Día Mundial del Riñón
El lema del Día Mundial del Riñón está centrado este año en evitar la obesidad, ya que es uno de los factores de riesgo de padecer enfermedad renal crónica.
La iniciativa de celebrar este día tuvo su inicio en el año 2006 y desde entonces cada segundo jueves del mes de marzo se realizan en todo el mundo campañas para crear conciencia sobre la enfermedad renal y resaltar la necesidad urgente de actuar para prevenir y tratar esta riesgosa condición de salud.
La campaña global ha sido conjuntamente organizada por la Sociedad Internacional de Nefrología y la Federación Internacional de Fundaciones Renales y se enfoca en un tema específico cada año, contando con el apoyo de las de las instituciones nacionales de cada país que se unen a su celebración.
En 2017, el lema de este día promueve la educación sobre las consecuencias negativas de la obesidad y su asociación con la enfermedad renal, destacando la importancia de un estilo de vida saludable y las políticas sanitarias que hacen accesible una conducta preventiva.
En las últimas décadas han aparecido numerosos trabajos epidemiológicos que relacionan el índice de masa corporal con el desarrollo de enfermedad renal crónica en los sujetos obesos.
Otro hallazgo importante, señala la Fundación Renal de Nordeste Argentino, es el papel crucial que juega la obesidad como factor de riesgo para una peor evolución de la función renal en pacientes con diversas patologías nefríticas, así como en los trasplantes de riñón.
Según los últimos datos el 10 por ciento de la población mundial padece enfermedad renal crónica (ERC), y 2.6 millones de pacientes con enfermedad renal terminal (ERCT) recibieron diálisis en 2010 en todo el mundo. Se prevé que este número se duplique a 5.4 millones en 2030.
A su vez, hay más de 600 millones de personas que se ven afectadas por la obesidad a nivel global, 220 millones de las cuales son niños en edad escolar.
Son personas que tienen un 83 por ciento más de riesgo de desarrollar patologías renales, en comparación con aquellas que poseen un peso saludable.
La enfermedad renal crónica se define como una disminución en la función renal o como la presencia de daño renal, en ambos casos de forma persistente durante al menos tres meses. El daño se diagnostica habitualmente mediante marcadores en análisis de sangre como la urea y la creatinina y alteraciones en la orina; el principal marcador de daño renal es una pérdida de proteínas en orina.
El término enfermedad renal crónica terminal (ERCT) se utiliza fundamentalmente para referirse a la situación donde los riñones perdieron la función a niveles no compatibles con la vida y se debe iniciar tratamiento sustitutivo de la función renal (diálisis o trasplante).
La obesidad es un potente factor de riesgo para el desarrollo de la enfermedad renal. Aumenta el riesgo de desarrollar los principales factores de riesgo de la Enfermedad Renal Crónica, como la diabetes y la hipertensión, y tiene un impacto directo en el desarrollo de ERC y enfermedad renal terminal.
En personas afectadas por la obesidad, los riñones tienen que trabajar más, filtrando más sangre de lo normal para satisfacer las demandas metabólicas del aumento del peso corporal. El aumento de la función puede dañar el riñón y aumentar el riesgo de desarrollar daño renal en el largo plazo.
Pero tanto el sobrepeso, como la obesidad y las enfermedades conexas, son en gran medida prevenibles, por lo que las autoridades sanitarias de los países deberían incluir planes estratégicos para la prevención de la misma, abogando por un estilo de vida saludable y las medidas de políticas de salud que hacen de los comportamientos preventivos una opción asequible, manifestaron las autoridades de la Fundación Renal del Nordeste Argentino.










