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La creciente desigualdad es un problema global

En los últimos 20 años, más de la mitad de la riqueza generada en el mundo (53 por ciento) se concentró en el uno por ciento más rico de la población, lo que ha ensanchado la brecha entre los que más tienen y los 1.000 millones de personas que viven en los países más pobres del globo. Así lo señala un informe elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU), donde se advierte que esas crecientes desigualdades son hoy por hoy el mayor desafío al que se enfrenta la humanidad.

En Estados Unidos, el país con una de las mayores economías del mundo, el fenómeno de la creciente desigualdad de ingresos ha pulverizado la movilidad social que durante muchos años caracterizó a la sociedad norteamericana. Días atrás, el periódico The New York Times publicó un informe sobre tendencias económicas en ese país en el que alerta sobre lo lejos que quedó la idea del “sueño americano” para muchos trabajadores que anhelaban mejores horizontes para ellos y sus familias. Para graficarlo, el diario comparó las historias de vida de Gail Evans y Marta Ramos, dos empleadas que, en distintas épocas, realizaron tareas de limpieza en dos de las empresas más innovadoras y exitosas de Estados Unidos: Evans comenzó a trabajar como portera en 1967 en la empresa Kodak, y Ramos se desempeña en la actualidad en un cargo similar en Apple. Ambas comparten un origen modesto, pero mientras la trabajadora de Kodak en una década logró ascender gracias a las oportunidades que le ofreció la empresa; Ramos, que presta servicios para Apple a través de un contrato tercerizado con una empresa de servicios externa, prácticamente no tiene posibilidades de mejorar su situación laboral. La diferencia entre ambas es que mientras que Gail era una empleada directa de Kodak que contaba con cuatro semanas de vacaciones pagadas al año, un pago extra por objetivos al año y ayudas para cursar estudios en la universidad; la empresa que contrata a Ramos para que limpie las oficinas de Apple solo le paga las horas trabajadas, por lo que no goza de vacaciones ni dispone de ayudas para estudios y mucho menos de premios de fin de año por productividad. El informe del periódico neoyorkino señala que cuando en 1980 Kodak cerró las oficinas que Gail limpiaba, la empresa buscó otro puesto para ella y le asignó un lugar donde debía cortar rollos de película fotográfica. Aprovechando que su nuevo puesto era más tranquilo, la trabajadora solicitó beca para estudiar computación. Luego, un gerente se entero que se había capacitado en informática y le pidió que enseñara a otros compañeros a manejar un software sobre hojas de cálculo. Cuando obtuvo su título en 1987, Gail fue ascendida al departamento tecnológico. Una década después, se convirtió en la primera directora tecnológica de Kodak, trabajando en diversas empresas de primer nivel desde entonces. En cambio, Marta Ramos ya ha tocado techo en su actual empresa y solo aspira a liderar un equipo de limpieza por el que cobraría un suplemento de medio dólar más por hora. Casos similares al ejemplo citado por el diario norteamericano pueden encontrarse en casi todo el mundo gracias a la globalización, y al camino que iniciaron muchas empresas de gran envergadura que optan por tercerizar en lugar de generar empleo decente. Este modelo ha dado como resultado una optimización de las ganancias de las multinacionales, y por ende grandes beneficios para sus accionistas, pero todo eso al precio de ensanchar la brecha entre los que más tienen y amplias franjas de trabajadores que tienen enormes dificultades para progresar incluso en una economía que, en algunos sectores que han logrado superar la crisis, exhibe indicadores de crecimiento.

Es que un buen desempeño de la economía no siempre es sinónimo de bienestar y progreso para todos los ciudadanos de un país. El caso de Panamá, una nación que en los últimos tiempos acaparó la atención mundial por el escándalo del estudio de abogados Mossak Fonseca que ayudó a millonarios a lavar dinero y evadir impuestos, así lo confirma: según el Banco Mundial, el país centroamericano tiene una de las economías de más rápido crecimiento en todo el mundo, sin embargo todavía mantiene un tercio de su población rural bajo la línea de pobreza. Estos ejemplos confirman la necesidad de que los ciclos de crecimiento estén acompañados de medidas que promuevan un reparto equitativo de la riqueza a fin de garantizar la inclusión y la movilidad social ascendente.

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