Invertir en desarrollo rural y seguridad alimentaria
El 16 de octubre de cada año se celebra el Día Mundial de la Alimentación, instituido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para destacar la importancia que tiene la luchar contra el hambre y exigir a las naciones que garanticen a todos sus habitantes el acceso a alimentos que les permitan llevar una vida activa y saludable.
Este año la jornada se celebra con diversas actividades en más de 150 países, bajo el lema “Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural”.
La FAO propone aprovechar este día para recordar que pese a que en la actualidad, gracias a los avances tecnológicos y los nuevos medios de producción a gran escala, existen suficientes alimentos para asegurar la comida diaria de toda la población, alrededor de 800 millones de personas padecen hambre en todo el mundo. Según los datos que maneja el organismo internacional, la mayoría de esas personas viven en zonas rurales donde no pueden comprar ni cultivar alimentos suficientes para ellos y sus familias, lo que da lugar a largas y penosas migraciones hacia ciudades o pueblos donde esperan encontrar una vida mejor y poder alimentarse. Por eso, los expertos remarcan que buena parte del fenómeno de las migraciones se explica por la falta de alimentos y oportunidades en muchas zonas rurales. En ese sentido, la FAO elaboró informes donde explica que algunas personas permanecen en las zonas rurales porque son agricultores y siempre han trabajado su tierra, pero apenas pueden cultivar suficientes alimentos para alimentarse a sí mismos y a sus familias.
Por otra parte, en la mayoría de los casos estas personas no tienen acceso al sistema bancario para poder solicitar un préstamo e iniciar una nueva actividad que pueda aportar dinero a sus familias, de manera que se genera un círculo vicioso que solo se puede romper si se unen los esfuerzos de gobiernos, empresas, agricultores y organizaciones de la sociedad civil con el objetivo de luchar en forma más efectiva contra el hambre.
Este día debe servir para generar conciencia sobre el problema alimentario que afecta a una buena parte de la población del mundo y también para promover la solidaridad de los distintos sectores de la sociedad, sobre todo de aquellos que están en mejores condiciones para ayudar en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza.
El desafío que plantea la FAO también alcanza, por supuesto, a la Argentina donde muchas personas sufren los condicionamientos de la pobreza, tal como lo advirtieron hace pocos días los obispos que integran la Conferencia Episcopal Argentina en un mensaje que dieron con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de los Pobres, prevista para el próximo 19 de noviembre. En el documento, los prelados argentinos hicieron un llamado a realizar “opciones concretas de justicia y solidaridad” para comenzar a revertir las situaciones de marginación económica, política y social de muchos argentinos.
Las autoridades de la FAO señalan que dos flagelos como el hambre y la malnutrición son inaceptables en pleno siglo XXI, porque el mundo de hoy posee a la vez los conocimientos y los recursos necesarios para acabar con este verdadera tragedia que castiga injustamente a millones de seres humanos en todo el mundo.
Es necesario que los gobiernos, las empresas y también las distintas organizaciones de la sociedad civil asuman el compromiso de proteger y promover el derecho fundamental de toda persona a no padecer hambre. El respeto por el derecho de todas las personas a una alimentación adecuada obliga a adoptar medidas que vayan más allá de las acciones de beneficencia, por más bienintencionadas que éstas sean. Es de esperar que la sociedad tome conciencia que el derecho a una adecuada alimentación que permita llevar una vida saludable es un derecho impostergable que debe ser garantizado a todas aquellas familias que, por distintas razones, se encuentran en una situación de gran vulnerabilidad.










