El biodiesel sigue trabado por Trump
Las gestiones realizadas en los últimos días por el gobierno argentino ante la Secretaría de Comercio de Estados Unidos para destrabar las exportaciones de biodiesel de producción nacional al mercado norteamericano no fueron suficientes para que la administración Trump resuelva dar marcha atrás con su decisión de fijar altos aranceles al combustible argentino y así impedir la competencia con los productores estadounidenses.
Frente a esta clara maniobra proteccionista del Departamento de Comercio norteamericano, que no dudó en fijar elevados aranceles al biodiesel argentino (una medida similar adoptaron para frenar el ingreso del mismo combustible desde Indonesia) coloca a Estados Unidos en la misma posición que en su momento tuvo la Unión Europea que también apeló a este tipo de trabas para no abrir las puertas a la competencia. Resulta paradójico que los países centrales que siempre pregonan el libre comercio y exigen a las naciones de la periferia que “se abran al mundo” para que eliminen barreras comerciales, no duden en recurrir a prácticas que dificultan la entrada a sus territorios de productos extranjeros.
El arancel para el combustible argentino aplicado por EEUU oscilará entre un 71,45 por ciento y un 72,28 por ciento, según informó el Consejo Nacional del Biodiésel de Estados Unidos, la cámara empresaria que nuclea a productores norteamericanos que, como era de esperar, celebró la traba impuesta por la administración Trump al combustible argentino. El gobierno del magnate estadounidense argumenta que la producción argentina de biodiesel está subsidiada, afirmación que fue rechazada por las empresas exportadoras de nuestro país. Es falso que el biodiesel argentino reciba subsidios, ya que esa industria es una de las más competitivas que tiene la Argentina. No es casual que el año pasado el país haya exportado ese producto a Estados Unidos por un total de casi 1.200 millones de dólares, lo que puso en alerta a las empresas norteamericanas del sector.
Frente a este complejo escenario, la Cancillería argentina informó en las últimas horas que si EEUU mantiene las trabas, el próximo paso será presentar un reclamo en la Organización Mundial de Comercio donde el país ya obtuvo un fallo favorable en una disputa similar con la Unión Europea, que se vio obligada a dar marcha atrás con los altos aranceles que había fijado al biodiesel argentino.
La Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio), por su parte, expresó su rechazo a las trabas norteamericanas y aseguró que las barreras arancelarias de la administración Trump responden a una “decisión desmesurada, adoptada arbitrariamente y sin sustento técnico ni comercial”.
Por otro lado la reciente visita del presidente Macri a la ciudad de Nueva York, donde se reunió con empresarios norteamericanos, fue anunciada como positiva; pero el optimismo oficial no pudo ocultar el malestar que generaron los fuertes gravámenes impuestos al biodiesel argentino. Según trascendió, funcionarios del gobierno argentino solicitaron al secretario de Comercio norteamericano, Wilbur Ross, que destrabe la exportación de biodiesel, pero el pedido no tuvo éxito. Se supo también que hubo una contraoferta norteamericana que consistió en obligar a la Argentina a imponer un impuesto del 15 por ciento a los exportadores, lo que fue rechazado por la comitiva argentina. Cabe aclarar que, para que quede firme la aplicación de los aranceles estadounidenses, todavía falta que la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos apruebe la suba de esos gravámenes. Dado que esa instancia administrativa debe pronunciarse antes del próximo 26 de diciembre, no se descarta que el gobierno argentino realice nuevas gestiones en las próximas semanas en un último intento por revertir la situación, antes de llevar el reclamo a la Organización Mundial de Comercio.
La imposición de altos aranceles contra la importación de biodiesel argentino por parte de la administración Trump pone de relieve el doble discurso de las naciones industrializadas que, por un lado, aseguran estar comprometidas con el comercio libre, justo y recíproco entre todos los países, pero que a la hora de las definiciones no dudan en recurrir a viejas prácticas proteccionistas.










