Hijos de Dios o súbditos del César
Qué difícil es encontrar equilibrio entre estos dos aspectos que comprometen directamente nuestra vida cotidiana: las cosas de Dios y las cosas de los hombres. Jesús antes de salir del mundo rogo al padre por sus discípulos, sabiendo de las tentaciones en las que estos caerían justamente por ser parte del mundo. Oro a Dios padre con estas palabras: “Te ruego padre por los míos que están en el mundo, pero que no son del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que lo preserves del maligno”.

El cristiano, según estas palabras, sabe que está en el mundo, pero que no le pertenece a él. En la teología del evangelista san Juan, cuando se habla del mundo, se entiende por todo aquello que se opone al reino que Cristo vino a instaurar en la tierra. Esto es, el reino del amor, de la paz, de la justicia y la verdad. Por lo cual un verdadero discípulo de Cristo ha de oponerse con vigor en el desenvolvimiento de su vida cotidiana a todo aquello que sea contrario al amor, la paz, la justicia y la verdad. En efecto, el cristiano ha de resplandecer en el mundo con el testimonio de su vida como un constructor de la paz, un defensor de la justicia, un testigo de la verdad que irradiando el amor de Dios en su persona, hace visible la realidad invisible del cielo. Por eso el cristiano siempre va contra la corriente del mundo. Hemos sido testigos, días pasados de la forma real que puede adquirir el anti reino. Y aunque sea haya tratado de un grupo reducido que opaco estruendosamente los reales objetivos de este encuentro nacional de mujeres en resistencia, no podemos retrotraernos a esas imágenes tan bochornosas que denigran la dignidad misma del ser humano y los legítimos reclamos de las mujeres en la lucha por el reconocimiento de sus derechos. Esos rostros enfurecidos, violentos, anárquicos, casi inhumanos y cargados de tanto odio y resentimiento, eran la forma real del anti reino, ya que predica odio y muerte y pretende desde ese lugar, imponer lo que es mentira como verdad, con un método decididamente anárquico y fundamentalista. Tal odio y violencia desautoriza categóricamente cualquier reclamo que se pretenda hacer en el marco del respeto a las instituciones de la Patria y por más que tal acciones se justifiquen sobre el argumento del propio avasallamiento que las mujeres padecen desde hace siglos, tales acciones son injustificadas e inútiles, porque nunca a sucedió en la historia que desde el odio , el resentimiento y la violencia algo pueda resultar bueno para los demás. La comunidad de Resistencia ha demostrado grandeza moral comportándose verdaderamente como ciudadanos del reino, ya que la ciudad abrazo el dolor, se recogió en oración manteniendo la serenidad aun en medio de tanto caos. Por la fe los ciudadanos de Resistencia han demostrado con su conducta que creen que lo único que edifica es la paz, y que el respeto es la única garantía de la justicia y que solo desde el amor se redime y que solo desde el resplandece la verdad. Cuando Jesús ha dicho: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, dividió las aguas y dejo en claro que los cristianos no podemos confundirnos, vale decir, o somos de Dios y vivimos según los valores del reino o pertenecemos al César, que es lo mismo que decir que pertenecemos al mundo y no a Dios. El maligno siempre buscará tentarnos para que mezclemos y confundamos las cosas y caigamos en la tentación de creer que podemos resolver las cosas a la humana, e incluso confesando al fe en cristo responder a las situaciones que nos plantea la realidad, no como hijos de Dios, sino como súbditos del César. El Hijo de Dios, es decir, el constructor del reino, discierne sus acciones y no responde a los estímulos externos de manera atolondrada y anticristiana. El cristiano mide sus palabras, calcula sus acciones planeando estrategias que tengan que ver con la paz, con la justicia y con la verdad. Es decir que el hijo del reino nunca actúa como a él le parece sino como le parece a Dios. Es discernimiento se hace con la palabra de Dios, en comunidad y en plena comunión con lo que la iglesia nos pide que seamos los cristianos en el mundo. Por eso el cristiano nunca se adelanta a los acontecimientos, no hace profecía de calamidades, cree en dios y confía en su providencia y cree también en el hombre , en su rectitud y buenas intenciones aun conscientes que el trigo crece junto con la cizaña. Así como en el tiempo de Jesús los manipuladores de siempre quisieron hacerle caer en contradicción, también los cristianos de hoy serán tentados a caer en esa contradicción. El mundo querrá siempre encontrar en los cristianos aliados para llevar adelante sus oscuras intenciones y por eso el cristiano esta alerta y no puede ser ingenuo , para no caer en la trampa.- La sutileza de satanás es justamente hacer también de los discípulos de Cristo agentes del anti reino. Jesús rogo por los discípulos de ayer, de hoy y de siempre, pidiéndole al padre que los preservara del maligno. Cuando días pasados, la catedral era vapuleada con consignas ofensivas, pintadas y hasta fuego, muchos de nosotros habremos sentido la tentación de salir y responder de la misma manera, los agentes del anti reino enfurecidos nos incitaban a ser iguales que ellos. Tanto dolor y tantas lágrimas de impotencia se afianzaban sin embargo en la palabra de autoridad de Cristo que en esas horas nos recordaba: “Guarda la espada Pedro que el reino que yo he traído a este mundo no se trata de eso, envaina la espada Pedro”. Pedro en el instante más tenso en el que humillaban y llevaban preso a su amado maestro deja de ser por un instante hijo del reino para transformarse en súbdito del César, pero Jesús lo vuelve a ubicar en el lugar correcto. Ya con los espíritus más calmos por estas horas, valdría la pena preguntarnos que fuimos en esas horas en las que la fe, el amor la paz la verdad y la justicia fueron probados ¿qué hemos sido nosotros?, ¿hijos del reino?, ¿o súbditos del César?










