El presente griego de Aguad para los argentinos
El flamante ministro de Defensa, Oscar Aguad, que asumirá mañana al frente de esa cartera, es recordado entre otras cosas por el papelón que hizo al poco de asumir el Ministerio de Comunicaciones de la Nación cuando se mostró sorprendido por avances tecnológicos que ya existían hace varios años. Pero en nuestra región, su figura se asocia a algo mucho más grave: su presunta participación en el delito de defraudación al municipio de la capital de Corrientes por una cifra estimada en 60 millones de dólares, cometido durante su gestión como interventor federal en esa comuna entre 1999 y 2001.
La ciudadanía, lamentablemente, nunca podrá saber el grado de responsabilidad de Aguad en esa maniobra, que fue calificada como la mayor estafa contra el erario público en la historia reciente de Corrientes, porque en el año 2014 la Corte Suprema de la Nación declaró la extinción de la causa por prescripción y lo sobreseyó, cuando por entonces era diputado nacional de la UCR por la provincia mediterránea. El fallo de la máxima instancia judicial del país generó en su momento fuertes cuestionamientos desde distintos sectores políticos e incluso formó parte de un tenso debate que tuvo lugar en la Cámara de Diputados de la Nación, donde se presentó una cuestión de privilegio contra el legislador. Tras conocerse la decisión del alto tribunal, la mayoría de la ciudadanía de Corrientes supo que la nefasta gestión del cordobés en la comuna de la capital provincial había dejado el sabor amargo de la defraudación millonaria. En ese momento, desde distintas fuerzas política cuestionaron ’las maniobras judiciales’ que se habrían llevado adelante para beneficiar a Aguad, ’dormir’ la causa y ’sobreseer’ por prescripción al funcionario en la investigación por el presunto delito de defraudación varias veces millonaria. Pero el problema es que Aguad forma parte hoy de un gobierno nacional que, al menos en lo discursivo, levanta las banderas de la transparencia y que, de la mano de grupos de medios amigos insiste en mostrar la paja en el ojo ajeno. Resulta llamativo que este funcionario que al poco tiempo de asumir en el Ministerio de Comunicaciones fue objeto de burlas en las redes sociales por su evidente desconocimiento del área que quedaba en sus manos (en 2016, tras participar de una feria internacional se mostró sorprendido ’por la tecnología que viene’ y dijo a un periodista: ’Usted se va a sacar una radiografía en La Rioja y se la va a poder analizar un hombre en Boston’, cuando esa posibilidad existía ya hace varios años), ahora sea designado al frente de Defensa un área altamente sensible para los intereses nacionales.
En rigor, no debe sorprender a nadie que Oscar Aguad concluya su tarea en un ministerio para transformase en el nuevo titular de Defensa, y que ese Ministerio de Comunicaciones que lo tuvo al frente hasta la semana pasada desaparezca como por arte de magia luego de desguazar la ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual y abrir las puertas a negocios que favorecen a los grandes grupos concentrados de comunicación que se esfuerzan día a día para mostrar una realidad color de rosa del país. A la luz de estos hechos queda claro que esa fue la única finalidad con la que fue creada la cartera de Comunicaciones y que Aguad, en poco más de un año, cumplió a pie juntillas la tarea que le encomendó la administración Macri. Al parecer, para eso no tuvo necesidad de ser un profundo conocedor de los asuntos técnicos en los que tenía competencia el Ministerio de Comunicaciones. La figura de Aguad deja a los argentinos el mismo sabor amargo que dejó en Corrientes y, como si fuera un presente griego que traerá serias consecuencias, también nos regala un nuevo mapa de medios que favorece a socios y allegados del gobierno nacional, con el agravante de que ese cambio llega sin ningún tipo de control ciudadano.










