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El oeste viene marchando

Chaco tiene sus riquezas naturales. De ser tierras improductivas en las que solo la extracción del quebracho colorado era la única actividad, cincuenta años atrás, hoy el oeste chaqueño parece la zona productiva núcleo.

El departamento Almirante Brown concentra tres actividades productivas primarias: forestal, ganadera y agrícola. Ha permitido el desarrollo de emprendimientos productivos con la llegada de inversores de otras provincias -fenómeno iniciado quince años atrás- y fue cambiando el sentido de la producción.

Sin embargo, hasta el momento, es sabido que el grueso de las ganancias que se obtienen se van fuera de la provincia, tema que merece un capítulo aparte.

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Hay una realidad latente en Pampa del Infierno: se registra un crecimiento en el desarrollo de la economía a través de la expansión de la agricultura, la explotación forestal y la producción ganadera.

Las voces consultadas por NORTE Rural son coincidentes: “Acá mucha gente vino a invertir sin pedir nada a cambio, pero muchos están afincados aquí, viven aquí, y necesitan de obras de infraestructura como agua, energía, escuela, colegio y también alguna extensión universitaria”, apuntó el ingeniero agrónomo Héctor Hernández, dedicado al rubro servicios agropecuarios.

Tres pilares del proyecto 2022

El proyecto para el crecimiento y desarrollo de Pampa del Infierno consta de tres aspectos: el Económico, el Social y el Ambiental. De este proyecto participan las distintas instituciones que conforman la comunidad de Pampa del Infierno, como: Municipio, Instituciones Educativas, Cámara de Comercio, INTA, Sociedad Rural, Cooperativas, Centro de Acopiadores, Exportadores, Productores y Servicios Agropecuarios.

Gran potencial

Fue a través de NORTE que el productor de Pampa del Infierno y directivo de la Compañía Logística del Norte (Colono), Jorge Brugnoli, expuso el cuadro de situación de su localidad: es altísimo el potencial productivo del departamento Almirante Brown, con muy buenos rindes en soja, maíz y girasol. Sin embargo, habló de la paradoja que surge al contrastar esta situación con lo que queda en el Chaco: sólo una ínfima parte permanece en la provincia, como consecuencia de una matriz productiva vetusta que requiere pensar alternativas de cara al mediano y largo plazo.

“Tenemos proyecciones muy buenas para los próximos años, pero si no superamos los problemas actuales ni generamos la condiciones para captar el valor agregado, vamos a tener una gran riqueza pero con pobreza estructural”, graficó. En ese marco, avizoró que será muy importante la reunión pautada para abril entre la Cámara de Comercio y el Gobierno provincial, donde desde el sector de la producción se plantearán los ejes centrales a trabajar en busca de salto de calidad que la provincia requiere.

Divisas que se van

“Estoy orgulloso de que mi zona produzca eso, pero preocupado porque esos recursos no quedan en mi pueblo”, expresó Brugnoli.

En ese contexto detalló cómo se dividen las ganancias que deja la producción. Un 15% lleva el dueño del campo, de los cuales el 85% vive en el Chaco (ver aparte); el 8% se lo lleva el cosechero, que es el que pasa la máquina y tampoco es de la provincia. “Después, los propietarios de las semillas y los agroquímicos, que también se quedan con entre el 15 y el 18% y tampoco queda en la provincia; y luego quedan los impuestos provinciales”, dijo y agregó: “En definitiva, en la provincia queda no más de 3 o 4% de los ingresos de la producción, con lo cual salta a la vista la necesidad de que el Chaco agregue valor a la producción con una aceitera o bioetanol”.

“Este escenario configura la gran paradoja actual, con la movilización de tantos recursos y la generación de semejante patrimonio productivo que, no obstante, no permite superar las necesidades en cuanto a servicios básicos como agua potable, cloacas y caminos en vastas zonas del interior”, señaló el acopiador.

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