El mejor representante que tiene la Argentina
Según una encuesta realizada en distintas localidades del país, el Papa Francisco es, por lejos, el mejor representante que la Argentina tiene en el exterior. El sondeo, que fue realizado por la Fundación de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) en colaboración la consultora Voices!, reveló que una amplia mayoría de los argentinos consultados eligió a Jorge Bergoglio como el mejor embajador del país ante el mundo.
Se trata de un estudio de opinión pública de alcance nacional que indagó, entre otras cosas, sobre la personalidad argentina que mejor puede desempeñarse como representante del país ante la comunidad internacional. Con un 39 por ciento de las preferencias de los argentinos, Francisco fue ubicado en lo más alto de este ranking, seguido por el futbolista rosarino Lionel Messi, que cosechó un 19 por ciento de adhesiones. Más atrás, se ubica el presidente de la Nación Mauricio Macri que comparte el lugar con el futbolista Diego Armando Maradona, ambos con un cinco por ciento. Un dos por ciento de los consultados, en tanto, consideró que el actor Ricardo Darín es el argentino al que mejor le calza el rol de embajador, mientras que un porcentaje similar se inclinó por el tenista tandilense Juan Martín del Potro. El jugador de básquet Emanuel Ginóbili y Máxima Zorreguieta, fueron elegidos por el uno por ciento de los consultados cada uno.
En rigor, no debiera sorprender el resultado de este sondeo de opinión en el que el Papa Francisco se ubica muy por encima del resto de las personalidades que en el imaginario colectivo, entendido este como la imagen que la sociedad argentina tiene de sí misma o de alguno de sus rasgos esenciales, están presentes con cualidades que lo hacen merecedores de ser distinguidos como representantes de nuestra comunidad. Es que el jesuita Jorge Bergoglio logró, en pocos años de pontificado, asumir plenamente el rol de un líder internacional, mostrando al mundo las heridas sociales que siguen sin cerrar y denunciando flagelos como el narcotráfico, la trata de personas y la crisis migratoria que dejó al desnudo la indolencia de buena parte de la comunidad internacional y especialmente de los países europeos. Su viaje a Lampedusa, la pequeña isla del sur de Italia, donde denunció “la globalización de la indiferencia” frente al drama que viven miles de inmigrantes africanos y asiáticos que arriesgan sus vidas para llegar al viejo continente en busca de horizontes mejores.
En su libro “Código Francisco” el periodista Marcelo Larraquy observa que el Sumo Pontífice “es el único jefe de Estado del mundo que va allí (a Lampedusa) y se enfrenta con la realidad”, en lo que se presenta hoy como todo un ejemplo que debe ser imitado por el resto de los líderes mundiales. Larraquy señala además que este gesto del Papa adquiere una mayor transcendencia porque se da en momentos en que “Europa crea nuevas cortinas de hierro frente a los inmigrantes y pone bajo sospecha todo el mundo islámico, mientras el Papa brinda un ejemplo y lleva a musulmanes al Vaticano”.
La reciente visita del Sumo Pontífice a Colombia con el fin de promover la reconciliación entre hermanos que vienen de padecer más de medio siglo de conflicto armado (el más largo de América Latina) mostró claramente las esperanzas que despierta su figura en los pueblos que anhelan poner fin a las violencias. Como bien lo planteó en Bogotá y como lo hace en la mayoría de sus discursos, el diálogo sigue siendo la mejor manera de superar las discrepancias, prevenir los conflictos y encontrar solución a situaciones que parecen imposibles de resolver. Esa convicción y su manera de actuar, que muestra que obra de acuerdo con sus principios, lo convierten en un diplomático imprescindible en un mundo que cada tanto agita vientos de guerra.










