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La vida es un cuento

Un gesto. Un mundo

“Tanta gente extraña amándose a la luz del día, ¡qué escándalo! Lo más emocionante, que yo estoy entre ellas”.

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De mañana siempre me levanto con una sonrisa, aunque la misma sea forzada, dicen que se activan varias neurotransmisores que ayudan a combatir el estrés. Pero desde hace tiempo que no me sorprendo con el gesto de alguien.

Como es de costumbre opino que en los semáforos hay algo místico, es un escenario de unos segundos, que me maravillo al ver situaciones: un pájaro en un árbol, mirar el cielo, sentir la brisa en el rostro entrando por la ventana, respirar profundo el aroma de las flores, mirar mis manos y ver mis venas sobresaliendo, llevando energía a todo mi cuerpo, observar a las personas que pasan caminando, sus rostros y modales, mirar atentamente alguna planta que me atraiga. Justo en ese momento con las ventanillas bajas, se estaciona al lado mío otro vehículo, no prestaba atención a su ocupante cuando escucho:

- ¡Señorita!

Giro para mirar. Él saca de su lado un ramo bastante abundante de flores silvestres, blancas.

- ¡Es para usted! ¡Que tenga un hermoso día!

Me saco el cinturón para estirarme y tomar el ramo. Estaba atónita.

- ¡Muchas gracias señor! ¡Que sea fantástico su día también!

Tras una sonrisa que nos unió en ese hechizo, cerró con vergüenza su ventanilla (creo que yo también habré estado colorada).

Olí el ramo, de golpe me vi sonriendo, por varias cuadras, yo diría que todo el día. Y cada vez que traigo el momento a mi mente. ¿Cómo un pequeño pero gran gesto, puede cambiar enormemente el ánimo de una persona?

Preguntando a mis amigos, me relataron algunas de las actitudes que logran estos efectos en ellos:

Que me dediquen canciones o me manden audios con partes de canciones que me gustan, (alguien lo hace de vez en cuando). Que un auto me de paso en una equina cuando voy caminando. Ir a la escuela con mi hijo, tomándole la mano, sentir su fina piel, su calor, su presencia. Que me digan: permiso, adelante. Que me ayuden, me agradezcan. Que mi pareja me sonría cada mañana. Un abrazo, una rica comida. Un saludo amable. Cuando dejan el celular a un costado para charlar cara a cara, con reciprocidad; escucharnos, mirarnos y sonreír juntos de lo relatado.

Un mensaje sobre la mesa: Te amo. Una caricia sutil por la espalda.

Cuando vamos rápido, se nos pasan por alto, acciones en las que podemos contribuir para crear un mundo más humano, más sensible, y a la vez disfrutar de ellas. ¡Soltá el acelerador!

El señor con las flores, me trajo el aprendizaje que el amor está en el aire, por todos lados en forma abundante e indiscriminada.

¿Lo podés sentir?

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Corina Schaefer- Coach.

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