Con poco equipaje
El otro día en un acto de lucidez profundo, advierto mucho dolor en un hombro, ¡oh! casualidad de donde cuelgo mi carterita que uso amarrada a mí como un apéndice. Pensé - ¿Será que esto que cuelgo todo el tiempo es lo que me provoca terrible contractura? Definitivamente sí.
“Cuando me vacío de lo viejo, dejo lugar para lo nuevo. Luego del caos viene el orden, y viceversa.”

Llegué al consultorio y, como sucede con la mayoría de los médicos uno tiene que esperar varias horas, me decidí, casi que te diría que “me animé” a mirar qué llevaba dentro de ella, y encontré: clips para papeles, una cinta que la puse ahí no sé hace cuánto tiempo para conseguir una igual (nunca lo hice), diez toallitas femeninas de diferente marcas y colores, dos paquetes de pañuelos, desodorante, un paquete con azúcar, café, leche, llaves, un sacapuntas; pulsera, aros y anillo que me los había sacado no sé cuando, broches para alguna abrochadora que no compré, alcohol en gel, dos pinturas de labios que no las uso, un kit de cepillo de diente con pasta, un caramelo pegajoso y aplastado, una tiza desarmada y un libro de bolsillo que llevaba por las dudas “para no aburrirme en algún sitio”, monedas como para hacer un depósito bancario (no las encuentro cuando las necesito).
Quedé un poco asombrada pensando qué elementos, de los que llevaba de aquí para allá, podría usar con tanta asiduidad, y cuáles no. Descubrí que la mayoría no los utilizaba, en síntesis; eran los causantes de tal dolencia. Entonces me propuse que cuando llegara a casa, no solamente vaciaría la cartera, sino que también entraría a revisar armarios, roperos y la famosa ‘piecita del fondo’.
En esa piecita durante unos años se acumularon elementos que jamás utilizaría: ropa de cuando tenía 15 años que algún día todavía podía llegar a ¡usar!, recuerdos de fotos, cartas; más ropa, una colchoneta que serviría para ‘cuando empiece a hacer ejercicios en casa’, pesas, una balanza, zapatillas, zapatos, etc. Acumulación de cosas que a mí en este momento no me sirven y que tal vez a otra persona sí. Algunos otros objetos que perdieron interés en mi vida (fotos, cartas).
Reflexioné: como a veces me hablo sola en voz alta dije - Metáfora tan maravillosa para mi vida: sacar, donar, reutilizar, ordenar, vender, etc., todo aquello que ocupa lugar en mi casa como también en algún lado de mi cuerpo, llámese alma, corazón, espíritu, psiquis, memoria. Llamé, regalé, ofrecí y me deshice de todo.
El sentir me lleva al hacer, el hacer me lleva al sentir. No sé cuál esté primero pero da igual.
Cuando actuamos en consecuencia de cómo pensamos todo se va “acomodando” en un orden divino, en un orden perfecto, el del universo, el de Dios.
Desde ese momento soy una persona más liviana.
¿Qué hay para alivianar en la tuya?
Facebook: Corina Schaefer
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