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Leer en Resistencia

Por Mempo Giardinelli - Ante todo quiero decirles que esto que veo desde aquí es impresionante. Es una visión para mí conmovedora, porque me hace sentir que más allá de mi obra literaria personal, y más allá del significado social de nuestra Fundación, tuvieron sentido todos estos años de trabajo por el Fomento del Libro y la Lectura desde una perspectiva no comercial sino conceptual y educativa... Con más de 700 distinguidos invitados cada año. Con decenas, centenares de colaboradores que se acercaron durante estas dos décadas y pico. Con este público impactante, fiel y ansioso, de los y las cuales hay una sola persona que estuvo siempre y quiero homenajear: la compañera de mi amigo Eduardo Fracchia, el poeta y filósofo que tuvo la mala idea de morir tan joven, Adela Rattner. Es la única que ha estado en los 22 Foros, sin faltar jamás y poniendo el hombro. ¡Gracias, Adelita!

También quiero agradecer, ya que estoy en plan de devolver afectos, el acompañamiento de tres gobernadores de esta provincia que comprendieron la trascendencia de este Foro: Ángel Rozas, Jorge Capitanich y ahora Domingo Peppo. Es justo agradecerles la delicadeza, el apoyo y la ejecutividad, porque todo el mundo sabe que nuestra Fundación no recibe ni pide ni quiere subsidios, pero una vez al año necesitamos un refuerzo y ellos siempre nos aseguraron el auspicio de Lotería Chaqueña. Que se suma al de muchas otras instituciones y empresas públicas y privadas, todas las cuales también nos honran y hacen posible esta magnífica celebración de la Literatura y la Lectura. Y por ello los voy a invitar luego a que digan unas breves palabras.

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Ahora bien... El 14 de agosto de 2002, hace exactamente 15 años, inauguramos este Foro en el Guido Miranda. Eran unas 600 personas las asistentes, y todo era muy difícil. La Argentina estaba en llamas y nosotros sin un peso, y ni quebrachos teníamos que eran la moneda local. Pero el verano anterior, el horrendo mes de enero posterior al fatídico diciembre de 2001 con el corralito y el endeudamiento y el robo masivo, nosotros habíamos tenido la loca, pero tengo para mí que preciosa idea, de resistir mediante un Festival de Lectura de Poesía, que duró cuatro días y al que vinieron, en colectivo, poetas de diferentes provincias y una de las cuales vuelve hoy, la cordobesa Susana Cabuchi. Aquello fue una maravilla romántica y nos ratificó que no podíamos cancelar el que iba a ser el 7º Foro, lo cual habíamos llegado a pensar.

Evoco ahora aquel agosto, y ese 7º Foro, porque las circunstancias hoy son muy parecidas. La historia nunca se repite, como suele creerse, pero sí muestra rasgos de similitud y sobre todo cuando se trata de las desdichas de los pueblos. Por eso en el caso del pueblo argentino parece que cada equis cantidad de años las taras y pesares, y las políticas nefastas, se repiten.

Tengo claro que algunas personas pensarán que estoy refiriéndome al pasado, a lo que ya pasó. Y tienen razón, pero les voy a decir por qué. Porque hace poco aprendí que desde hace siglos los pueblos aymaras son los únicos que ponen el pasado adelante y el futuro atrás. Al contrario de nosotros los indo-europeos, ellos ponen al pasado adelante para verlo en todo momento, porque consideran que para mejorar el presente lo importante es mirar el pasado, puesto que el futuro siempre está determinado por propósitos, fantasías y deseos. Sabiduría originaria americana que bien haríamos en retomar.

Por eso me parece que es hora de desempolvar los buenos viejos clásicos de la Literatura universal, latinoamericana, y argentina, para reaprender el sentido de las resistencias. Pienso por ejemplo que es urgente llevar nuevamente a las aulas y leer la tragedia de Jean Valjean, el inolvidable personaje de Los Miserables, de Víctor Hugo. O leer el breve cuento La balanza de los Balek, de Heinrich Böll, que siempre pesaba a favor de los patrones. Y ni se diga la empecinada resistencia del pacífico pero inclaudicable Bartleby, de Hermann Melville. Y por qué no dar de leer también las Cartas de la Cárcel, de Antonio Gramsci condenado a prisión y destierro sin juicio previo. Y por supuesto también leer a los entrañables personajes de nuestros Luisa Valenzuela, Osvaldo Soriano, Tununa Mercado.

Este es un tiempo, digo yo, en el que han destruido el PNL. Dejaron de mandar millones de libros literarios a las escuelas, porque estos ignorantes creen que se aprende solamente con manuales y a la vez han discontinuado el Programa Conectar Igualdad, que tantos niños y jóvenes nuevos lectores produjeron durante años, es nuestro deber resistir ayudando a despertar en los chicos la idea, la convicción, la certeza de lo que está bien y lo que está mal, de lo que es justo y lo que decididamente no.

