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Hechos, no palabras

Es un hecho que en argentina hay cinco millones de niños pobres y la mitad de ellos pasa hambre todos los días. Es un hecho que en la Argentina hay ocho millones de pobres, de los cuales cerca de dos viven en la indigencia.

Es un hecho que hay miles de personas sin trabajo y miles que están perdiendo sus fuentes de trabajo todos los días.

Es un hecho que desde hace ya mucho tiempo, por los resultados concretos en orden a la justicia social, la salud y la educación, etcétera, que venimos siendo gobernados por distintos proyectos políticos, con dramáticas etapas cíclicas, que han ido hundiendo a la argentina cada vez más.

Es por lo menos ingenuo no concluir, que si un mal se arraiga en una nación y se repite hasta el cansancio, es la consecuencia lógica de una estructura armada a propósito para producir esos resultados de manera infalible y eficaz; esto es lo que viene sucediendo en la Argentina hace ya más de medio siglo. Es un hecho que solo una porción mínima de argentinos está siendo beneficiada por este desorden endémico, porción privilegiada que nunca pierde plata, poder ni privilegio y que al contrario se vuelve cada vez más rica y poderosa.

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Es un hecho que hay un plan estratégico más allá de nuestras fronteras que deliberadamente tiene un proyecto global para aniquilar a los pobres comenzando por los niños antes de nacer, los que se encuentran en la primera infancia y los ancianos, porque constituyen una gran carga eraria para “el gasto” de los estados, como lo ha dicho la directora del FMI.

Este plan global estratégico pensado desde los estamentos de poder de las grandes corporaciones manejan el índice de crecimiento de cada nación y la capacidad de consumo de sus habitantes y en la medida en que comienza a mejorar el status económico de esos habitantes, intervienen, porque consideran ese crecimiento una gran amenaza para la estabilidad de su poder y privilegio. Que todos los habitantes del planeta tengan electricidad para ellos constituye una amenaza, ya que si crece la demanda de energía a escala mundial, esto significaría inevitablemente reducir el consumo de energía que ellos gastan de manera obscena.

En Norteamérica, por ejemplo, se gasta con las luces navideñas casi toda la energía que un país africano necesita para un año. Ni hablemos de las materias primas, de los alimentos y del agua y por supuesto ni hablemos de educación y de salud, ya que cuanto menos educadas las personas más manipulables y pacíficas, y cuanto menos salud, mejor, porque así se morirán más rápido evitando consumos excesivos. Esta estrategia global piensa que es mejor que ni siquiera nazcan niños, para que no se aumente la población y con ello el gasto global de todo lo que un ser humano necesita para vivir dignamente setenta u ochenta años. Esa es la razón más profunda por la que se justifica y promociona el aborto y la eutanasia.

La cultura de la muerte a caballo de esloganes mentirosos que defienden el derecho y la supuesta libertad de la persona esconde en realidad el fondo oscuro de ese plan estratégico global para para eliminar la vida. El cometido real de todo ese discurso progresista es evitar gastos excesivos a los estados. Gastos que terminan por amenazar el bienestar, el lujo, y el consumo obsceno de las contadas familias poderosas que gobiernan el planeta.

Es un hecho la corrupción endémica, favorecida por las estructuras de poder que usan a la política y a los políticos para el sostenimiento de ese plan estratégico. Es un hecho que ese plan estratégico maneja y controla presidentes, parlamentos, empresas y estamentos de la justicia para que todo sea controlado y dirigido por ese poder superior cuyo único y exclusivo fin es defender sus intereses y que son también la razón última de las guerras y de todos los genocidios de la historia.

Está en desarrollo en el presente un genocidio silencioso equiparable al holocausto judío del que muchos no nos hemos dado cuenta aún, está sucediendo ahora en nuestro país y en el mundo. No miles, sino millones de niños son abortados todos los días; miles de adolescentes y jóvenes mueren por día, suicidios, violencia de toda índole, delincuencia y accidentes en nuestras calles y nuestras rutas, son los efectos colaterales de la droga y la consecuencia trágica de ese plan global afín, al exterminio de los más frágiles de nuestra sociedad.

Por último es un hecho que los medios masivos de comunicación social, sean escritos, televisivos o virtuales se han transformado en el gran espacio donde se instaura cada vez con mayor y virulencia esta cultura de la muerte totalmente al servicio de esos mezquinos intereses.

A los medios de comunicación masiva les han puesto todas las fichas las estructuras de ese poder inmoral llamado neoliberalismo capitalista y consumista.

Los medios de comunicación comprados y manipulados para tal fin cumplen a cabalidad, con raras excepciones, las políticas de ese plan estratégico global. Y en el caso argentino están decididos a destruir a su mayor enemigo, el papa Francisco que ha denunciado claramente: “Argentinos, nuestras peleas internas que nos hacen enemigos entre nosotros, pueden distraernos del enemigo mayor que tenemos: la política neoliberal capitalista y consumista que no tiene ni Dios ni patria y viene por todo: por nuestra identidad nacional y cultural, viene por nuestros valores ancestrales como pueblo que nos ha mantenido unidos, viene por nuestra fe, por nuestras materias primas, por nuestros minerales mares y ríos, por nuestra tierra sobreabundante en alimentos. Atención: no nos distraigamos en nuestras peleas domésticas, tenemos que reconocer quien es realmente el verdadero enemigo”.

Los medios de comunicación, muy a propósito, están haciéndonos creer a los argentinos que nuestro enemigo es Francisco, acaso el único ser que se planta ante el mundo y le desenmascara la falsedad y la hipocresía a quienes son los artífices de ese plan estratégico y global para aniquilar pobres, niños, discapacitados, ancianos y enfermos. Muchos argentinos engatusados por los medios de comunicación estamos pensando que el Papa argentino es kirchnerista, como si Francisco fuera tan mediocre e irresponsable como para dedicarse a hacer política doméstica en la Argentina, frente a la tamaña responsabilidad moral que el Papa carga sobre sus hombros ante los desafíos del planeta.

La opinión de muchos argentinos en relación a él cambió fruto de esta campaña pensada para desprestigiar su imagen, y como somos una aldea global comienzan por argentina, para después trasladar todo ese desprestigio al mundo.

Cierro simplemente con las palabras eternas de Cristo que nos llenan de una gran paz y de una gran esperanza: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Tengan temor más bien a aquél que puede mandar sus almas al infierno”.

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