El ensañamiento narco contra el periodismo
México volvió a ser noticia esta semana en todo el mundo por el asesinato del experimentado periodista, Javier Valdez, colaborador de la agencia de noticias France Presse y ganador del Premio Internacional de la Libertad de Prensa, entre otros galardones. Había dedicado buena parte de su vida profesional a informar a la ciudadanía sobre las actividades del narcotráfico, alertando sobre la grave corrosión que generan en los cimientos de las sociedades las organizaciones criminales vinculadas al tráfico de drogas.
Valdez se destacó por publicar notas sobre las peligrosas actividades del cártel de Sinaloa y el derrotero que siguió la principal figura de esa banda criminal, Joaquín “El Chapo” Guzmán, para terminar detenido en el Centro Correccional Metropolitano, de Manhattan, una cárcel federal de máxima seguridad de Estados Unidos, conocida por alojar en sus celdas a peligrosos personajes del mundo de la mafia y del narcotráfico.
El periodista mexicano fue acribillado a balazos en la vía pública el lunes en Sinaloa y con este crimen asciende a seis el número de trabajadores de prensa asesinados en México en lo que va de 2017. El año pasado, la trágica lista de muertes que enluta a la prensa alcanzó una cifra récord en el país azteca, con un total de 11 periodistas ejecutados y más de 400 agresiones contra otros profesionales de los medios de comunicación. El asesinato de Valdez se produjo en medio de una creciente ola de crímenes contra la prensa que ha hecho que se califique a México como uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, ya que desde el año 2000 más de un centenar de hombres y mujeres que se desempeñaban en medios mexicanos fueron víctimas de la violencia extrema de los narcos. Valdez fue emboscado por sus asesinos en las calles de Culiacán, la capital del estado de Sinaloa, cerca de las oficinas de RíoDoce, el semanario que puso en marcha en el año 2003 y que supo superar numerosos obstáculos para informar y no ceder ante la autocensura que se impone en muchos medios ante el terror que siembran las organizaciones criminales. En reconocimiento a su extraordinaria labor, Valdez también recibió el premio María Moors Cabot, que entrega cada año la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, Estados Unidos.
Según Reporteros Sin Fronteras (RSF), México ocupa el tercer lugar en el mundo por el número de periodistas asesinados, y se ubica detrás de Siria y Afganistán, países donde los prolongados conflictos armados se cobraron la vida de más de un centenar de profesionales de la prensa. Para la organización de reporteros que nuclea a periodistas de todo el mundo, la situación en muchos estados de México es muy peligrosa para los periodistas; y lo que es peor, cada vez se producen más asesinatos por parte de los cárteles, o en otros casos por encargo de políticos corruptos, según denunció la organización en su último comunicado. Frente a este dramático escenario, el Comité de Protección de los periodistas (CPJ) advirtió que el gobierno mexicano mostró un “rotundo fracaso” a la hora de castigar las muertes de periodistas, lo que sumergió al país azteca en una espiral de impunidad que aumenta los riesgos para los periodistas. La tragedia que vive la sociedad mexicana, que por supuesto va más allá de los letales ataques a la prensa, revela también la ineficacia del gobierno y la justicia local para poner fin a muchos años de impunidad. La Argentina y los demás países de América Latina deben aprender la lección y adoptar medidas urgentes y eficaces para evitar que las organizaciones criminales extiendan sus tentáculos de muerte en toda la región.










