La historia sin fin
Escondido en el ático de su colegio, Sebastián, durante las horas de clase, lee un libro enigmático, “La historia sin fin”, que cuenta de la sistemática destrucción del Reino de Fantasía. Allí, una especie de “Nada” misteriosa destruye el país y a las criaturas que lo habitan. A medida que avanza en la lectura Sebastián se da cuenta de que la salvación de Fantasía depende de él; de que consiga entrar dentro del libro.
Es el argumento de la película de los años 80 “La historia sin fin”, basada en una novela con el mismo nombre del escritor alemán Michael Ende. Lo que viven las comunidades como la de Sáenz Peña, en materia de seguridad, y del impacto que tiene el consumo de drogas y alcohol, parece una historia sin fin.
De los hechos más comunes, como arrebatos, robos que ni siquiera son denunciados, a los hechos más resonantes como el caso “Maira Tévez” ó el cruel asesinato a un agenciero de lotería y quiniela o a la cosmetóloga del barrio Mariano Moreno, solo por robarle, muestra el estado de situación en el cual vivimos.

Y mientras llama poderosamente la atención los ataques a las puertas de vidrio de la Secretaría de Economía y Complejo Termal, se sumó lo ocurrido a la camioneta en la que se moviliza el intendente Cipolini, que un proyectil rompió la luneta, pasando a la altura del apoya cabeza e impactando en el parabrisas, deja un mensaje mafioso que la policía del Chaco, a través de Investigaciones, tiene dos hipótesis definidas y avanzará en esta semana con datos claves para poner en evidencia de qué sector proviene.
No sirve, y hasta suena irónica que se oculte la realidad que nos toca vivir.
La política, ni de Cambiemos ni del Frente Chaco Merece Mas, puede decir que no hay delitos ni que esta todo tranquilo cuando la realidad la exponen las víctimas de estos delitos, ametrallando con llamados a las redacciones de los diarios y de medios de prensa para contar lo que les toca vivir.
Sebastián, en acción
Como en la película, algo está destruyendo el tejido social. Hay crímenes, hay asaltos, robos, excesivo consumo de alcohol y la droga que va rompiendo la familia, como sociedad primera y necesaria.
Hay problemas en la Educación, en la Salud, crece la violencia en un reporte que apunta directamente a la pérdida de valores, al concepto de vida que se tiene, o mejor dicho, el desprecio al respeto, la dignidad y a los valores por parte de quienes se automarginan. Niños que roban, padres que miran para otro lado y pretenden que el Estado se haga cargo de todo. Muchos “ni ni”, que ni trabajan ni estudian. Estamos en problemas.
Sebastián, somos todos nosotros, los que leemos las crónicas de los diarios y vemos esta triste realidad. Pero, ¿cuántos de nosotros estamos dispuestos a entrar en el libro para luchar contra este flagelo?.
¿Hasta cuándo cada cual se lavará las manos y acusará al gobierno anterior de lo que ocurre? ¿Acaso no nos damos cuenta que el drama es profundo, y que hay una sociedad dañada, con valores y principios que se han perdido?.
La inseguridad, la violencia, y lo que le pasa a algunas franjas de la población termina afectando a todo el tejido social. Nadie queda exento de esto.
Dentro del libro
Parece reiterativo, pero el drama es más profundo y las soluciones que se piensan, como más patrulleros, más policías, más cámaras de seguridad, son solo una parte. Es que el drama está adentro.
Es en la familia la usina que forma al ciudadano, con valores, el respeto y su compromiso con la sociedad. La “Nada”, como en la película, está destruyendo no solo a los habitantes sino también a las cosas y a las criaturas, ¿se entiende?
Sebastián pensaba que para salvar de “la Nada” a su país, había que meterse dentro del libro. Y ese es el desafío. Enorme, gigante. Porque es tan complejo y porque es necesario que las iglesias, tanto católica como evangélicas, lleven las banderas de la salvación y de la dignidad. Y los gobiernos deberán fortalecer la tarea del empleo y del trabajo, con medidas que fomenten la inversión, con políticas para fortalecer la Educación -que es mucho más que construir edificios escolares-.
Quedan desafíos para los soñadores que, como Sebastián, dejan de mirar para otro lado y resuelven involucrarse aun sabiendo que es muy difícil, pero que quieren pasar por esta vida haciendo el bien, dejando huellas y pasar de manera intranscendente, pensando en sí mismo. Son momentos difíciles para los soñadores, pero vale la pena no solo soñar, sino luchar por una sociedad en paz, y con valores.










