Ilustres desconocidos
A estas horas la suerte ya está echada y se saben los nombres de los dieciséis nuevos diputados que ocuparán otras tantas bancas en la Legislatura chaqueña hasta 2021, según lo confirmará en las próximas horas el escrutinio definitivo. Con las elecciones de ayer se renovó la mitad de los legisladores, los verdaderos “representantes del pueblo”, los que detentan el 33 por ciento del Poder de la Democracia.
Estas últimas afirmaciones son casi literalmente, “en teoría”. Hoy es cuestionable que los legisladores sean los representantes del pueblo. Son, en un elevado porcentaje, los señalados por el dedo de los caudillos de turno y, en muy pocos casos, surgidos realmente del poder popular. Prueba de ello es que de los 32 que conforman el Poder, sobran los dedos de las manos para señalar a los que son conocidos por la población. El resto, diríamos de un 80 por ciento, son ilustres desconocidos.
Una prueba de lo cuestionable de su representatividad es que en muchas oportunidades la que debe ser “la casa del pueblo” porque allí están sus representantes, aparece vallada y vedado el paso para el ingreso, por temor a que se produzcan disturbios o que entren al galope, como sucedió una vez. Para ser sinceros, no es el único Poder con el que esto sucede, mucho más frecuente es el vallado que protege a la Casa de Gobierno, asiento del Ejecutivo.
La obligación primordial de los legisladores es el estudio y la sanción de las leyes que se necesitan para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la provincia, para contribuir al bien común y para asistir a las crecientes necesidades. Y luego controlar que se apliquen. Y no siempre ocurre esto. Muchas veces se priorizan otros temas, gran número de leyes son iniciativa del Ejecutivo y en más de una oportunidad la sanción se logra más por razones partidarias que por necesidades del bien común.
Tiempo completo
El tiempo que los legisladores le dedican a su cometido no es el que se necesita para una acción firme y contundente. Sesionan sólo una vez por semana (hubo épocas en las que había más de una sesión). Están divididos en comisiones que, por lo que se sabe, son manejadas por muy pocos y que, sólo algunas tienen un trabajo frecuente y hay muchos temas que sólo tangencialmente le competen, como son los homenajes a personajes de los más disímiles quehaceres o declaraciones de interés, de pesar o de complacencia, que no suman, hacen perder tiempo y distraen de su verdadero cometido.
La ignorancia por parte de la ciudadanía de quiénes son los diputados y qué hacen se debe también a que la mayoría no sale de los despachos y no se mezclan con la gente para ver cuáles son sus necesidades, cómo funcionan los servicios y las dependencias estatales; qué se hace a través de los ministerios, cómo actúa la Justicia.
Recorrer la provincia
No se conoce que diputados recorran las escuelas, hablen con docentes, alumnos y padres en el escenario de sus actividades. Tampoco se sabe que visiten hospitales, centros de salud de ciudades y de lugares alejados para observar su funcionamiento, las necesidades que existen tanto de parte de los profesionales como de los pacientes. Es raro verlos acudir a las comisarías o dependencias policiales o del Servicio Penitenciario para conocer in situ todo lo que allí pasa y departir con jefes, súbditos y detenidos. No se los ve acudir a pueblos, departir con intendentes, comisiones vecinales, vecinos. Se sabe muy poco que tomen contacto con instituciones de todo tipo, clubes, bibliotecas, parroquias, iglesias evangélicas. No se conoce que actúen como mediadores o componedores en los conflictos que se suscitan entre los gremios mientras la población padece los efectos de los paros. Es difícil que acudan a las chacras para hablar con los productores y saber de sus problemas. En una palabra que tengan una noción de lo que pasa en cada rincón del Chaco, de este Chaco al que dicen representar y que tienen indicadores sociales que lo ubican entre las últimas provincias del país. Todo esto para que puedan cumplir con su misión de legislar con propiedad y con leyes que verdaderamente ayuden al progreso y a superar las necesidades.
Su dedicación debe ser a tiempo completo y deben organizarse para que la gente acuda a ellos, a través de sus empleados, que los tienen en demasía. De lo contrario no cumplen con su misión y viven encerrados en sus despachos y hablan solo en teoría de lo que no conocen sobre el terreno. La verdad es que existe la sensación de que los legisladores no se hacen notar en la vida de todos los días.
Hay que admitir que se debe poner en revisión el papel de los poderes de la Democracia, en vista al fracaso de su cometido en estos 34 años de ejercicio. No estamos mejor que antes en muchos aspectos y si eso pasa, se lo debe atribuir en partes iguales a los tres poderes. Ahora con el ingreso de la mitad de sus miembros en diciembre próximo, será una buena oportunidad para replantear muchos aspectos, sobre todo el de ejercer la representatividad de la población. De esta manera dejarán de ser ilustres desconocidos para convertirse en funcionarios preocupados por cumplir su misión y a aportar con su trabajo al mejoramiento general.










