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En Miraflores

La Escuela 961, reflejo del complejo entramado social del Chaco profundo

“Messi” reza la camiseta número 10 que luce orgullos Juancito, mientras vierte el agua de una jarra en el flamante purificador que recibió, con gran expectativa, su escuela, la Nº 961 del paraje Central Norte de Miraflores. Lejos de la comodidad y el lujo de La Macía, pero con el mismo ímpetu con el que el astro argentino apila rivales en las canchas españolas, este niño Qom realiza, paso a paso, las tareas para acceder a un vaso de agua segura, quizás, por primera vez.

La escena se desarrolla en el establecimiento inaugurado en 2014, ante la mirada entre entusiasta e inquisidora de buena parte de las familias Qom cuyos chicos concurren a la escuela, maestros y autoridades comunales del lugar, en el marco de la acción solidaria articulada entre la Fundación Agua Segura y el Banco de Galicia. El aporte, aunque valorado, no deja de ser poco más que un oasis en medio de un desierto colmado de necesidades básicas insatisfechas desde años inmemoriales.

Vivir cuesta

En la comunidad de Miraflores confluyen criollos, Qom y Wichi. En total, la población alcanza las 20.000 personas, distribuidas en el ejido municipal más extenso de la zona, que se extiende desde  las proximidades de Castelli hasta el Parque Nacional La Fidelidad. 

La localidad cuenta con un acueducto que asegura la provisión de agua en su casco urbano. Al resto de los lugares, como a la escuela Nº 961, el líquido vital se reparte con camiones de la Municipalidad, con una regularidad que deja no alcanza a conformar a las familias sobre todo de los parajes más alejados.

El ducto que provee el agua se encuentra activo, aunque faltan algunos detalles para su operatividad plena. Llega desde Castelli, a través de la toma que se encuentra a la vera del Bermejo.

El intendente de la localidad, Néstor Amarilla, admite que las necesidades son variadas, pero la salud preocupa. “Tenemos puestos sanitarios de distinta complejidad, pero por momentos nos vemos abandonados”, asegura y como muestra señala una salita asentada en las proximidades de la escuela que muestra claros signos de actividad nula.

En cuanto a la relación con el Gobierno provincial, el jefe comunal asegura que “es buena”, con un diálogo fluido que permite trabajar con mayor intensidad en áreas como Turismo y Educación.

El abrazo partido

En la Escuela Nº 961 del paraje Central Norte no hay espacio para la leyenda rosa: es un espacio donde las tensiones étnicas y políticas se hacen intensas; y la pobreza se muestra con la ferocidad que muchas veces se prefiere ocultar.

El director del establecimiento, Luis Ladousse, asegura que con la presencia de visitantes en la escuela “es como que el aprendizaje se potencia”. Sin embargo, el plantel de 11 docentes, entre maestros de grado, bilingües, auxiliares y profesores de educación física y plástica; encara día a día el enorme desafío de llegar a todos los chicos.

Oscar Soria es el referente de la comunidad Qom, que es mayoría en la escuela. Valora las acciones que comanda el director del establecimiento, pero remarca que necesita el respaldo comunal.

“Tenemos muchas necesidades, fundamentalmente en lo que se refiere a la Salud”, indica, aunque destaca que en el último año y medio la situación social ha empeorado “notablemente”.

“Nuestra comunidad está acostumbrada a convivir con necesidades de todo tipo: hoy nos falta trabajo, y no tenemos cómo afrontar los costos cada vez más altos de los alimentos para llevar a nuestra mesa”, grafica y concluye: “Sería bueno que a partir de esta acción solidaria, los dirigentes entiendan que lo importante es mantener en el tiempo la ayuda a todas estas familias que enfrentan grandes problemas día a día, porque todos te abrazan en campaña, pero después desaparecen”.