Me comparto
“El motor por el cual vivimos es para recibir y dar amor. Sé generoso la vida se hace más simple”.
Compartir
Verbo transitivo
1. Dar [una persona] parte de lo que tiene para que otra lo pueda disfrutar conjuntamente con ella. “Dividió su trozo de pan en dos y lo compartió con el caminante; (fig) el chamán utiliza una serie de pensamientos que comparte con la parturienta y que bien manipulados la ayudan en el parto difícil”.
2. Usar o poseer una cosa en común o realizar algo conjuntamente. “Estas tres casas comparten el pozo de agua; encuentro realmente difícil transmitir una experiencia que no se ha compartido; estas playas son compartidas cordialmente por aquellos que usan traje de baño y por los que prescinden de él”. Cito esta palabra porque me gusta mucho y para contar algunas historias sencillas llenas de ternura:
LAS MIL Y UNA MIGAS

Suelo invitar a mi novio a comer en la cama, mientras miramos tele, charlamos o escuchamos música, ese día el menú era unos sandwichitos; ya era tarde como para dar muchas vueltas en la cocina. La idea era compartir, ¿viste cuando empieza algo nuevo?, uno busca lucirse un poco. La presentación era linda, lo primero que él hizo fue agarrar el sándwich y ponerlo encima de una servilleta sobre el mismísimo acolchado blanco, todo esto veía de reojo, medio de costado, como para no incomodar. Pero la verdad ya sabía que venía.
¡No, toma la bandeja, ya veo lo que va a pasar! Bueno. De igual manera eso no sucedió, las migas iban cayendo en el cubrecama una a una. ¡Vos vas a sacudir todo cuando te levantes! -silencio- Cuando llego la hora de irse él, yo me dormí, entre sueños sentí algo que me pinchaba en la espalda y piernas, pensé que era un bicho, ¡salté!, percatándome que el colchón estaba lleno de mil y una migas.
EN EL INSTANTE MISMO
Me gusta visitar la plaza, más que nada porque sé que mi hijo se hace grande, y después no lo vamos a hacer. Nos dirigimos a las hamacas, el sube, y me dice ¿me hamacás má? Y ahí sucede lo mágico del momento, un regalo del tiempo que nos tiene a él y a mi ahí mismo en una burbuja encantada.
CONVITE
Algunos domingos preparo panes caseros o tortas dulces para la hora del mate. El lunes cuando voy a mi trabajo, me gusta obsequiar a las personas que pasan la mitad del tiempo de mi vida conmigo en la oficina.
EL POSTRE DE MI ABU ÁNGELA
La amistad ha sido muy importante para mí desde niña, cerca de mi casa vivía una de mis mejores amigas con quien compartía muy lindos momentos, teníamos 6 años. Un día me dijo que se mudaba a otra provincia.
En el instante de la mudanza, no me animé a despedirla, quedé mirando por la ventana de la cocina mientras se llevaban sus cosas, llorando desconsoladamente. Como si el corazón me lo hubiesen arrancado. Despacito ciento una mano que toca mi hombro, era mi abuela que me traía un postre muy rico que ella hacía sólo en ocasiones especiales. Quedamos las dos mirando por la ventana y comiendo ese exquisito postre que ella me lo hizo para consolarme.
LA ÚNICA CUCHARA
Eran como una familia normal de esa época, humilde y con muchos hijos, compuesta por 14 hermanos. Vivían en una casa pequeña con piso de tierra, en calles de polvareda, viento sur y sueños de barro. Su papá, realizaba distintas changas en las épocas donde no era de cosecha de algodón, allí trabajaban todos pasando meses en el campo. Nunca faltó nada, a ninguno, era justo. En ocasiones especiales cuando algún pariente, o una visita llegaba, rápido se compartía agasajando humildemente con lo que había. Mi abuela preparaba la mesa para los niños, los llevaba a un rincón con dos mesitas, un par de platos y un par de cucharas para cada mesa, porque no alcanzaban todos los cubiertos.
Ojo, tenemos visitas así que se portan bien chinitos, nada de andar peleándose, se pasan la cuchara y comen calladitos, hay mucha comida no sean angurrientos, ¡way!
Ordenadamente comían en silencio y se pasaban el turno, nadie se peleaba, por ahí alguno cuchareaba grande (nada grave). Aprendieron a compartir, pero no los cubiertos que era lo más obvio, aprendieron a regalarse momentos que el tiempo hizo recuerdos. Quiero agradecer a todas las personas que compartieron conmigo sus historias, obsequiándonos un pedazo de sus vidas.
Facebook: Corina Schaefer
La Vida es un cuento