Si miramos hacia el pasado poniéndolo adelante, seguramente encontraremos textos maravillosos en los que lo importante no es que los personajes ganen o pierdan, sino que ganen con altura y discreción, o pierdan con gloria y dignidad como corresponde a los perdedores hermosos, esos personajes que saben ser optimistas y levantar la cabeza aun cuando la realidad es tan dolorosa, como les sucede a algunos personajes de la literatura rusa (de Anton Chejov, de Pushkin y de Gorki) o de la literatura norteamericana y pienso en John Steinbeck y William Faulkner por lo menos.

Siempre tengo en mente aquella cita del poeta Ezra Pound, de que es difícil describir un paraíso cuando todas las indicaciones superficiales hacen pensar que estamos en el infierno, y sin embargo el poeta no se rinde. Como los personajes marginales de Elías Castelnuovo, de Clementina Rosa Quenel, de Roberto Mariani y por supuesto los emblemáticos de Tito Cossa, siempre a contramano de las normalidades imbéciles de la vida burguesa.

No dudo que volver a la literatura, y a nuestra literatura, es el mejor aporte que podemos darle a los más jóvenes en tiempos ominosos como el presente argentino de estos años. Y es claro que para aportar hay que leer, y dar de leer, y forjar lectores convencidos nosotros lo estamos de que la lectura construye ciudadanía. Sobre todo cuando sembramos la mejor literatura, que es sembrar del mejor modo el deseo de leer.

Todo cabe en un rato de lectura diaria en el aula. Leer en voz alta, que es la tarea que propone este Foro desde hace años. Por eso nunca fuimos espacio complaciente, jamás fuimos espacio de repetición de modas, ni locos dejamos de lado jamás el pensamiento propio, el pensamiento crítico aunque a veces nos tiren la bronca. Nosotros en estos Foros, y en nuestra Fundación que es transparente por donde quieran mirarla, como Don Quijote recomendaba a Sancho “no nos detenemos a espantar los perros del camino”. Seguimos caminando y predicando una docencia mejor, diferente, crítica, comprometida, disconforme y rebelde en el mejor sentido de la palabra. Que eso, para nosotros, es resistir.

Y no sólo esos personajes clásicos, también mujeres literaturizadas capaces de resistir de manera ejemplar como Isabel de Guevara, a quien rendí homenaje en un capítulo de mi novela Santo Oficio de la Memoria porque fue la más valiente y noble conquistadora llegada a estas tierras en el Siglo XVI, y ninguno de sus compañeros, grumetes o capitanes, fue capaz de doblegarla. Ejemplo implícito, diría yo, de las mujeres de los cuentos y novelas de Angélica Gorodischer, como la heroína de Palito de naranjo. O las mujeres yeguas de Luisa Valenzuela, que enfrentan la tortura y la sumisión con su última dignidad. O aquella muchachita de Liliana Heker que en La fiesta ajena recibe una lección de dignidad. Y son legión nuestras autoras, con Griselda Gambaro a la cabeza y las nuevas generaciones de narradoras como Samanta Schweblin, Gabriela Cabezón Cámara y Mariana Enríquez, por citar sólo a algunas que han pasado por este Foro.

Es hora de elegir con mucho cuidado, como dice Natalia, porque el paisaje se está llenando de adultos vencidos y será nuestra obligación mostrar que lo sensible, lo bello, lo humano y lo justo puede prevalecer.

Como los pueblos aymaras, tenemos que mirar al pasado pero el pasado que está en la literatura. Tenemos que educar para leer porque leer abre los ojos como dice nuestro lema desde hace más de 30 años. Y educar para leer porque leer es la paz. Porque leer ayuda a tomar conciencia. Y porque leyendo la gran literatura nos resistimos al cinismo imperante, la ironía que ofende, al fraude que nos están haciendo y no sólo en las urnas. Resistir, digo, a la infantilización de nuestro pueblo que cada vez más intensamente es tratado como si fuera, nomás, un pueblo idiota.

Necesitamos una educación exigente, con lecturas difíciles, que no renuncien a una sola palabra por compleja que sea. No más traducir ni facilitar a los chicos, que con eso sólo se contribuye a hacerlos tontos y dispositivo - dependientes, o sea adocenados consumidores, personas reducidas a la estúpida categoría de “clientes”. Tenemos que recuperar el valor de las palabras. En las bibliotecas no queremos “usuarios”, queremos “lectores”. En las aulas no queremos “educandos”, queremos estudiantes que empiecen a pensar el mundo con criterio y sentido crítico, para lo cual tenemos que enseñar criterio y sentido crítico, y aprender, caramba, a pensar para enseñar a pensar! Pensar, no repetir. Analizar, no criticar porque sí. Entender, no aceptar. Resistir, no apichonarse. Releer a Manuel Belgrano, a Mariano Moreno, a José de San Martín, a Juan José Castelli, a Domingo Faustino Sarmiento en su espíritu y su acción pedagógica fundacional, y aquí en el Chaco releer a nuestro Alfredo Veiravé, a nuestro Aledo Luis Meloni y a nuestro Eduardo Fracchia. Hay que cuestionar, dudar, repensar los significados, dar vuelta los discursos, develar los trucos, denunciar las mentiras. Más que nunca la literatura puede ser el domicilio de la esperanza.

