Fraudes informáticos, más vale prevenir que curar
Por descuidos, falta de conocimiento o exceso de confianza, muchos usuarios de computadoras son víctimas de fraudes informáticos en un mundo que está cada vez más digitalizado e interconectado y, a la vez, expuesto a los más variados engaños en el espacio virtual.
Según el último Informe Global sobre Fraudes de la consultora norteamericana Kroll, especializada en el análisis de riesgos, Argentina figura entre los países de la región con mayor vulnerabilidad al fraude informático, a tal punto que este tipo de delitos es uno de los que más recursos demanda a las empresas locales, especialmente a las del sector financiero que buscan mantenerse a salvo de los ataques de los piratas informáticos. Los sistemas de home banking, cada vez más utilizados por los clientes del sistema bancario por su comodidad y rapidez, son uno de los blancos preferidos de los ciberdelincuentes.
Por esa razón, las entidades bancarias no dudan en invertir importantes sumas de dinero en la seguridad de sus sistemas y con frecuencia recuerdan a sus clientes una serie de medidas que deben adoptar para operar en un entorno más seguro. Según los expertos, en estos casos los incidentes en la seguridad se originan por lo general en descuidos de los usuarios que suelen caer en la trampa de, por ejemplo, contestar correos electrónicos enviados por un pirata informático que se hace pasar por un representante del banco, en una modalidad de estafa que se conoce como “phishing”, que traducido significa algo así como “suplantación de identidad”, y que lo que busca es el robo de datos personales.
Este método consiste en el empleo por parte del ciberdelincuente de mensajes de correo electrónico que en apariencia provienen de una institución confiable y segura, pero en realidad se trata de una falsa identidad que tiene como fin llevar a cabo prácticas delictivas. Son los llamados correos electrónicos “pescadores” que vienen con un archivo adjunto o bien con un enlace a un sitio que simula ser seguro donde se le pide al cliente del banco que ingrese sus datos de usuario y contraseña. El cliente desprevenido cree que operará en un sitio de confianza y entonces no tendrá problemas en ingresar sus datos confidenciales que de esta manera caerán en manos del estafador.
Pero los particulares no son los únicos que sufren este tipo de ataques. También las empresas, grandes y pequeñas, están en la mira de los piratas informáticos. El último informe de Fraudes y Riesgos de la consultora Kroll señala que los incidentes de seguridad afectan a compañías de todo el mundo y que a nivel global un 85% de los ejecutivos encuestados en distintos países afirmó que su empresa sufrió un incidente cibernético en los últimos doce meses.
En la Argentina, en tanto, el 86% de los ejecutivos consultados por la encuesta de esta multinacional reconoció que tuvo algún tipo de fraude, de activos físicos o fue víctima de un cibercrimen en el último año. Según expertos de la consultora, los delitos tienen distinta magnitud y pueden ir desde pequeños robos hasta desfalcos importantes que afectan sensiblemente el patrimonio de las víctimas. Las empresas pequeñas, por lo general, no suelen estar preparadas para enfrentar estos ataques informáticos y de ahí la necesidad de generar conciencia sobre la importancia de proteger la información sensible que están en las computadoras que se usan con frecuencia dentro de la empresa y que tienen conexión a Internet.
Es necesario desarrollar, tanto a nivel particular como dentro de las pequeñas y medianas empresas, una cultura de la prevención para evitar el robo de datos personales o de información sensible. Los usuarios particulares, en tanto, deben prestar especial atención a las páginas donde ingresan sus números de tarjeta de crédito e informarse sobre cómo realizar operaciones seguras, siguiendo los consejos que brindan las entidades emisoras de los plásticos y también los bancos.
En nuestro país el problema radica en que la mayoría de los usuarios todavía no ha tomado conciencia de que este tipo de delitos son reales y que nadie está exento de caer en una de estas trampas. Además, no se cuenta con una legislación convenientemente actualizada que brinde respuestas a los nuevos desafíos que se presentan a partir de los nuevos usos y costumbres en materia de transacciones bancarias, compras y transferencias con el advenimiento de la red Internet, ya que la última reforma en la legislación de delitos informáticos fue realizada en 2008.










