Ecuador ante una decisión histórica
El empate técnico que anuncian las encuestas parece sorpresivo, dada la primera vuelta en la que el candidato oficialista Lenin Moreno venció por casi diez puntos de ventaja al banquero opositor Guillermo Lasso. Sin embargo, este logró rápidamente la adhesión del Partido Social Cristiano (tercero) y emparejó los guarismos al punto que el gobernante Alianza País cambió de una campaña triunfalista a una de advertencia a la población, recordando el comportamiento de Lasso durante el “feriado bancario” de 1999.
Entonces, en su carácter de “superministro” del presidente Jamil Mahuad, perpetró una virtual estafa a los depositantes, al congelar los depósitos, entregar a cambio certificados, recomprarlos a la mitad de su valor y revenderlos al 100% al Estado, con lo que quebró la banca pública. Su fortuna personal se multiplicó por treinta en menos de un año. Alianza País pronostica una penosa vuelta a “la noche neoliberal y a la inestabilidad política” que marcó al país entre 1998 y 2006, presentando a Lasso como el CEO con un precario armado político que sólo se propone derrumbar los logros de la “década ganada”.

Por su parte, el banquero Lasso aprovecha la gran disconformidad de los votantes por la recesión, y se proclama “candidato del cambio” frente al “autoritarismo” de la Revolución Ciudadana del presidente Correa. Responde a los ataques por el “feriado bancario” de 1999 reactualizando los escándalos gubernamentales en la administración de Petroecuador y los negociados con Odebrecht en las numerosas obras públicas adjudicadas a la empresa brasileña. Lo hace, a sabiendas que también podrían resultar alcanzados otros referentes opositores, y gente de su misma agrupación.
Semejantes choques, muchos al filo de la calumnia y la judicialización, han opacado como siempre la discusión de las grandes decisiones que en materia económica deberá tomar el próximo gobierno, cualquiera sea el triunfador. Analistas económicos de todas las tendencias advierten que se hace imprescindible e inevitable un severo ajuste para enfrentar la crisis, para lo que será necesario un clima de colaboración de todas las fuerzas políticas. El candidato oficialista Moreno resaltó que será el presidente “del diálogo y la unidad”, y el mismo perfil debería procurar Lasso, que además tendrá una Asamblea Nacional mayoritariamente opositora.
Los terceros
Tanto Moreno como Lasso han tratado por esa razón de seducir a los movimientos sociales, muchos de ellos hace tiempo alejados del oficialismo, al que supieron apoyar en su primer gobierno. El periodista español Juan Martín Medem, simpatizante de la Revolución Ciudadana de Correa, en un artículo en el que examina la caída electoral de Alianza País, la atribuía principalmente al alejamiento de movimientos de mujeres, ecologistas, indígenas y campesinos, debido -entre muchos factores- al “verticalismo” de Correa. Concluye que es forzoso “recrear la transversalidad” para ganar el ballotage.
El debate ya se advirtió en la discusión de candidaturas para la primera vuelta, cuando Correa desautorizó concesiones y dijo que la Coalición de Organizaciones Sociales “intenta apoderarse de las candidaturas del espacio” y luego del gobierno. Sostuvo a rajatabla ratificando la hegemonía de Alianza País en el reparto de lugares, por lo que para intentar contener en la coalición oficial a los disconformes, Moreno se mostró dispuesto a una consulta popular sobre la extracción de petróleo en la reserva Yasuni y prometió que implementaría mayor control de la megaminería.
Pero la mayoría de los movimientos sociales e incluso sindicatos se pronunciaron en apoyo de Lasso, que prometió devolver la personería gremial al sindicato de maestros. “Es preferible un banquero a una dictadura”, llegó a decir un dirigente de la Conaie. Ecuador combina, una vez más, el fin de las experiencias de gobiernos reformistas y/o nacionalistas, con relevos políticos conservadores que no parecen reunir todos los recursos políticos imprescindibles para las graves tareas que se proponen.










