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26 de julio: aniversario de la Muerte de Eva Perón y del Asalto al Cuartel Moncada, en Cuba

Ya no habrá más penas, ni olvido

Por Eduardo Barreto- “El pueblo trabajador del Chaco, estuvo durante mucho tiempo oprimido y humillado por la clase oligárquica, y se necesitó la acción de un gobierno que, como la promovida por el General Perón, permitió en poco tiempo. cuaduplicar el nivel de los salarios (…) los explotadores, los ladrones y los sinvergüenzas, no tendrán ya ocasión de volver a ejercer su política de explotación del hombre por el hombre, porque está el gobierno amigo de los trabajadores para impedirlo, y hará cumplir la justicia social, inexorablemente, cueste lo que cueste y caiga quien caiga”. Discurso de Eva Perón, en Resistencia, el 19 de mayo de 1949, citada en El Territorio.

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“Martí, que fue el más extraordinario de todos los cubanos, dijo que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz; dijo una gran verdad: se lucha por los deseos de hacer el bien, porque ése es el destino de los hombres, luchar por algo superior, no resignarse a vivir como venimos al mundo. A mí me han dicho que lucho por la gloria; pues no señor, porque al fin y al cabo es una vanidad también”. Discurso de Fidel Castro, el 14 de febrero de 1959, en el edificio donde funcionó el Club de Leones de Fulgencio Batista, en la Habana, Cuba.

Dos personas, dos emblemas, dos apasionados por la justicia social: Eva Perón y Fidel Castro. Diez años de diferencia entre un discurso y otro, pero el núcleo duro de los mensajes, posee el mismo tenor: la lucha contra las oligarquías y el imperialismo y por la superación del ser humano, por quitar las penas y recordar los mejores y peores momentos históricos para sacar enseñanzas. El escenario mayor donde les tocó actuar era el mismo: América Latina, y también los actores por los que ambos dieron la vida; los campesinos, los obreros, los desposeídos, los desvalidos, los ‘grasitas’.

“Volveré y seré millones”

En 2006 tuvimos la oportunidad de conversar con Néstor Hugo Orsi, un amigo de Eva Perón, varias veces embajador durante los gobiernos peronistas. Él estuvo cerca de ella en sus últimos días, en cercanías al lecho de Evita, como él siempre la llamó.

En su libro La Elegida, Orsi hace hablar a la protagonista, primera dama argentina, contado su labor en la Fundación Evita: “Los que me amaron me llamaron jefa espiritual de la Nación, la dama de la esperanza y otros nombres dictados por el amor y el cariño de gente anónima del pueblo. Pero también aquellos que me odiaron hasta el paroxismo, en voz baja me tildaron de yegua, ramera, resentida. También la oligarquía vacuna me llamaba ‘la Perona’ en tono despectivo”.

Más adelante cuenta que en su despacho en la Casa de Gobierno, en el Ministerio o en la Fundación, recibía a diputados, diplomáticos, ministros, trabajadores y lo más importante a sus pobres, desvalidos, ancianos, niños, enfermos. “Se acercaban para desahogar sus penurias de años. Llegaban sin sentirse humillados y se alegraban en mi presencia”, contó.

Eva describió sus alegrías y tristezas, penas y amarguras, y su deseo inconmensurable de hacer junto a Perón una revolución, donde los trabajadores sean la columna vertebral de ese movimiento, y que si era necesario compraría armas en Europa para que si alguien osara ‘voltear’ al General. Decía que ella saldría a la calle, como el 17 de octubre de 1945, para “hacer tronar el escarmiento”, como diría Perón.

La vida no le dio tiempo para vivir aquellos momentos que comenzaron con el bombardeo a Plaza de Mayo, donde murieron 350 civiles.

El Hogar de la Empleada, la Ciudad de los Niños, el Hogar de Ancianos, la Escuela de Enfermería, la transformación de los territorios de Chaco y La Pampa en provincias, fueron algunos de sus tantos logros y su preocupación permanente.

Orsi sostiene las últimas palabras que le habría pronunciado con voz quebrada al General antes de morir fueron: “No abandones nunca a los pobres (…) ellos son los únicos que saben ser fieles”. Fue el 26 de julio de 1952 a las 20.25.

“La historia me absolverá”

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El Cuartel Moncada era una de las fortalezas militares más importantes del territorio cubano. Desde el momento que Fulgencio Batista tomó el poder en 1952, este centro militar, ubicado en Santiago de Cuba, ocupó un papel central en el control y la represión del pueblo cubano.

Cuando en 1953 un grupo de jóvenes revolucionarios liderados por Fidel Castro decidió asaltarlo, entre los objetivos que se trazaron fue iniciar desde ese punto la lucha por la independencia definitiva de la isla. “Pueden vencer o morir allí”- arengó Fidel a sus combatientes-“Si morimos, este gesto, que es sólo la continuación de la lucha política, servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, ¡libertad o muerte!”.

Con 120 combatientes de los cuales sólo 135 salieron al combate, Fidel y sus hombres tomaron por asalto el cuartel, pero dos errores táctico militares impidieron la toma total del regimiento. Un camión con las mejores armas se extravió y cayeron en combate 55 miembros de las brigadas revolucionarias. El resto fue encarcelado, la mayoría torturada y luego fusilada.

Fidel estaba entre los detenidos. En el juicio no quiso abogado; su alegato defensivo (conocido más adelante como La historia me absolverá) consistió en denunciar las atrocidades cometidas por Batista contra el pueblo cubano y los ideales de lucha de sus compañeros caídos en combate. Parafraseando a Castro en aquella famosa pieza oratoria, sostenía: “Lo que queremos es que todos tengan escuelas, que todos tengan zapatos; lo que queremos es no empobrecer a nadie, sino que todo el mundo tenga lo necesario. Para nosotros este valle de lágrimas que es la tierra, ha sido el valle del infierno, de todas las penas y de todos los dolores”. Dio ese discurso en Mantua.

El 12 de junio de 1955 se había fundado el Movimiento de Liberación 26 de julio ( M-26-7) con el cual llevaría adelante el ataque a la isla, en la embarcación Granma, y luego continuaría las batallas en Sierra Maestra, hasta el triunfo revolucionario en 1959.

Dos emblemas, dos iconos de la revolución popular. Cada uno con su ideología y sus métodos de lucha. Se los denostó, se hizo apología de los dos; tanto de Eva Perón como de Fidel Castro, pero nadie podrá negarles el rol central que tuvieron en los procesos de lucha por la liberación en América Latina.

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