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El oso

Al parque nacional de Yellowstone, Estados Unidos, asisten alrededor de 160.000 turistas por año. Tiene 3.700 personas que atienden a los viajeros y que mantienen el área forestal. Además de bisontes y lobos, el parque tiene una gran población de osos.

A cada viajero se les hace una petición al ingreso del parque: “No le dé de comer a los osos”. Esta recomendación tiene un cartel grande en la recepción, en cada cabaña, a lo largo de los recorridos y también el mismo guía la hace en forma verbal. A un periodista le llamó demasiado la atención este pedido, y le preguntó al director principal del parque por qué no se podía dar de comer a los osos. Este le contestó que además de los bisontes, lobos o cualquier otro, esos animalitos suelen acostumbrarse a recibir la comida que las personas les dan e instintivamente se quedan parados junto al camino esperando que pase algún grupo de visitantes lanzando algo a sus garras.

El problema comienza en la temporada baja de turistas. Los osos no desarrollan su capacidad de buscar alimento en forma natural y terminan muriendo de hambre. “Cientos son recogidos cada año y aunque nosotros insistimos que no se les dé de comer, la gente simplemente decide ignorar esta petición”, contó el director.

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La costumbre

La gran pregunta, como chaqueños, que debemos hacernos, es si estamos del lado de los turistas que dan de comer en la mano, o del lado de los osos del parque mencionado, que hasta han perdido el hábito de cazar para su propia alimentación.

¿Cuál es el ejemplo y la enseñanza de la cual aprenderán los niños? ¿Esperar de los planes sociales? No existen recetas mágicas. Solo que debe cambiarse -so pena del precio político que pueda ocasionar al gobierno de turno- el drama cultural que tiene no solo el Chaco sino la Argentina toda.

“La rueda mágica de la política” mira para otro lado el drama del efecto multiplicador de toda una generación que no lee, no se informa, no se capacita y solo escucha música, mira videos y en el peor de los casos, cae en el alcoholismo y en las drogas, por falta de expectativas.

Es que se ha perdido la cultura del trabajo. Y por eso, deberíamos declararnos en estado de emergencia laboral. Y ese efecto multiplicador ni siquiera nos permite visualizar un marco de proyección al corto y mediano plazo.

A ello se suman las medidas de fuerza, que ponen en estado de paralización a una provincia: docentes, empleados estatales, judiciales provinciales que pretenden ganar lo mismo que en el Poder Judicial de la Nación, pero de que el trabajo sea más eficiente, no se habla.

Cambiar para que todo cambie

El drama chaqueño requiere de cambios profundos. Habrá que cambiar indefectiblemente la matriz productiva y retomar las viejas prácticas que permitieron tener un Chaco en crecimiento.

El impulso, desde la escuela, debe volver a golpearnos la cabeza, el pecho y la razón. No podemos mirar para otro lado. Hay un modelo de enseñanza que no alcanza a dar respuestas a la nueva y compleja realidad social. Tenemos docentes con bajos salarios y escaso tiempo para la formación continua; alumnos apáticos, algunos que vienen de un entorno familiar complicado y otros que no les interesa formarse y se van quedando en la banquina, sumado a ello a los padres que cada vez menos comprometidos en la enseñanza, no participan en debates, solo demandan acciones, pero no participan ni se involucran en los procesos escolares.

Domingo Sarmiento decía que “es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización”.

Desafío

Mientras se cumplen los plazos para presentación de listas para una nueva elección en la que el pueblo ya ha demostrado que no es mucho que le interese, queda un fuerte desafío para quienes empujan para ser candidatos a legisladores nacionales, y para lo que ya son candidatos y pretenden ganar una banca en la provincia.

A ellos les queda este desafío de ser los intérpretes de lo que el pueblo necesita, que no son, necesariamente, tantos planes y tantas tarjetas que pueden generar la muerte -como en el caso de los osos del parque de Yellowstone, por no haber aprendido a ganar con su esfuerzo su propio alimento- sino un cambio de la cultura del trabajo.

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