas de las empresas tecnológicas más grandes del mundo, y aunque por ahora el avance es lento, la movida del gigante asiático no deja conciliar el sueño a muchos altos funcionarios de Estados Unidos con oficinas en Washington. Y no es que los norteamericanos exageren, como suele suceder con algunos guiones de Hollywood. Las luces de alerta en la primera economía mundial se encendieron a mediados del año pasado, cuando el fabricante de electrodomésticos chino Midea sorprendió a Occidente con la firma de un acuerdo para quedarse con la mayoría de las acciones de la compañía alemana de robótica avanzada Kuka, para lo cual desembolsó 3.900 millones de dólares, lo que abrió a los chinos las puertas al mundo de la alta tecnología en automatización, pese a los esfuerzos que hizo el gobierno alemán para evitar que se concrete la operación. Es que en Berlín, como en otras naciones europeas y también por su puesto en EEUU, no ven con buenos ojos el desembarco chino. Tanto es así que en Alemania, el vicecanciller y ministro de Economía, Sigmar Gabriel, mantuvo diálogo con importantes ejecutivos antes que se confirme la operación entre Midea y Kuka, con la esperanza de obtener una oferta alternativa de origen europeo. Es que en esos niveles de decisión nadie ignora que bajo el ambicioso plan “Hecho en China 2025”, Pekín tiene un claro objetivo: dominar las tecnologías de vanguardia y afianzar su protagonismo en la economía global. Como parte del plan, el país asiático destina varios miles de millones de dólares en investigación de nuevas tecnologías y para comprar productos de alta tecnología de otros países. Según publicó el periódico The New York Times, China creó un fondo para semiconductores con más de 100.000 millones de dólares, mientras que otro plan busca convertir a las compañías chinas de inteligencia artificial en una industria de 150.000 millones de dólares para el año 2030. Para algunos observadores de la economía china, Pekín está dando un giro que impactará a nivel global, dejando atrás una etapa de crecimiento que se caracterizó por la fabricación de productos baratos, para pasar a una fase más sofisticada que es la de multiplicar sus industrias que demanden una alta calificación. Expertos calculan que en la próxima década China ya tendrá sentadas las bases para poder satisfacer más de la mitad de su propia demanda de automatización industrial y más de un tercio de su demanda de chips para teléfonos inteligentes, y en una etapa siguiente dominará la tecnología de vehículos impulsados por energía eléctrica, así como distintos dispositivos para utilizar en la medicina de alta complejidad. Si todo resulta como pensaron los estrategas chinos (y por ahora nada indica que no será así) para ganar terreno en el segmento más sofisticado de la cadena global de valor industrial, países como Argentina tendrán que evaluar cuál será la mejor estrategia para lograr una inserción favorable con estas nuevas reglas de juego del comercio mundial que ya comenzaron a escribirse a partir de la decisión de un jugador de peso como China de extender sus tentáculos y trepar a lo más alto de la pirámide global.

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