Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°
La página del lunes

La pelota está manchada, ¿y la democracia...?

“El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. De eso que no le quepa la menor duda a nadie. Porque, que se equivoque uno... eso no tiene por qué pagarlo el fútbol. Yo me equivoqué y pagué. Pero, la pelota... la pelota no se mancha...” El deseo, casi una orden, de Diego Maradona el 10 de noviembre de 2001, ante una Bombonera repleta y emocionada como él, al despedirse de la práctica activa del fútbol, no se cumplió. En la Argentina hoy la pelota está manchada.

Dos semanas atrás, Chaco For Ever caía en su cancha ante Gimnasia y Tiro de Salta y quedaba afuera de la posibilidad de ascender. Pero eso no fue lo peor. Porque el encuentro, que se jugó en el estadio chaqueño, fue con las tribunas vacías, totalmente vacías. For Ever pagaba una pena de jugar en su cancha sin público por violencia en su estadio en encuentros anteriores. El “más popular de los deportes” en la Argentina, primero dejó de jugarse sin público visitante y ahora, en muchos casos, sin nadie, ante tribunas vacías. ¿Tiene eso algún sentido?

Una semana después todos vimos como en el clásico cordobés entre Belgrano y Talleres, se asesinaba en plena tribuna a un hincha. Un crimen en vivo y en directo en un espectáculo futbolístico, como una muestra más de cómo la violencia se ha apoderado del fútbol.

De estos hechos está lleno el deporte que fue llamado muchas veces “pasión de multitudes” y que se ha manchado de una forma tal que ha convertido a las tribunas en refugio de delincuentes y criminales, mientras en los campos de juego, solitarios 22 jugadores hacen lo que pueden, con clubes que se empeñan por jugar campeonatos y copas, cada vez con menor calidad.

Ante este panorama muchos que pueden, se refugian en los canales de cable de la TV para ver fútbol europeo, donde los jugadores brindan verdaderos espectáculos, paradójicamente teniendo como protagonistas a hombres nacidos en estas tierras, pero sobre todo ante tribunas repletas de locales y visitantes y con un colorido y entusiasmo que convierte en realidad aquello del “más popular de los deportes”. Eso en un continente donde en la primera mitad del siglo 20, millones de personas se mataron entre ellas en dos guerras mundiales, en una orgía de violencia jamás conocida en el mundo.

Esta degradación a la que se ha llegado, en el gran campeonato, pero también en los de las ciudades del interior, como nos sucede aquí, donde muchas veces los equipos tienen que jugar para nadie, sin público, porque cada vez que lo hacen, un puñado de violentos malogra el espectáculo y lo convierte en un enfrentamiento cargado de odio.

No sólo en el fútbol...

Y es nada más y nada menos que una réplica de lo que pasa en los otros estamentos del país. La violencia, la corrupción, el desinterés por el otro, el nepotismo, la ambición personal van creando un clima que hace pensar que “la política”, en teoría la “más noble de las actividades humanas”, est á llena de manchas que la desvirtúan y que hacen que mucha gente reniegue de ella y de los que, en su nombre, gobiernan a la sociedad. Pero, como en el fútbol, no se puede entender como se ha llegado a este punto, tratándose de actividades tan nobles, que deben nacer de un fuego interior, pero que por lo que se ve, lo hacen más para lograr el beneficio propio.

Y cuando se habla de políticos uno se refiere no sólo a los que provienen de los partidos, sino a todos los que de alguna manera integran y cumplen una función en los poderes del Estado. Los miembros del Poder Judicial son también funcionarios que están al servicio de todos, aunque no respondan directamente a algún partido, pero ejercen un tercio del Poder de una República. Y hoy, como nunca, está cuestionado su cometido, que parece una abstracción lejana al quehacer diario de la gente, hasta en el mismo lenguaje. Y que cada vez más está penetrada con influencias foráneas que hacen funcionar a pleno las puertas giratorias, las sanciones a ladrones de gallinas, la bandera verde a los ladrones de guantes blanco y que en cada fallo hacen sospechar de parcialidades y arreglos. Por el accionar, quizás de unos pocos, hoy muchos desconfían del accionar de este Poder.

Y ni hablar del Poder Legislativo que celebró en las últimas horas, con salva de bombas y “señales de madurez” (como dijo un alto funcionario) haber cumplido su deber con siete meses de atraso al aprobar el presupuesto, herramienta fundamental de la provincia, sin haber logrado un consenso adulto y con una discusión que profundizó las para llegar a la adultez política.

La democracia en deuda

Cada 10 de diciembre, desde 1983 celebramos el regreso de la democracia para nunca más irse. Y en estos 33 años se ha mantenido ese propósito, a veces con muletas como en el 2001 y 2002. Las urgencias parecen no darnos tiempo a repensarnos en serio para que de una vez para siempre salgamos de las continuas emergencias. Pero aquel juramento que acompañó a “Con la democracia se come, se cura, se educa...”parece cada vez más distante: Treinta por ciento de pobreza, muchos que no comen o lo hacen por caridad, muchos que van a la escuela donde no se dictan clases y muchos que la abandonan antes de tiempo, hospitales sin insumos, con profesionales y empleados mal pagos y en huelgas continuas y con gente que pasa las noches haciendo colas para tener un turno para el día siguiente.

Si por lo que dijimos, consideramos que la pelota está manchada, sin cumplir con el deseo (la orden) del Diego, también la democracia está llena de magullones y no se cumple lo que pregonaba Alfonsín. Se necesita una urgente reacción y pasar a la acción. Si seguimos diciendo que vivimos en el mejor país del mundo y nos pasan estas cosas, estamos viviendo de ilusiones y magra herencia recibirá la generación que viene.

Te puede interesar