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Qué es y para qué sirve

La homeopatía

Es una terapia utilizada hace muchos años y se ha hecho muy importante en el tratamiento de enfermedades tanto agudas como crónicas.

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El alemán Samuel Hahnemann (1755-1843), padre de la Homeopatía, descubrió una forma de administrar medicamentos sin afectar a los pacientes, la cual se utiliza hasta la fecha y consiste en tomar una porción de sustancia medicamentosa para diluirla y agitarla (proceso conocido como dinamización) en 99 partes idénticas de agua, a fin de que ésta capture la energía del compuesto terapéutico. A continuación se toma una sola parte de la solución obtenida en la primera operación, y se dinamiza en 99 partes de agua. Este proceso se repite varias veces hasta obtener la potencia deseada.

El reto que se le presentó a Hahnemann fue recopilar los efectos que cada compuesto genera y que, a la postre llamó patogenesias homeopáticas. Es cierto que esta experimentación pudo llevarse a cabo en animales, pero la constitución y funcionamiento orgánico de perros, caballos o ratones es distinta a la de los seres humanos; reaccionamos diferente y tenemos otros temperamentos. Por tal razón, Hahnemann hizo preparados homeopáticos de diversas sustancias y, sabiendo que eran inofensivos, los administró a un grupo de voluntarios que incluía a sus colaboradores y a él mismo.

El médico alemán no revelaba el nombre de la sustancia que administraba para evitar sugestiones o temor por parte de los participantes, y les pidió que hicieran apuntes con todos los síntomas que presentaran. Imaginemos el trabajo de atender a 200 o 300 personas con sus respectivas anotaciones. Con esa monstruosa cantidad de información, Hahnemann creó el primer gran registro de patogenesias, llamado Materia médica pura.

En las observaciones de los voluntarios aparecieron tanto síntomas muy comunes (mostrados por 90 u 80% de los participantes), como otros presentados con menor frecuencia (de 60, 50 o 40%) o que ocurrían sólo en 5 o 10 personas. Por ejemplo, en el caso de una de las “sustancias” que el médico aplicaba, la mayoría de la gente reportó cansancio, agotamiento con pequeños esfuerzos, ansiedad, dolor ardoroso, temor a la muerte, agitación física o mental de la 1 a las 3 de la mañana, vómito violento, ardor al orinar y micción involuntaria.

Un dato curioso: cuando alguno de los participantes experimentaba síntomas muy intensos, malestar o angustia, bastaba con darle un ‘antídoto’ para que volviera a la normalidad, como una taza de café, ya que esta bebida bloquea el efecto de las sustancias tratadas homeopáticamente.

Una vez concluida esta recopilación, el médico alemán procedió a prescribir las ‘sustancias’ estudiadas como medicamentos. De esta forma, cuando llegaba a consulta un enfermo con asma (inflamación de las vías respiratorias que genera tos e incapacidad para respirar) ocasionada por humedad, que empeoraba por la madrugada, tenía mucha ansiedad y sentía que iba a morir, le administraba aquella ‘sustancia’ como antídoto homeopático, ya que genera manifestaciones similares y logra la curación por ley de semejantes. Esa es la razón por la que los médicos homeópatas son muy específicos al indagar sobre los síntomas.

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Hace más de doscientos años, la homeopatía fue creada por el eminente médico alemán Samuel C. Hanhemann, es un método natural sin contraindicaciones de ningún tipo, y basada en la idea que lo similar, cura o mejora a lo similar, lo que quiere decir que una sustancia preparada de una manera especial es capaz de curar o mejorar síntomas de una enfermedad si posee la particularidad de presentar los mismos síntomas al administrarla a una persona sana lo que se llama patogenesia y sirve para estudiarla y comprender cuándo se le debe administrar y a quién.

Por supuesto que esto no solamente sirve al médico preguntando los síntomas de la enfermedad en sí, sino que se acompaña siempre de estudios y valoración clínica pues no olvidemos que el médico homeópata es un médico con formación clínica tradicional y por lo tanto debe hacer el diagnóstico tradicional del paciente.

Pero además de esto, el médico también indagará cómo es el paciente, su carácter, su forma de ser, su forma de reaccionar ante los problemas cotidianos, cuáles son sus temores, si es temeroso a algo, si es irritable, ansioso, malhumorado, compasivo, rencoroso. Ir al diagnóstico de cómo es el enfermo, inclusive cómo es con respecto al clima, qué comidas prefiere o no, si es sediento o no, cómo descansa de noche, si duerme bien, si sueña o no, si hay sueños recurrentes. El médico interroga al paciente no solamente para conocer su enfermedad, sino para algo sumamente importante, que es conocerlo profundamente.

Además, y esto es muy importante, algunas veces pregunta cuando comenzó su enfermedad, si fue luego de algún problema que le ha causado un estrés importante, como puede ser la muerte o enfermedad de algún ser querido, separación conyugal, problemas laborales, familiares, decepciones, en fin, todo lo que puede deprimir el sistema inmunitario y causar problemas en el organismo.

Con todo este acopio de información trabaja el médico homeópata para diagnosticar el medicamento que debe prescribir, pues si se logra regular la armonía mental, se logrará regular la inmunidad deprimida y consecuentemente ayudar a mejorar o curar la enfermedad.

Dr. Agustín A. Damiano Miembro de la Asociación Médica Homeopática Argentina y de la Liga Homeopática Internacional.

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