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Bosh retoma la idea del combustible sintético

La compañía alemana Bosch acaba de anunciar que está en una fase de desarrollo muy avanzado la producción de combustible sintético a partir del dióxido de carbono presente en la atmósfera.

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No se trata de una idea nueva aunque si lo es la obtención de la materia prima. El 90% del combustible utilizado por las fuerzas armadas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial era de origen sintético, fabricado a base de carbón hidrogenado (el mismo método anunciado por Bosch). Entre 1930 y 1941, se construyeron en Alemania 8 plantas para procesar carbón bituminoso, que producían más de 930.000 toneladas al año, dedicadas solamente a la producción de combustible para la aviación.

La escasez de petróleo era una de las mayores debilidades del Reich y por eso las refinerías alemanas revistieron una importancia extrema para la economía durante la guerra, y en particular para la producción del carburante de aviación, ya que, gracias a estos carburantes sintéticos se pudo mantener a la Luftwaffe en los cielos hasta la rendición germana.

En 1944, la industria petroquímica alemana había llegado a producir 25,5 millones de barriles de combustible una cantidad nada despreciable aunque con la tecnología de esa época se perdía más en carbon que lo que se ganaba en combustible líquido. Bosch asegura que en el mediano plazo se podrían llegar a ahorrar más de 2,8 gigatoneladas de CO2 en la atmósfera, o lo que es lo mismo, eliminar del aire que respiramos el equivalente a las emisiones anuales de CO2 de Alemania multiplicadas por tres.

Para crear este combustible, Bosch extrae del agua las partículas de hidrógeno y las combina con el dióxido de carbono reciclado de otros procesos industriales y de las partículas de CO2 capturadas por miles de filtros de aire. Todo este proceso se lleva a cabo en unas plantas especiales que emplean electricidad generada de forma renovable lo que reemplazaría a la extracción de carbón como materia prima.

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Los restos de las fábricas de combustible sintético de los nazis aún son visibles en Polonia donde funcionaban gracias al carbón bituminoso.

El resultado es un combustible totalmente sintético que puede hacer funcionar motores nafteros y diesel sin necesidad de modificar sus componentes internos, además de poder suministrarse a través de cualquier estación de servicio, evitando así la instalación de una nueva red de abastecimiento. Bosch es consciente de que el vehículo eléctrico se está imponiendo cada vez más en la mentalidad de los conductores. Sin embargo, existen otros muchos vehículos y medios de transporte como camiones, aviones y barcos que todavía seguirán empleando combustibles fósiles durante muchos años, por eso el gigante alemán propone fabricar este nuevo combustible ‘robándole’ a la atmósfera las partículas de CO2 causantes del calentamiento global en lugar de refinarlo directamente del petróleo, un recurso que además se agotará con el paso de los años.

Los vehículos que utilicen este combustible sintético seguirán emitiendo el mismo número de particulas de CO2 -cada vez menos gracias a las restrictivas normativas anticontaminación-, pero a cambio, en la fabricación de dicho combustible, se retirará prácticamente el mismo número de párticulas de dióxido de carbono de la atmósfera quedando como resultado un ciclo autosustentable (al menos en los papeles)

¿Porqué no se avanzó más en la idea de los alemanes de la década del 40? Básicamente, según Bosch, por sus altísimos costes de producción, que a día de hoy hacen inviable poder suministrar este combustible sintético a nivel global ya que por unidad de peso es más eficiente el carbón que el combustible producido. Aquel proyecto del siglo pasado obedeció a una necesidad imperiosa y hoy gracias al apoyo del gobierno alemán, Bosch sigue estudiando el desarrollo de este combustible en un puñado de plantas con la esperanza de abaratar su producción en futuro a medio plazo y convertir este combustible en una alternativa real a los derivados del petróleo.

De acuerdo a los cálculos de la multinacional alemana, cuando este combustible llegue al cliente final, su precio oscilará entre 1 euro y 1’40 euros el litro sin impuestos, es decir, que una vez sumados los impuestos de cada país, prácticamente doblará en precio a la nafta, tomando como referencia su precio actual. Si esos son los costos en la actualidad es de esperar que a medida que Bosch siga investigando los costos de producción se abaraten de forma considerable con el paso del tiempo.

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