Esto que está pasando en la Argentina ya nos pasó. Tenemos que educar, entonces, también para esta Memoria, vinculada a la Memoria Activa de la Verdad y la Justicia, como fue pedagogía aplicada y en lucha desde que recuperamos la democracia.

Enseñar a reconocer el lenguaje del desprecio para saber descartarlo, enseñar a despreciar la falsa modestia y a luchar contra la ignorancia vestida de seda, de las intenciones aviesas debajo de las palabras aparentemente inocentes. Enseñar a apagar la telebasura, a despreciar a los despreciables mentirosos, a los que inventan y ensanchan y medran con grietas y divisiones entre hermanos. Enseñar que la Economía no es el nuevo Dios del mundo, porque el Dios de siempre, cualquiera en el que creamos y si acaso existe, es y será siempre un sujeto de amor y de paz.

Dickens, Dumas, Los tres mosqueteros, el Príncipe Valiente y Ricardo Corazón de León pueden y deben hermanarse en los espíritus junto con Sandokán y Toro Sentado y los lonkos mapuches y nuestros hermanos Qom, Wichís y Mocóiq. Es enorme el aporte que un docente puede hacer desde la intimidad de una clase. Es enorme la resistencia que una bibliotecaria puede sugerir y ejercer simplemente dejando libros fundamentales a la vista y a la mano de nuestros chicos y chicas. Es tiempo de enseñar más palabras que nunca. Y palabras mejores. Y blandirlas como espadas, como facones del pensamiento que sabe resistir. Palabras que ponen palabras en la voz de los que no las tienen o están confundidos, los distintos, los pobrecitos jodidos de Juan Rulfo, los nadies de Eduardo Galeano.

Al inaugurar aquel 7º Foro sostuve que nos reuníamos para discutir ideas sobre nuestra pasión (la lectura) y sobre nuestro objeto amado (el libro), porque estaban en peligro y todos sabíamos, como sabemos hoy, que sin libros y sin lectura no hay futuro posible, porque si no se lee el seguro destino de nuestros pueblos es más ignorancia, y por ende peor calidad de vida.

Sostuve también, y reitero ahora, que en países como los nuestros hacer cultura es resistir. Escribir obras con anhelo de trascendencia ética y estética, es resistir. Hacer leer a nuestro pueblo es resistir. En tiempos de gravedad y peligro de disolución nacional como los que ahora vivimos en esta hoy violada por fraudes y mentiras República Argentina, la resistencia es, pienso yo, la misión más honorable de los educadores, de los narradores, los poetas y los intelectuales.

(Mensaje completo de Mempo Giardinelli al inaugurar el Foro).

Un encuentro para resistir con la lectura

Mas 3000 maestros, profesores, bibliotecarios y especialistas se encontraron en Resistencia para participar de la edición número 22 del Foro Internacional por el Fomento del Libro y la lectura, organizado por la Fundación Mempo Giardinelli, uno de los acontecimientos culturales más convocantes de esta región.

En 40 establecimientos educativos, cerca de 5000 estudiantes recibieron la visita de escritores argentinos como Elsa Osorio, Guillermo Saccomanno, Fernanda García Lao, Gustavo Nielsen y Alejandra Laurencich, así como también de poetas, narradores e intelectuales de México, Brasil, Chile, España y China. Las actividades, que transcurrieron en escuelas, bibliotecas e instituciones públicas de la ciudad chaqueña, indagaron los vínculos entre educación, literatura y lectura. Otro programa de la Fundación acerca libros, alimentos e infraestructura a escuelas y comedores infantiles de la provincia, en particular en comunidades de El Impenetrable.

Este año el lema del Foro es “Leer en Resistencia”, que alude al nombre emblemático de la ciudad anfitriona y a la capacidad crítica que la lectura promueve. “Sobre todo en estos tiempos de retroceso y frivolización -indica el autor de Santo oficio de la memoria-, se abordarán autores y textos que mostraron y propusieron formas y personajes de las resistencias, tanto personales como colectivas, esas épicas imprescindibles para la formación de una ciudadanía crítica y participativa”.

Entre esas instituciones figuran el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la provincia de Chaco, el municipio de Resistencia y Conabip.

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