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Malos ejemplos en el tránsito

Una de las principales causas de accidentes en la vía pública es el exceso de velocidad, pero esa no es la única imprudencia que cometen los conductores de los vehículos. El uso del teléfono celular cuando se conduce, adelantarse en lugares donde esa maniobra no está permitida o manejar bajo los efectos del alcohol también figuran en la larga lista de situaciones que pueden tener consecuencias fatales.

En distintas localidades chaqueñas se registraron en las últimas semanas lamentables accidentes, algunos de ellos con víctimas fatales, que podrían haberse evitado. Es cierto que cualquiera puede protagonizar un siniestro vial, pero también es cierto que cada una de las personas que conducen un vehículo puede evitarlo si adoptan conductas más seguras en calles y rutas.

El protagonismo de las motos en la gran cantidad de accidentes ocurridos tanto en el área metropolitana como en las distintas ciudades del interior provincial convierte a las calles en un potencial peligro. El afán de muchos conductores de estos rodados de realizar maniobras riesgosas para avanzar unos metros y ganar pocos minutos que de ninguna manera justifican poner en peligro su vida y la de otras personas pone de relieve tanto la falta de formación como de sentido común. ¿De qué vale adelantarse a otro vehículo en una calle con mucho tránsito si se corre el riesgo de chocar o ser chocado y de ir a parar, en el mejor de los casos, al hospital?

El culto a la velocidad parece tener cada día más fieles en todo el mundo y las ciudades chaqueñas no son, lamentablemente, la excepción. El periodista canadiense Carl Honoré, autor del libro “El elogio de la lentitud”, sostiene que el andar rápido (sin motivos que lo justifique) se está convirtiendo en un estándar social en casi todo el mundo. Esta hipótesis explica, de alguna manera, el comportamiento de muchos conductores, principalmente de motos, que manejan a gran velocidad por avenidas y calles y que siempre parecen estar apurados.

Claro que malos conductores hay en todas partes y de hecho hay un ranking mundial de ciudades con el peor tráfico donde manejar respetando todas las reglas se vuelve un calvario. Un reciente informe estadounidense sobre seguridad vial reveló que Miami es la décima ciudad con el peor tráfico del mundo, y se ubica en el decimotercer puesto en lo relativo al tiempo total de viaje. Además, es la quinta urbe más congestionada de América donde se encuentren los conductores más violentos, los que más usan el teléfono mientras manejan y los que menos ponen el guiño cuando cambian de carril. Según el Centro de Seguros para Automóviles de EEUU, Miami tiene la cuarta incidencia más alta de furia vial en Estados Unidos. La Florida, por su parte, es el estado dónde los peatones sufren más accidentes y donde está la ruta más peligrosa del país. La ciudad también ocupa el segundo lugar en stress de manejo basado en el tiempo que demanda cada viaje.

Por otra parte, un estudio realizado por la consultora internacional Inrix en el que se analizan distintas variables del tránsito en 1.064 ciudades en todo el planeta, en América Latina las ciudades de Bogotá (Colombia), Sao Paulo (Brasil), Caracas (Venezuela) y Ciudad de México son las que tienen el peor tránsito vehicular en la región.

En el Chaco, al problema del tránsito caótico que se observa en las principales ciudades de la provincia se debe agregar que la mayoría de los municipios todavía no adhirió al Registro Nacional de Licencias para conducir que se puso en marcha para uniformar la emisión de los permisos y formar conductores responsables y prudentes que contribuyan a reducir los altos índices de siniestralidad que todavía se mantienen en el país.

La mayoría de los accidentes de tránsito pueden evitarse si cada conductor respeta las normas de tránsito. Cada año los siniestros viales provocan pérdidas de muchas vidas y dejan saldos con cientos de heridos y cuantiosas pérdidas materiales en todo el país. Es un problema mundial, pero en la Argentina y en nuestra provincia es una cuestión muy grave. Es necesario que se desarrollen políticas de seguridad vial y se exija el cumplimiento de las leyes de tránsito, reforzando los controles y aplicando sanciones a los transgresores que ponen en peligro sus vidas y la de otros.

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