Contundente radiografía de la pobreza infantil
La Argentina muestra cada tanto alguna faceta que confirma que sigue siendo un país con fuertes contradicciones. Un reciente informe elaborado por la oficina local de Unicef a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares reveló que a pesar de ser una nación con enormes riquezas, casi la mitad de su población infantil vive en hogares pobres.
El documento en cuestión, titulado “La pobreza monetaria en la niñez y la adolescencia en Argentina”, es el resultado de un trabajo realizado por Unicef y el Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico, para analizar la pobreza monetaria infantil en Argentina mediante datos de la Encuesta Permanente de Hogares realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), con cifras del cuarto trimestre de 2016, que forman parte de la última información oficial y pública disponible. En la introducción del informe se aclara que, en rigor, la pobreza puede estudiarse de muchas maneras, pero a los fines del trabajo elaborado se empleó una definición restrictiva de pobreza, es decir, aquella que hace referencia a la pobreza monetaria, esto es a la situación en la que una persona o familia no cuenta con el dinero suficiente para adquirir una canasta de consumo mínima aceptable socialmente.
Según este trabajo, en nuestro país la situación social es la siguiente: el 29,7 por ciento de las personas está en situación de pobreza; pero si el análisis se enfoca en aquellos hogares donde residen niños y adolescentes este porcentaje asciende al 47,7 por ciento, es decir 18 puntos porcentuales más que la pobreza en general. Los responsables del estudio observan que esta diferencia muestra la mayor incidencia de la pobreza en la niñez y adolescencia, debida al mayor tamaño relativo de los hogares de bajos ingresos y a la elevada cantidad de niños que residen en ellos. De acuerdo con este estudio, la pobreza extrema, por su parte, afecta al 10,8 por ciento de los niños y adolescentes del país, frente al 5,6 por ciento de la población general.
Si se lo pone en términos absolutos, esto quiere decir que en el país de las enormes extensiones de tierras y con muchas potencialidades hay alrededor de 5,6 millones de niños pobres, de los que 1,3 millones están en situación de extrema pobreza, es decir que residen en hogares cuyos ingresos son insuficientes para adquirir una canasta básica de alimentos. El estudio aclara que esta canasta básica se diferencia de la denominada “canasta básica total”, que incluye bienes no alimentarios, igualmente esenciales y básicos para la reproducción social. Por otra parte, se advierte que si se segmenta la población de niños en tres grandes grupos de edad se observa que la incidencia mayor de la pobreza se verifica para el grupo de 13 a 17 años (51 por ciento), seguido por el grupo de 5-12 años (48 por ciento) y 0 a 4 años (45 por ciento). Las disparidades entre sexos son menores si se observa la pobreza general, pero si el acento se pone sobre la pobreza extrema, son los varones los que tienen tasas de pobreza más elevadas, excepto en el grupo de 0 a 4 años de edad, donde hay una clara desventaja por parte de las niñas.
Para este estudio, Unicef tomó como referencia sólo el ingreso que recibe cada familia, a fin de establecer una línea con la que se pueda demarcar el mapa de la pobreza infantil. Los investigadores coinciden en que este último informe muestra también quiénes son los más vulnerables dentro de la pobreza infantil: en el grupo de adolescentes que tienen entre 13 y 17 años, el índice de chicos pobres sube hasta 51 por ciento, mientras que en los hogares en que los padres están desocupados se dispara hasta el 84,8 por ciento. Por otro lado, se observó que la pobreza infantil aumenta cuando es la mamá quien aporta el ingreso (55,3 por ciento) y más del doble (72,5 por ciento) si los padres recibieron menos de seis años de educación.
Del trabajo de Unicef se desprende, claramente, que se deben promover mejores políticas públicas para sacar a los grupos más vulnerables de la pobreza, haciendo especial hincapié en las medidas que estén destinadas a mejorar la calidad de vida de las madres y los niños de los sectores más postergados, a fin de evitar que se siga comprometiendo el futuro de las nuevas generaciones.










