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San Martín: El cruce de los Andes

Por Marcos Altamirano - Más de 600 efectivos argentinos y chilenos marcharon en enero por las rutas que siguió el general José de San Martín para cruzar la Cordillera de los Andes, a 200 años de la mayor epopeya militar en suelo americano. Fue en 1815 cuando el general San Martin, Gobernador Intendente de Cuyo, inició la preparación de un ejército para llevar adelante su plan continental de liberar a Chile del dominio español y una vez logrado esto, atacar al centro del dominio imperial hispánico que era la ciudad de Lima, Perú.

Después de muchas dificultades y con el apoyo del Director Supremo Pueyrredón, logró equipar y adiestrar una fuerza de 3.778 hombres de tropa y 1.392 auxiliares, entre zapadores, baqueanos, arrieros y personal de sanidad.

Las armas fueron en gran parte forjadas en los talleres del físico y matemático Fray Luis Beltrán, quien también se hizo cargo de la maestranza y parque de artillería. La pólvora fue elaborada por el ingeniero Álvarez Condarco con el salitre recolectado en la zona y los uniformes fueron tejidos en su mayor parte por artesanos de San Luis y teñidos en Mendoza.

Entre los que integraban el ejército se contaban los contingentes de emigrados chilenos que cruzaron la cordillera después de la derrota de Rancagua en 1814, comandados por Bernardo O`Higgins. La base de este ejército fue el Regimiento de Granaderos a Caballo que llegó desde Buenos Aires, y para aumentar sus efectivos San Martín ordenó a los vecinos pudientes de Cuyo la entrega de sus esclavos, quienes pasaron a revistar como soldados de infantería. También dispuso un reclutamiento obligatorio de milicianos de San Juan y San Luis, y la incorporación de todos los hombres sin ocupación. El adiestramiento de estos efectivos se realizó en el campamento El Plumerillo, en las proximidades de la ciudad de Mendoza.

Después de hacer bendecir a la Bandera del Ejército de los Andes, bordada por damas mendocinas, y de consagrar a la Virgen del Carmen como patrona del mismo, San Martín dispuso el comienzo de la campaña, con la partida del primer contingente el 9 de enero de 1817, al que le siguieron otros en los días siguientes. Estas primeras columnas de fuerzas reducidas a 80 o 100 efectivos tenían la misión de cruzar la cordillera por pasos secundarios situados al sur y al norte de Mendoza, a la altura de San Juan y La Rioja. Debían ocupar distintas poblaciones chilenas, con el fin de desorientar a las autoridades españolas sobre el punto en que se produciría el ataque de los patriotas. El grueso del Ejército de los Andes inició el cruce por los pasos de Uspallata y Los Patos el 19, en forma escalonada y dividida en cinco grupos separados entre sí por una jornada de marcha cada uno. El último contingente con el parque y la maestranza partió el 24 y San Martín como Comandante en Jefe partió el 25 de la ciudad de Mendoza para sumarse rápidamente a las fuerzas que estaban en camino.

La marcha a través de alturas de más de 4.000 metros, de las cumbres más altas de América, fue penosa y plagada de dificultades. Muchos hombres enfermaron del mal de altura o soroche y algunos sucumbieron (unos 300) y se convirtieron en las primeras víctimas de esta memorable epopeya. Para su alimentación se llevaba ganado en pie, charqui y sacos de harina para la fabricación de pan. Los caballos eran llevados de la brida por los soldados, quienes en parte montaban en mulas, más aptas para el peligroso camino de montaña. El intenso frío se hizo sentir y fue combatido por la ingesta de aguardiente que se distribuyó en todo el camino. La logística fue especialmente atendida por San Martín que no dejó nada librado al azar. Los caminos a seguir eran explorados previamente y se establecieron postas para facilitar el abastecimiento de la tropa y de los animales que requerían también de atención.

Para la orientación de los distintos cuerpos militares que efectuaban el cruce, se dispuso de croquis y mapas muy detallados de la cordillera confeccionados por el ingeniero Álvarez Condarco, poseedor de una prodigiosa memoria, quien en una exploración previa retuvo todos los datos topográficos que habrían de servir al ejército para facilitar su marcha. De este modo las dos columnas principales de San Martín se reunieron el día 10 de Febrero en el Valle del Aconcagua, Chacabuco.

El trabajo previo de espionaje y desinformación del enemigo efectuado por San Martín, llamado “guerra de zapa”, dio sus frutos pues el gobernador español Marcó del Pont dispersó sus fuerzas en un amplio frente de muchos kilómetros al desconocer el lugar por donde atacaría el grueso del Ejército patriota. Recién cuando supo la ubicación de éste, ordenó al General español Brigadier Rafael Maroto que reuniese todos sus efectivos en las alturas de Chacabuco para detener al enemigo que avanzaba en dirección a la ciudad de Santiago de Chile, lo que este jefe con una fuerza de 5.000 efectivos.

Adelantándose a la reunión de todas las fuerzas españolas, San Martín ordenó el ataque el día 12 de Febrero al clarear el día. Dividió sus fuerzas en dos columnas, una al mando del general Soler (2.100 efectivos) que atacaría por el flanco izquierdo de las fuerzas españolas que se había atrincherado en la Cuesta de Chacabuco. Otra división comandada por O`Higgins (1.500 efectivos) debía atacar por el frente para fijar en el terreno a las fuerzas españolas mientras se efectuaba el ataque de Soler. El total de las fuerzas patriotas comprometidas ascendían a 3.600 hombres.

O`Higgins atacó impetuosamente a las fuerzas de Maroto que se hallaban formadas al pie de la cuesta, sin esperar la llegada de las tropas de Soler, y fue detenido por las descargas de artillería. San Martín, viendo comprometida la acción, se lanzó a la batalla encabezando personalmente al Regimiento de Granaderos a Caballo, pese a estar enfermo. La llegada del general Soler con sus efectivos por el flanco y la retaguardia, quien avanzó raudamente hacia el centro de la fuerza enemiga, resolvió a favor de los patriotas la acción. Al promediar la tarde el triunfo patriota era completo, las fuerzas españolas totalmente dispersas y en fuga, dejando unos 500 muertos y 600 prisioneros, más 32 oficiales, todo el parque y artillería y la bandera del Regimiento de Chiloé.

El camino para la liberación de Chile estaba abierto. El Plan Continental de San Martín para la libertad de esta parte de América se inició de una manera contundente y exitosa.

(El autor es Miembro de la Junta de Estudios Históricos del Chaco)

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