Por una infancia sin violencias
Todas las formas de violencia que sufren los niños, independientemente de la naturaleza o la gravedad del acto, son perjudiciales. Así lo advierte la campaña que acaba de lanzar Unicef para llamar la atención sobre las distintas formas de maltrato que afectan a niños y adolescentes en todo el mundo. Según el capítulo local del organismo internacional, en la Argentina en solo tres de cada diez hogares se asegura que los niños vivan sus infancias sin violencias. Este dato revela la necesidad de luchar contra los abusos y desterrar la falsa creencia que sostiene que el uso de la violencia es sinónimo de disciplina y educación.
Unicef puso en marcha la campaña internacional “Fin a la violencia” para conmemorar un nuevo aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño, con el fin de hacer visible un problema que afecta a niños y adolescentes de todo el mundo y para desnaturalizar el uso de los castigos físicos y las presiones psicológicas como método para sancionar los comportamientos de los chicos que son considerados reprochables. Se trata de una iniciativa que aborda un amplio abanico de situaciones que incluye los casos de violencia ejercida en el seno de la familia, la que se presenta en el ámbito escolar, la que experimentan entre pares, los episodios de ciberacoso y el abuso sexual.
Los expertos en infancia de Unicef remarcan, a través de esta campaña, que más allá del daño innecesario y del dolor que causa, la violencia socava el sentimiento de autoestima de los niños y menoscaba su desarrollo. El problema, advierten, es que la violencia contra los más pequeños muchas veces se justifica racionalmente como si fuera algo necesario o inevitable. A esto debe agregarse que en algunos entornos familiares, incluso, aceptan este tipo de prácticas violentas argumentando que quienes la infringen son personas allegadas a los niños. En otros casos no se le brinda importancia al hecho, por considerar que no representa ningún peligro para el chico. Sin embargo, múltiples investigaciones realizadas por psicólogos que trabajaron con menores maltratados en la primera infancia revelaron que el afán por disciplinar en forma violenta y la exposición a la violencia doméstica en esa etapa temprana de la vida genera un clima que hace más difícil que el niño tenga una valoración positiva de sí mismo. Por ese motivo, la campaña del organismo internacional hace hincapié en que todos los niños tienen el derecho a recibir una adecuada protección contra la violencia infligida por cualquier persona relacionada con sus vidas, ya sean padres o madres, maestros, amigos, compañeros íntimos o extraños.
La campaña de Unicef también destaca que por lo general los chicos evitan recordar o denunciar la violencia que sufren debido a la vergüenza o al temor a una represalia. Por otra parte, el organismo también observa que la impunidad de quienes desde su posición de poder ejercen violencia contra los niños o adolescentes puede llevar a que las víctimas naturalicen esas situaciones traumáticas.
Merece destacarse el trabajo que lleva adelante Unicef con esta campaña y también con el proyecto “Crianza sin violencia” que ofrece talleres a padres y madres interesados en utilizar estrategias y métodos de educación sin apelar a la violencia. En esa capacitación, que ya se brinda en algunas provincias de nuestro país, se explica que existen distintas formas de poner límites, como quitar alguna recompensa o eliminar ciertos privilegios (acotar los tiempos que pueden usar la computadora o el celular, por ejemplo), que resultan muy efectivas. Allí se aclara también que los límites impuestos deben ser adecuados a la edad, tienen que tener coherencia con la acción, ser proporcionados, predecibles y comprensibles por los chicos de las diferentes edades.
Debe tenerse en claro que si un niño es víctima de reiterados castigos, ese pequeño crecerá creyendo que la única manera que existe de resolver los conflictos es de manera violenta, y esto es contraproducente para la sociedad, que necesita adultos capaces de resolver las diferencias a través del diálogo y la vía pacífica, nunca a través de la violencia.










