“El gobierno de Venezuela cometió un gravísimo error al irse de la OEA”
Entrevista de Mariano de Alba. Pocos conocen tan bien los entretelones de la Organización de Estados Americanos (OEA) como Rubén Perina.
En 1985, cuando Argentina recién había salido de una dictadura militar caracterizada por constantes violaciones a los derechos humanos, la desaparición de miles de personas y la comisión de crímenes de humanidad, trabajó intensamente en el organismo regional por el fortalecimiento de la democracia en la región.
Hoy, cuando la grave crisis venezolana ha puesto nuevamente en entredicho la salud de la democracia en la región y con 30 años de experiencia en la OEA, Perina comparte su visión crítica del rol que pueden jugar organizaciones internacionales. Su análisis es crucial porque estudió prolijamente las dictaduras militares de América Latina y lideró varias misiones de observación electoral en la región.
Luego de más de un mes y medio de protestas y represión desenfrenada, algunos critican que la diplomacia fue muy lenta en condenar la desaparición de la democracia en Venezuela, ¿qué opina usted?
-Aunque lentamente, la atención ha venido creciendo. Ahora hay una mayor concientización e involucramiento. Naturalmente, esa atención proviene de los países americanos, pero también hay preocupación en Europa y en Naciones Unidas, la cual no tiene un mandato para proteger la democracia, pero sí los derechos humanos. Es lamentable que todavía no hayamos visto una condena firme de los países.
¿Cuál es su valoración sobre el papel que hasta ahora han jugado los países miembros de la OEA?
-La OEA es como una autopista con dos canales. Por un lado, la Secretaría General y por el otro los cuerpos colectivos en manos de los países: el Consejo Permanente, la Reunión de Cancilleres y la Asamblea General.
El canal del secretario va más rápido y el otro va más lento. Ha sido difícil lograr que los países se pronuncien contundentemente porque han estado negociando, buscando un consenso y conseguir una mayoría de votos para determinadas decisiones no es fácil. Hay muchos intereses cruzados. Por ejemplo, a Colombia le ha costado por el proceso de paz con las FARC y a gobiernos como el de Chile y Uruguay porque tienen a socialistas y comunistas en sus alianzas de gobierno.
En este tipo de situaciones, las presiones internas también juegan. El secretario Luis Almagro ha rescatado y revitalizado la imagen de la OEA, su labor ha sido muy valiosa, pero los dos canales a los que me refería antes no han trabajado en unísono en el caso venezolano.
Además de los intereses cruzados, a muchos países no les ha gustado que el secretario se haya largado solo, y eso ha generado cierta resistencia. Es lamentable, pero es la realidad. Por eso me parece que Almagro ha quedado como el llanero solitario de la democracia; no ha conseguido el apoyo de una mayoría de los países para concretar sus propuestas. Ciertamente, la OEA sería mucho más efectiva si los dos canales trabajaran mancomunadamente.
El gobierno de Venezuela, por su parte, cometió un gravísimo error al irse de la OEA. Perdió un foro donde defenderse y ahora sólo lo defiende Nicaragua. No tiene nada. La Unasur está paralizada y la Celac no quiere reunirse.
Venezuela se autoexcluyó de la OEA argumentando que sus decisiones violentaban el principio de no intervención en sus asuntos internos, ¿es compatible con la protección internacional de la democracia?
-Todo se basa en una elección sobre cuál es el valor más importante: la democracia o la no intervención. Yo creo que es la democracia. Además, hoy día ha perdido valor la interpretación del principio de no intervención de forma absoluta. La realidad es que, si un país se compromete a respetar la democracia y los derechos humanos, está renunciando parcialmente al derecho a que no se intervenga en sus asuntos internos.
Venezuela no puede usar el principio de no intervención para poner una muralla y ocultar las violaciones a la democracia y los derechos humanos, y los demás países no pueden hacer la vista gorda cuando se burlan tan burdamente el orden democrático y los derechos humanos. México, que fue siempre un país que defendió a capa y espada el principio de no intervención ratificó esto en una de las últimas reuniones en la OEA sobre Venezuela.
El próximo 31 de mayo habrá una reunión de cancilleres, ¿qué acciones concretas podríamos ver si los dos canales de decisión de la OEA fueran a la misma velocidad?
