Retroceso en el campo científico y tecnológico
Los ajustes realizados por la administración Macri en eslabones clave del sistema nacional de ciencia y tecnología comienzan a debilitar la agenda de conocimiento científico argentino que, con mucho esfuerzo, se había logrado poner en marcha. La nueva impronta que se propone para el proyecto Arsat 3, más cercana a los mandatos del mercado, y los recortes en el presupuesto del Conicet, terminan conspirando contra el desarrollo nacional.
Si bien es cierto que la construcción de los satélites Arsat 1 y 2 demandó más recursos al Estado nacional que si directamente se hubiese optado por comprar un aparato terminado de características similares en el mercado internacional de satélites de comunicaciones geostacionarios y que, además, existen equipos con tecnología más avanzada; no se puede desconocer que la decisión de encargar la fabricación de los Arsat a la empresa rionegrina Invap fue un paso fundamental para consolidar esa capacidad tecnológica de Argentina y apuntalar el nacimiento de la industria satelital en el país.
De hecho, se esperaba que todo lo aprendido y aplicado en los proyectos 1 y 2 de Arsat fuera superado en el Arsat 3, pero con los recortes practicados y la decisión de acotar la participación del Estado, es muy poco probable que se retome en lo inmediato la senda del desarrollo nacional.
El doctor en Ingeniería y especialista en mecánica computacional, Eduardo Dvorkin, que trabajó en los proyectos satelitales advirtió que el giro dado por el gobierno de Cambiemos en materia de ciencia y tecnología impactará en forma negativa en la producción de conocimiento científico. “Sin el Estado, la innovación va a volver a detenerse”, asegura el experto tras advertir que, lamentablemente, en la Argentina comienza a haber nuevamente ingenieros desocupados. Sostiene que la falta de impulso del Estado, que es la principal fuente de investigación científica, implica un retroceso en la evolución del paquete tecnológico en la producción industrial, que es lo que realmente importa. Reconoce que los satélites Arsat 1 y 2 no eran los más económicos ni los de última tecnología a los que podía acceder el país, pero asegura que más allá de eso el impulso al proyecto era una apuesta fuerte al surgimiento de una industria satelital argentina. En ese sentido, Dvorkin recuerda que en los países desarrollados que decididamente apoyan a su sistema científico tecnológico tienen en claro que para incubar una industria hay que protegerla, y para que se entienda mejor lo que plantea cita como ejemplo el caso de Google y otros gigantes de Silicon Valley que crecieron y se desarrollaron al calor de programas financiados por el gobierno norteamericano, o de las empresas de biotecnología con sede en Boston que son conocidas por sus trabajos de articulación con programas oficiales estadounidenses. Eso es lo que se hace en Estados Unidos desde hace varias décadas y es lo que garantiza el vigor de su sistema científico tecnológico. En la Argentina, sin embargo, la propuesta del cambio trajo aparejado un paulatino desacople de los institutos de investigación con las empresas del Estado y del sector privado trabajan en el campo de la tecnología. Insistir con las políticas de ajuste y con la decisión de desfinanciar el trabajo de los investigadores es desconocer que lo que sucede en el mundo, donde no hay país desarrollado que ajuste, sin más, el gasto de su sector científico.
Acaso sea necesario recordar que el progreso que hoy exhiben las naciones más prósperas se debió, en gran medida, a decisiones de alto nivel que claramente estuvieron orientadas a apuntalar el trabajo de la comunidad científica. En el mundo actual, nadie en su sano juicio pone en duda la relevancia que tienen los avances tecnológicos y el rol clave que la ciencia desempeña en el bienestar de todos los ciudadanos.










