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A casi 9 meses del accidente que lo dejó cuadripléjico

El chaqueño Ignacio Maeder, una vida de perseverancia y lucha ante las adversidades

A casi 9 meses de que Ignacio Maeder quedara cuadripléjico al derrumbarse un scrum sobre su cuerpo mientras disputaba un partido de rugby con Duendes RC de Rosario, el chaqueño sigue dando pelea y sueña con tener una vida lo más independiente posible. Hoy Ignacio pasa sus días con una rutina completa de rehabilitación y se muestra esperanzado con los avances en la medicina.

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La lesión que le provocaría una cuadriplejia a Maeder se dio el 3 de septiembre de 2016 en Rosario. Ese día el segunda línea de Duendes Rugby Club sufrió el derrumbe de un scrum sobre su cuerpo, mientras disputaba un partido ante el Club de Rugby Ateneo Inmaculada de Santa Fe (CRAI) por el torneo de Pre Reserva del Litoral.

“Me acuerdo de las caras de la gente que venía a auxiliarme”, dijo Ignacio en diálogo con el portal Infobae en su habitación de la clínica Ciarec de Villa Urquiza donde se encuentra internado. ‘”Sentí como que los sonidos se apagaron y mucha tranquilidad porque no sentía nada en mi cuerpo y si bien sabía que me había pasado algo bastante grave, supe que me tenía que dejar llevar por las manos de los médicos”. “Tengo que admitir que me llené de dudas y de miedo también”, agregó.

Apenas sufrió la lesión, el chaqueño tuvo un paro cardiorrespiratorio en el campo de juego. Debió recibir reanimación cardiopulmonar y allí mismo fue intubado y trasladado al Sanatorio Parque de Rosario, donde por la noche recibió su primera intervención quirúrgica y su estado era reservado. Esa misma tarde sonó el teléfono de la casa de los Maeder en Resistencia. Desde Rosario, Augusto, gemelo de Ignacio, le contó a su papá Miguel algo de lo que había ocurrido antes de comunicarlo con los médicos.

Desde ese 3 de septiembre de 2016, hace 267 días, Ignacio libra una batalla colosal por su vida. “Yo tenía todo, no me podía quejar, estaba cursando Ingeniería. Vivía en mi departamento con mi hermano, tenía varios grupos de amigos y bueno, más que nada me gustaba jugar al rugby”, lanzó casi como disculpándose por eso.

Pese al drama que le toca vivir el chaqueño habla claro, lúcido, con elevado vocabulario y una capacidad de expresión notable de sus ideas, pensamientos y reflexiones.

“Mucho tiempo busqué echar culpas. A mis jugadores, a mis compañeros o al otro equipo o a mis entrenadores o a mí mismo pero fue un accidente lamentable y no hay que echarle la culpa a nadie”, señaló el chaqueño.

Cabe destacar que al momento de la lesión Ignacio tenía 23 años, y menos de dos meses después, el 24 de octubre, cumplió sus 24. “Recibí mucho apoyo de parte de mi club, la verdad que el ambiente del rugby te acompaña muchísimo, es como mi segunda familia. Y de mucha gente, algunos que no conozco que por ahí me llenan el Facebook de mensajes dándome apoyo, gente que dice que reza por mí y estoy muy agradecido”, destacó y apuntó: “Pero mi papá, mi mamá y mis hermanos son mi bastón en esta situación. Son los que me levantan el ánimo así que cada día trato de que sea diferente al anterior y trato de ponerle la mejor onda”.

Es de resaltar que cuando Ignacio fue trasladado a Buenos Aires, a fin de 2016, estaba intubado por boca y nariz ya que su diafragma no funcionaba. Necesitaba permanentemente del respirador convencional. Durante sus primeros días en el Ciarec, ocurrió lo impensado: el músculo comenzó a trabajar. “Me hicieron hacer ejercicios y empezó a funcionar, ese creo que fue el gran paso. Antes tenía puesto el respirador que es una máquina grande pero lo que tengo puesto ahora es un bipap, que es un ventiladorcito que me oxigena. El siguiente es poder sacarme esto”, relató en forma de deseo.

Y habla de cuán complejas son algunas lecciones. “Por ahí cuesta ver las buenas cosas de la vida cuando uno no tiene con qué comparar. Yo sería muy feliz si pudiera salir, aunque tuviera muy poco. Así y todo soy feliz, imaginate si pudiera respirar por mí mismo”.

Vale destacar que los médicos detectaron que la médula de Ignacio Maeder no está seccionada y que la duramadre, membrana que la recubre, no se dañó. No implica esto, sin embargo, que el cuadro sea alentador. “El médico en general por ahí te tira las expectativas bajas en forma tal de que si sale todo bien no hay ningún problema y si sale mal te dicen ‘yo te advertí’. Entonces por ahí son medio pesimistas, pero yo si bien estoy en una situación complicada no hay por qué decir que hay cosas que son imposibles”, remarcó.

Hoy Ignacio pasa sus días con una rutina completa que se inicia con pruebas de respiración para hacer trabajar su diafragma y fortalecer sus músculos intercostales, desayuna, su papá le lee un libro o mira la TV, aunque el contacto con el exterior, por recomendación, es mínimo.

Estudia alemán, almuerza y, si el día lo permite, da un paseo por la terraza con el acompañamiento de los médicos y sus familiares, luego el gimnasio y posteriormente duerme la siesta. Dos días a la semana es visitado por sus psicólogos, y tiene tiempo también para el esparcimiento en el que es visitado por su gente, la que no deja de pensarlo.

Reconoció que el impacto de lo ocurrido lo hizo volverse más solidario y, efectivamente, Nacho llevó adelante pocos días después de su accidente una campaña para ayudar a un comedor de Villa Gobernador Gálvez. “Hace tiempo que veo una realidad incómoda. Muchas personas no tienen hogar ni para comer. Mi condición no va a impedirme acercarme a ellos. Pero necesito tu ayuda: que comer, descansar y tener un mejor futuro no sea un privilegio para pocos”, fue el mensaje que el propio chaqueño escribió para iniciar el llamado de ayuda para el comedor La Roca Firme.

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