Una nueva etapa de diálogo y consenso
A una semana de las elecciones de medio término celebradas en todo el país que permitieron a la coalición Cambiemos afianzar su posición en el Congreso Nacional, pero sin lograr el número de legisladores que se necesita para tener quórum propio, comienza a configurarse un nuevo escenario en el tablero político de la Argentina.
Sería ingenuo esperar que estos comicios sean algo así como un GPS mágico que marquen con claridad el camino que transitará el país en los próximos meses, pero tal como quedó conformado el capital electoral de cada fuerza una cosa es segura: en el Parlamento que viene, el oficialismo y la oposición estarán obligados a negociar, a utilizar esa gran herramienta que tiene la democracia para disipar los conflictos que es el diálogo político.
Desde distintos sectores se habla mucho de la necesidad de impulsar transformaciones de fondo en el país, pero eso no será posible si no existe voluntad de diálogo. Y como ocurre en cualquier ámbito donde los conflictos son inevitables, también en la actividad política las discusiones que se generan a partir de opiniones contrapuestas (por más acaloradas que sean) no deben ser interpretadas como un defecto del sistema democrático sino como el combustible que permite avanzar en la construcción de los consensos que, por un lado, otorgan un piso razonable a la gobernabilidad y por otro, permiten aportar las soluciones que la ciudadanía espera para los problemas más urgentes.
El drama de la pobreza, que golpea a una porción importante de la población; el problema de la inflación que corroe los bolsillos de las familias con ingresos fijos, el flagelo del desempleo que afecta sobre todo a los más jóvenes (se calcula que cada año 200.000 buscan incorporarse al mundo del trabajo), y la necesidad de contar con una educación pública inclusiva de calidad, son algunos de los temas que más preocupan a los ciudadanos, que esperan con gran expectativa las respuestas que deben dar los gobiernos a estos desafíos.
Del mismo modo, la cumbre de este lunes del presidente Macri con los gobernadores para explicar a los mandatarios provinciales cuáles serán los principales puntos en la agenda del Ejecutivo nacional en la segunda parte de su mandato, así como la iniciativa del gobernador Domingo Peppo de promover el diálogo político en la provincia, para lo cual convocará a representantes de distintos sectores políticos y del Estado para delinear lo que denominó una agenda “en defensa de los intereses del Chaco”, también generan una enorme esperanza en una ciudadanía cada vez más demandante.
“Se vienen intensos debates y tenemos que tener una postura firme para no renunciar a derechos que le corresponden a la provincia”, dijo el gobernador Peppo a propósito de los tiempos que se avecinan y remarcó que lo más importante “es sumar voluntades en busca de los mismos objetivos, trabajando juntos por los chaqueños”. Es probable que la joven tradición democrática en nuestro país (que es relativamente reciente si se la compara con otras naciones del mundo que no tuvieron que padecer las interrupciones constitucionales de oscuras dictaduras en su historia reciente) haya contribuido a conformar un nuevo perfil de ciudadanos con una mayor conciencia sobre la necesidad de buscar consensos, limar asperezas y de atenuar el movimiento pendular que caracterizó, a grandes rasgos, a la política argentina desde el regreso de la democracia.
Es de importancia crucial que como sociedad aprendamos que los cambios de gestión no necesariamente tienen que ser traumáticos, que en la Nación y las provincias se necesita un marco de razonable previsibilidad para que las cosas funcionen, que es clave poder proyectar a mediano y largo plazo, y que la transparencia, el respeto a las leyes así como el diálogo y el consenso son fundamentales para la buena convivencia en democracia que, como se sabe, es el menos malo de los sistemas políticos.










