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La página del lunes

Mafias

Mafia es una palabra que se ha puesto de moda entre nosotros y su uso está al orden del día. Se trata de “un término utilizado a nivel mundial que se refiere a una clase especial de crimen organizado”, según refiere Wikipedia. Por lo que se puede apreciar este “crimen organizado” se ha extendido a todos los quehaceres, desde -por ejemplo- la organización de los mundiales de fútbol, hasta el sencillo trámite de lograr un lugar en una cola adonde se debe acudir para cobrar un beneficio o comprar algún producto a buen precio o que escasea.

Los mafiosos que lucran con la inocencia del común de la gente están instalados en los más altos estamentos de la sociedad, pero también en los menos pensados. En la política tanto en partidos como en gobiernos (Ejecutivo, Legislativo, Judicial), en el empresariado, en los gremios, en los movimientos sociales, en las dirigencias de todo orden, en los punteros que lucran con la necesidad de la gente, en la organización de marchas de protesta, en las hinchadas de fútbol, en los clubes. Es como un aire nocivo que todos tienen que respirar si se quiere conseguir algo.

Los ciudadanos que tenemos sólo la cuota de poder que da un empleo, una jubilación, la pertenencia a alguna institución, tenemos muchas veces que encogernos de hombros y aceptar que así sea cuando debemos adquirir algún alimento, alguna medicina, acudir a algún organismo público a hacer un trámite, ir a algún lugar de atención de la salud y prestarnos a una serie de trámites interminables, a pesar de que se nos diga hasta el cansancio que “El Estado está de tu lado”, “El Estado se moderniza para ser cada vez más eficiente”, cuando se ve todo lo contrario y se observan sectores en permanente conflicto y semiparalizados.

Canasta básica y precios

Hay cosas que en la vida diaria no se pueden soslayar. Son, entre otras, las que se refieren a la alimentación de la familia. Alimentación sana y variada adaptada a los niños, los mayores y los ancianos. Lo que se da en llamar la “canasta básica”, esa que no se puede dejar de llenar cada día por el simple hecho de ser básica.

Quienes tienen la costumbre de acudir a los lugares de venta de esta canasta básica (super, hiper, almacenes, despensas) y comparan los valores de unos y otros, pueden afirmar que los cálculos del índice de precios al consumidor que realiza la provincia (2,15 en octubre) y 4,16 de la consultora Norte Grande, no están lejos de la realidad y más bien se quedan cortos. Ese relevamiento constata, además, que los comercios locales tienen mejores valores que las cadenas nacionales, que marean con sus avisos televisivos o gráficos, pero que en lo concreto hacen la suya y son parte del concepto de “mafias” que señalamos más arriba.

Se puede constatar, por ejemplo, que un mismo producto, de la misma marca y con similares características tiene diferencias de precios exorbitantes con escasa distancia de espacio y tiempo. En envases de kilo, medio kilo, litro o mediciones parecidas las diferencias de veinte, treinta o más pesos son frecuentes. Es más, en un mismo comercio existen productos de la misma marca que según los días de la semana valen 30 o 40 pesos más o menos. Es evidente que en ninguno de los casos se pierde plata y que en algunas la ganancia es excesiva y hasta por las dudas.

Anarquía general

Esto, que es fácilmente constatable, está mostrando que hay una anarquía total en los precios, que comerciantes y empresarios marcan sus propias reglas y que se aprovechan de la necesidad de la gente, sin que las autoridades del sector fijen reglas claras y que luego las hagan cumplir en beneficio de todos. Se podría decir que los organismos del sector están de adorno y que entre todos forman parte de eso que nombramos como “mafia” en el sentido lato de la palabra.

Y esto pasa en todos los sectores. Todo el peso cae en el consumidor final. En aquel que no tiene más remedio que tomarlo o dejarlo a cualquier precio, aunque en ello se le vaya la vida. Esta situación es la que deberían tener en cuenta quienes nos gobiernan. Es cierto que tienen que preocuparse de hacer obras de infraestructura que ayudan a vivir mejor, pero si no se atiende también el principio, que es el de tener una vida decente, de nada sirve todo lo otro. Primero se necesita atender las necesidades básicas de alimentación, salud, educación, seguridad. Y en muchos de estos rubros tanto el gobierno provincial como el nacional dejan mucho que desear. Hablan más de lo que hacen y más bien parecen formar parte de esos a los que ellos mismos califican como mafias.

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