La reencarnación
Entre algunos lectores de la Biblia existen quienes creen en la reencarnación, una creencia más bien ligada a las tradiciones religiosas indias, como el hinduismo y otras.
Para el cristianismo la teoría de la reencarnación es antibíblica y es rechazada como falsa. Sin embargo, lo extraño es que, aún así, dentro del propio cristianismo haya quienes defiendan dicha teoría.
Dos ópticas
Esto es así porque la Biblia puede ser leída desde por lo menos dos ópticas. Una, desde el punto de vista literario; es decir, como un libro más de los millones que hay.
La otra, desde el punto de vista del discernimiento espiritual; es decir, entendiendo a la Biblia, no como un libro más sino como un libro escrito por seres humanos que fueron inspirados por Dios.
Para leerla bajo el punto de vista del discernimiento espiritual, lo primero que se debería hacer es aceptar como cierto el sacrificio de Jesús en la cruz en beneficio de todos aquellos que puedan creerlo.
El apóstol Pablo señaló oportunamente que los que no aceptan lo antes mencionado, a quienes define como hombres naturales, no pueden comprender el texto bíblico porque para ellos es locura.
Conocimiento espiritual
Hay personas que concurren a distintas iglesias cristianas pero no tienen conocimientos espirituales porque nunca fueron confrontados con la necesidad de abandonar la incredulidad y transformarse en verdaderos creyentes, en el sentido de creer todo lo que dice el texto bíblico.
Y en el texto bíblico no aparece la palabra reencarnación, y si bien no se habla de ella, implícitamente se la puede detectar por lo contrario. Cuando decimos lo contrario, nos referimos a que enfáticamente el texto bíblico enseña que esta establecido por Dios para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.
Si como verdaderos creyentes aceptamos este concepto, no podemos al mismo tiempo creer en la reencarnación que es exactamente lo contrario a esta doctrina, ya que la reencarnación acepta como válido que el alma de una persona, una vez muerta, pase, una y tra vez, a otros cuerpos.
Juan el Bautista, Elías y Moisés
Si no se comprende correctamente la narración bíblica, se puede llegar a creer que Juan el Bautista, primo de Jesús, es la reencarnación del profeta Elías; sin embargo, consultado al respecto, le preguntaron: “¿Eres tú Elías?”. Y él dijo: “No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No... Yo soy la voz que clama en el desierto: Enderecen el camino del Señor, como lo dijo el profeta Isaías”.
Efectivamente, casi 800 años antes del nacimiento de Juan el Bautista, el profeta Isaías había hecho alusión a la tarea que él cumpliría en el cristianismo: preparar el camino para la llegada de Jesús.
Otro pasaje bíblico que lleva a la confusión de muchos incrédulos y lo relacionan con la reencarnación, es la escena en que Jesús, en compañía de algunos de sus discípulos, Pedro, Jacobo y Juan, se retiraron para orar en la montaña y se les aparecieron Moisés y Elías por un instante y luego desaparecieron.
Con la situación agravante para dicha creencia, que Elías ni siquiera murió, ya que fue arrebatado vivo por Dios al cielo.
A esta escena, Jesús mismo la definió como una visión y no como una reencarnación, incluso les pidió a quienes les acompañaban que guardan silencio respecto de la escena que habían visto, hasta que El resucite de los muertos.
No desconfiar
El verdadero creyente debería abandonar la incredulidad y someterse al texto bíblico porque es la única manera de progresar espiritualmente; ninguno que dude de las certezas del texto bíblico podrá ser un verdadero creyente. Reiteramos, la teoría de la reencarnación es antibíblica y es rechazada como falsa, por lo que ningún creyente la debería tomar como válida.
Debemos recordar que la teoría bíblica señala que lo que muere es solamente el cuerpo, ya que el alma es inmortal. Su alma, cuando usted muera, seguirá siendo su alma porque seguirá viva. Su preocupación debería ser, saber cual es el lugar donde ella estará en la eternidad.
La Biblia enseña que solo existen dos lugares: El cielo o el infierno. No existe otro lugar donde pueda ir. El lugar donde vaya su alma depende de usted. Solo lo puede decidir mientras está vivo. Después de muerto nada se puede hacer, solo viene el juicio. Dios le guie a elegir lo correcto.










