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Se presentó Poesía Reunida de Cacho González Vedoya

Días atrás se presentó el libro “El ángel del baldío” del poeta Genaro “Cacho” González Vedoya . En la presentación estuvieron Pedro Zubieta, Carlos Lezcano, Coqui Ortiz y el trío Tajy.

La publicación de este libro de poesía reunida de Cacho constituye un acto de justicia no solo para la provincia de Corrientes sino también para toda la región. Sabidas, sentidas y cantadas son las letras hechas canción del poeta itateño, las mismas que forman parte ya del imaginario del chamamé que inició una fructífera renovación en la década del 70”, escribió en el prólogo del libro el poeta Rodrigo Galarza.

Este libro fue publicado por la editorial Moglia, Antes Vedoya había publicado los libros Más acá del Alba, Canciones para ir cantando, Como Pan Casero, Gente de mi Pueblo, Intemperie del Alma y Agua del Río.

cacho gonzalez vedoya
La poética de González Vedoya es una poética del cambio perpetuo y la renovación. Foto Carlos Maciel.

González Vedoya desde hace algunos años inició una intensa labor como letrista y coautor de chamamés y otros ritmos litoraleños, que lo llevarán a componer junto a Mateo Villalba, Antonio Tarragó Ros, Aldy Balestra, Mario Bofill y Pocho Roch. Entretanto su obra como poeta se desarrollará con más sigilo, con algunas publicaciones esporádicas en periódicos correntinos, hasta que en el año 2007 será primero homenajeado en el Teatro Vera de la Ciudad de Corrientes con un espectáculo sobre su obra musical, y al año siguiente la Subsecretaría de Cultura publicará Como pan casero, un poemario que reúne la mayoría de sus mejores poemas desperdigados en otros medios.

Luego de este reconocimiento a su pluma, publicará aún tres poemarios – Agua de río, Interperie del alma y Gente de mi pueblo – que ahondan en sus temáticas siempre presentes,  porque como dijera el mismo González Vedoya, “los que saben dicen que uno tiene una sola poesía toda su vida. Sólo se hacen algunas variaciones. Yo también creo que uno siempre tiene un color de canto, un motivo de canto hasta el final de su vida”.

Hace un tiempo Facundo Binda escribió sobre este poeta, “si cualquier punto es bueno para acceder a la poética de Cacho González Vedoya, elegiré por su papel fundacional el poemario Como pan casero, pues en este libro hallamos ya todas las vertientes líricas que atraviesan su poesía y su labor como letrista del chamamé. Este poemario es – como todo pan casero – rústico, hecho con pocos ingredientes, de poca artificiosidad. Pero por ello mismo único, “con aura” diría Walter Benjamin, ajeno a la posibilidad de reproducción, e indudablemente irrepetible.

Tres elementos predominan y se imponen en la poética de González Vedoya: la luna, el río, el viento. A partir de estos tres elementos las canciones y los poemas se abren hacia diferentes rumbos. No es casualidad su aparición reiterada y combinada: los tres son símbolos del constante fluir. El río – la figura preferida de Heráclito – siempre yendo hacia el mar, siempre el mismo y a la vez siempre distinto; el viento que viene desde el norte y pasa por encima de campos y hombres; la luna que camina su eterno ciclo creciente y menguante. El fluir de la vida hacia la muerte se condensa en ellos, y es a partir de allí que propongo entrar en la obra de este notable poeta.

De estos tres elementos, el más vital es sin duda la luna. La luna es en el folclore uno de los objetos más evocados; no hay que esforzarse mucho para recordar Lunita de Taragüí de Edgar Romero Maciel, Luna cautiva del Chango Rodríguez o Luna tucumana de Atahualpa Yupanqui. También en la literatura (sobre todo en la romántica y la modernista) aparece la luna reiteradamente: en los Nocturnos de José Asunción Silva, en el Lunario sentimental de Leopoldo Lugones o en el uso que hace de ella García Lorca en Bodas de sangre o en su Romance de la luna, luna, por citar sólo algunos ejemplos.

Por su parte Cacho escribe: Conservo en la memoria/ las calles de mi pueblo/ la luna era de adobe/ y el cielo era un tejido/ por donde se entreveía la claridad de Dios.

Otro lugar interesante para abordar la tensión que hay entre la poética literaria y la chamamecera de Cacho González Vedoya es la de sus personajes puebleros y urbanos. En sus canciones el poeta rescata a los hombres de Itatí, su pueblo, y hace de cada uno de ellos el centro de una composición. Es que en el pueblo todo el mundo se conoce, tiene nombre y apellido, y todos tienen además una función, están integrados al entretejido social. Así surgen desde su infancia el barrilero Sinesio, de la época en que había que traer el agua para beber del río, el farolero Miguelito, la lavandera Dominga, el campanero Nati, el carpinchero Valdez y el loco del pueblo, Dorico, ese que no quería que nadie le pise la sombra. Cada uno de ellos a su vez fundido con su oficio, a tal punto que no es posible saber donde se separan hombre de instrumento.

El eterno retorno del poeta asegura así la interminable vuelta de la música y el verso; el río vuelve gracias a la lluvia, el viento vuelve a soplar y la luna a nacer. La poética de González Vedoya es entonces una poética del cambio perpetuo y la renovación, por medio de la muerte, hacia una nueva vida. Ahora Cacho González Vedoya nos invita a recorrer estos caminos en “El ángel del baldío”.

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