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Desequilibrios en el Mercosur

Un número cada vez mayor de fábricas de Brasil decide trasladar sus instalaciones a Paraguay atraídas por la menor carga impositiva, la mano de obra más barata y el bajo costo de la energía. Según estimaciones de cámaras empresarias, la cantidad de emprendimientos que cruzan la frontera se triplicó en los últimos meses. El fenómeno revela la debilidad de los acuerdos que sustentan el Mercosur y la necesidad de contar con reglas de juego más claras para evitar desequilibrios.

La recesión de la economía brasileña también alienta el lento pero constante éxodo de fábricas que, en su mayoría, tienen como destino la ciudad fronteriza de Ciudad de Este, capital del departamento Alto Paraná que, con sus casi 500 mil habitantes, celebra este sorpresivo impulso que recibe el sector industrial. Algunas firmas de capital brasileño que todavía no han tomado la decisión de trasladarse, evalúan la posibilidad de transferir al menos una parte de la cadena de producción al suelo paraguayo para así aprovechar las ventajas comparativas que ofrece en la actual coyuntura. Una de esas ventajas es la llamada ley de Maquila que promueve un sistema de producción mediante el cual las empresas radicadas en Paraguay pueden producir bienes y servicios para ser exportados. Según explica la Cámara de Empresas Maquiladoras de Paraguay, la producción se hace por encargo de una matriz ubicada en el exterior y puede enviarse a cualquier país del mundo; y aclara que puede operar “como entidad maquiladora cualquier persona física o jurídica, nacional o extranjera domiciliada en el país que se encuentre habilitada para efectuar actos de comercio”. Si bien esta norma está vigente desde hace más de una década, recién en los últimos años los empresarios brasileños comenzaron a prestar más atención a este marco legal que prevé la exención de impuestos para las empresas extranjeras que importen maquinaria y materias primas, siempre que el producto final se exporte. Se estima que más de 30 empresas de Brasil aprovecharon este incentivo y se calcula que en lo que resta del año el número podría aumentar, acentuando así esta sangría industrial que en mayor o menor medida afectará al sistema productivo, la generación de empleo y a la economía de Brasil.

Uno de los casos que llamó más la atención fue el anuncio de la empresa brasileña Oxygrup, dedicada a la producción de gases empleados en procesos industriales, confirmando la decisión de bajar las persianas de su planta ubicada en el municipio de Pará, en Minas Gerais, para trasladarla a Paraguay, con una inversión cercana a los 7,5 millones de dólares. Las explicaciones que ofrecen en ésta y otras empresas de rubros tan distintos como textiles y fábricas de juguetes, respecto a la decisión de llevar las plantas de un lado a otro de la frontera, son prácticamente las mismas: incentivos fiscales, electricidad y mano de obras más baratas.

En ese sentido, un informe de la OCDE confirma que el costo laboral en Paraguay es un 30 por ciento más barato que en Brasil y la carga tributaria en suelo paraguayo es del 16,4%, mientras que en Brasil, la tasa es del 35,7% y en Argentina, 31,2%. El mes pasado las autoridades paraguayas de Ciudad del Este festejaron la inauguración de las instalaciones de la fábrica de luminarias de la firma brasileña Koumei, que inició hace un año el lento proceso de traslado de su planta industrial alentada por la baja carga tributaria, la legislación de promoción a la inversión y “la mano de obra joven que demuestra que tiene intereses en ser entrenadas y con eso progresar”, según señalaron los titulares de la empresa en el acto inaugural. Si bien este fenómeno aporta una saludable mejora a la economía en Paraguay, no debe perderse de vista que en el fondo persiste una asimetría tributaria y de costos laborales entre los socios del Mercosur que si no se corrige, a la larga, terminará perjudicando el proceso de integración regional.

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