El Estado debe potenciar la agricultura familiar
“Hijo... cuidá la tierra... dejá siempre una parcela para sembrar papas, maní, cebollas, maíz, sandías y también verduras”, le dice a su hijo Carlos Staziuk, un pequeño productor rural que vive a la vera de la ruta nacional 16, en Avia Terai.
Allí, en un pequeño lote, hace siembra de frutas y hortalizas, y las vende en un pequeño e improvisado puesto de ventas donde pasan y paran para comprar automovilistas de distintos puntos de la provincia.
Carlos, junto a su esposa e hijos, también cría cerdos y gallinas. Cuenta que hubo una época en que pidió a los sucesivos gobiernos provinciales lonas, plásticos y otros elementos, “pero me cansé, y ahora hago todo por propia cuenta y para comer nunca falta”, le cuenta a este periodista.

Así, la familia Staciuk, integrada por tres hermanos, hace producción a pequeña escala de horticultura, ganadería porcina, agricultura y apicultura, en un pequeño lote de 3 hectáreas siembran lechuga, habas, acelga y perejil.
Omar Cendra, en el lote 27 de Pampa Napenay, divide su tarea en la cría de vacas y también de cerdos y gallinas. “Ya no me dan las espaldas para sembrar y entonces estoy alquilando el campito”, cuenta, a la par que dice que gracias a la ayuda de algunos amigos logró construir una represa para almacenar agua para el verano.
“Estoy contento, pero ya no siembro más por propia cuenta porque me quedé sin herramientas, las pocas que tenía se me rompieron y ya no las pude reparar”, cuenta.
Más población, necesidad de más alimentos
No se justifica, literalmente, que habiendo tanta tierra disponible se padezca la necesidad alimentaria. La población chaqueña sigue creciendo. Y eso implica consecuencias directamente proporcionales como el aumento del delito, la falta de empleo, el reclamo por servicios como salud, arreglo de calles, luz y alimentos. Y en medio de todo esto, conviene hablar de un tema del que muchos prefieren mirar para otro lado: la producción primaria para sustento familiar.
El Chaco, fundamentalmente el interior, tiene su población laboralmente activa dependiendo en su mayoría de la actividad privada. Hay que aclarar que no es en su mayoría empleo formal, porque la enorme carga tributaria sigue empujando a la informalidad y son los comercios de distintos rubros los que más mano de obra ocupan.
En 2010 habitaban 1,06 millones de personas en el Chaco, y es el 2,63% de la población total del país. Casi la mitad de la población chaqueña habita en los departamentos San Fernando y Comandante Fernández.
El mercado laboral se caracteriza por ser reducido, dada la baja tasa de actividad que presenta (34,4%), según un informe oficial.
La demanda de trabajo es incesante, y al parecer, algunas metas no se cumplieron en los hechos, más allá de las estadísticas.
Cuentan los dirigentes políticos que recorrieron barrios en distintas localidades del interior del Chaco que se sintieron acorralados con los pedidos de trabajo, en su mayoría, gente joven.
Apostar
Hay diferentes programas de fomento de la agricultura familiar. El INTA, la Nación, las provincias y los municipios, pero es tan difícil lograr la coordinación efectiva para que no se pierda el esfuerzo y los beneficios sean mínimos.
Es el momento de apostar por parte del Estado a que los pequeños productores se olviden del algodón y diversifiquen su producción. Pero para ello deberá organizarlos, darles charlas de información y también empujar para la apertura de mercados.
Debe el Estado propiciar volver a las fuentes, que es sinónimo de producir la tierra, para lo cual necesitará de semilla, agua, fertilizantes y mucho asesoramiento tecnológico.
Los cortes de ruta, las protestas reaccionarias y los pedidos de condonación deberán también desaparecer, pero antes habrá que tomar el costo político de apostar a la agricultura familiar.