-En primer lugar, a mí me gustaría ver que los países constaten definitivamente lo que está pasando. Eso pareciera ser lo que está planteado para esa reunión y por eso yo creo que los cancilleres deberían escuchar un informe del secretario Almagro, otro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y finalmente uno del presidente de la Asamblea Nacional venezolana. Esto permitiría consolidar el ambiente para una fuerte condena.
En segundo lugar, también es verdad que los países no van a dejar de llamar al diálogo. Pero lo que no puede ocurrir es que eso sea lo único que se haga, especialmente considerando el fracaso de la experiencia del año pasado. Como suspender ya no tiene mucho sentido por la propia autoexclusión de Venezuela, la otra alternativa que queda sería imponer sanciones.
En una reunión de cancilleres en 1991, hubo un exhorto a congelar los activos del Estado haitiano y aplicar un embargo comercial a Haití, salvo excepciones de carácter humanitario. Esto en respuesta al golpe militar perpetrado contra Jean-Bertrand Aristide.
Existe un gran debate sobre si un régimen de sanciones sería conveniente.
-Dicen que un régimen de sanciones únicamente perjudicaría más al pueblo venezolano. Yo no sé cómo se podría perjudicar más a los venezolanos de lo que ya están. Ahora, es difícil determinar si esas sanciones efectivamente tendrían el impacto de forzar la realización de unas elecciones. Mi impresión es que el chavismo ha decidido jugarse el todo por el todo y para ellos unas elecciones son un suicidio. Las sanciones aislarían al país.
Si vemos los casos de Norcorea, Irán y Cuba, la realidad es que han sobrevivido con sanciones muy fuertes. Por eso también pienso que en última instancia la salida del régimen vendrá de forma endógena, de los mismos venezolanos.
Salir de la crisis con elecciones
-La oposición quiere una convocatoria a elecciones, ¿cuál diría que es la garantía que debería contar ese proceso?
-Lo primero sería una nueva autoridad electoral. Eso parece elemental y una precondición. Venezuela necesita una autoridad electoral imparcial porque el Consejo Nacional Electoral no parece serlo. Y que el CNE sea un organismo confiable es una garantía fundamental para el éxito del proceso electoral. Asimismo, quizás tendría que redactarse un nuevo código electoral. La ley electoral venezolana actual tiene muchas contradicciones, muchos vacíos, y esto otorga una discreción insana, dando paso a arbitrariedades.
El sector militar con mucho poder y privilegios pareciera que está llamado a jugar un papel relevante en la resolución de la crisis, ¿cómo podría resolverla? -El gobierno de Maduro se sostiene con apoyo militar. Ahora, el problema de un golpe militar son las consecuencias que podría tener y cómo sería recibido por la comunidad internacional. Maduro fue electo a través de unas elecciones y todavía tiene un mínimo de legitimidad de origen.
Otro escenario es un levantamiento popular. Por eso es que no permiten que los manifestantes vayan al centro de Caracas, por miedo a que la gente lo tome. Por último, el escenario electoral es el menos probable, me refiero a elecciones sin impunidad. El chavismo sólo las permitirá si logra negociar de alguna manera su impunidad.
Líderes que fomentan el extremismo y el fanatismo
-¿Qué evaluación hace del estado actual de la democracia en la región? Si se observa lo que pasa en varios puntos del mundo, el futuro no parece muy alentador.
-Considerando la historia de la democracia en América Latina, los últimos treinta años han sido positivos. Obviamente está el caso de Cuba y ahora Venezuela, los cuales son distintos. En Venezuela todavía hay mucha preocupación por el giro dictatorial que el gobierno ha tomado.
El mantenimiento de la democracia no es algo linear. Por ejemplo, ahora en Estados Unidos hay serios cuestionamientos sobre su estado. Ha llegado un presidente muy extraño que no respeta las costumbres tradicionales de comportamiento. Lo que prueba que la democracia siempre puede verse amenazada. Hoy esas amenazas parecieran ser el populismo electoral y los líderes que fomentan el extremismo y el fanatismo.
Es muy peligroso cuando la gente se ilusiona con un líder que se vende como radicalmente distinto, como una persona audaz que es capaz de cambiar todo. La democracia es realmente un sistema donde prevalece el respeto a las normas y las instituciones, no una figura salvadora.










