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El regreso del vinilo, ¿moda o una realidad?

Una industria que se creía desaparecida está regresando y dando ganancias. Se trata de la fabricación de discos de vinilo, un formato valorado por los melómanos y que se transformó en el motor de la industria discográfica mundial.

Por Ricardo Ambrosig

¿Pero es el vinilo igual al CD? ¿Tiene la misma calidad? La respuesta es no,  un CD siempre será mejor que un disco de vinilo al no existir contacto físico entre el soporte de la música y el sistema que la reproduce. 

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Seleccionar el vinilo correcto y sentarse a escuchar su música es una de las actividades que se fueron perdiendo con la digitalización, ahora regresa como moda.

¿Qué sucede entonces?

En los 80 el disco de vinilo comenzó a ser desplazado por la aparición de un nuevo formato: el CD. Más cómodo y con un sonido más limpio. Con las ventajas que ofrecía este soporte, parecía un hecho que los vinilos se enfrentaban a su adiós definitivo; sin embargo, ahora, tres décadas después, han resurgido.

El formato que más ingresos generó el año pasado fue el disco de vinilo y no las descargas de MP3 ni las ventas de CD. Pero, ¿cómo es posible que, en una época en la que los formatos digitales permiten tener la música al alcance en cualquier momento y en cualquier lugar, sean los formatos analógicos los que más crezcan? La clave se encuentra en una combinación de sonido y experiencia.

En los defectos está la ventaja

Para entender las diferencias entre CDs y vinilos, hay que entender que estos últimos, al ser analógicos, son (en teoría) una reproducción exacta de la onda de audio original; los CDs, al pasar por un proceso de conversión al formato digital, sufren una pérdida de información que les impide almacenar toda la onda de sonido.

Ese supuesto sonido más fidedigno, es uno de los argumentos que usan los mayores defensores del vinilo; sin embargo, está comprobado que, debido a las limitaciones físicas en la reproducción, el vinilo no puede representar con exactitud el sonido tal y como se ha grabado. Es decir, que el sonido se almacena tal y como es, pero no nos llega a nosotros de esa manera. 

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Minimalista y con la bandeja de cristal industrial de alto peso los nuevos tocadiscos están construidos con la precisión del instrumental quirúrgico y metales raros también de alto peso y nula resonancia.

A fin de evitar distorsiones, el vinilo requiere un rango dinámico (diferencia entre la nota más alta y la más baja) más limitado, que provoca la pérdida de agudos. De ahí que los aficionados a este tipo de soporte definan el sonido como ‘más cálido’ y agradable al oído, mientras que el CD puede resultar más frío. Otra de las características que se le atribuye es la de ofrecer un sonido ‘con más cuerpo’ o más grueso. Esto se debe a la distorsión y las vibraciones que provocan las ondas sonoras de los altavoces y el vaivén de la aguja sobre los surcos.

Queda claro entonces que muchas de las virtudes que se atribuyen al vinilo son en realidad defectos, pero muchos afirman que ahí reside parte de su encanto. Y es que, aunque los giradiscos y el resto de accesorios de tocadiscos han mejorado notablemente con respecto a los de la década de los 80, no hay duda de que uno de sus mayores atractivos reside en la nostalgia que genera ese familiar zumbido provocado por la aguja o los saltos y ‘clics’ que se producen por los defectos en el surco.

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El ritual de escuchar

Escuchar se define como “'poner atención o aplicar el sentido del oído para oír algo o a alguien”. La facilidad con la que disponemos de los formatos digitales, celulares y sistemas de infoentretenimiento en los autos hace que hayamos cambiado la costumbre de “escuchar” música por la de “oír música”. Un Mp3 o un CD están listos para entregar lo mejor de su formato en cualquier momento, aún si permanecen tirados debajo de un mueble u olvidados por décadas en una computadora, es música para oír, no la atesoramos como antaño los valiosos vinilos que nos gustaban y sobre los que algunos ejercían una enfermiza obsesión por la limpieza y el cuidado.

El vinilo es otra cosa, requiere de la voluntad y la disposición y es por eso que nos resulta mejor, porque pasar un vinilo es un ritual más que una acción refleja. Una serie de procesos que despejan la mente de actividades paralelas y la predisponen para disfrutar de las notas, los arreglos o el ritmo porque el placer de escuchar tanto pasa por la música clásica como por la Disco de los 80.

Un fenómeno argentino……….rec

Dos empresas argentinas, Gráfica Morello y Laser Disco, están fabricando alrededor de 50.000 vinilos por mes y apuntan a duplicar esa cifra en el 2017, en un reverdecer de un formato valorado por los melómanos y que se transformó en el motor de la industria discográfica mundial junto con las bajadas digitales.

Este fenómeno fue ayudado en Argentina por las reediciones que Sony realizó de grandes artistas argentinos como Luis Alberto Spinetta, Charly García, Soda Stereo, Gustavo Cerati, Virus y Los Fabulosos Cadillacs, entre otros. En ambos casos, los vinilos pesan 180 gramos y están hechos con los mejores estándares de calidad de audio, razón por la cual ambas empresas ya han recibido pedidos de países del Mercosur para comenzar a fabricar. El boom es tal que además de las máquinas adquiridas en 2016, ambas empresas ya adquirieron matrices, calderas, moldeadoras, cortadoras e impresoras que llegarán en los próximos meses para incrementar el volumen de fabricación. Junto a expertos extranjeros, los especialistas argentinos controlan la calidad del proceso, del vinilo y el funcionamiento de las máquinas que deben ser calibradas una vez al año. La materia prima, el policloruro de vinilo (PVC) se importa de Europa, viene granulado y se mete en una moldeadora con caldera que trabaja a doscientos grados, lo derrite y forma una pequeña bocha similar al disco que se usa como pelota en el hockey sobre hielo. Luego se coloca bajo un gran calor en la moldeadora, donde está colocado el stamper que es la copia del máster de grabación pero hecho en níquel, allí se lo imprime, luego se corta la sobra, va a chequeo y permanece 48 horas estacionado. En el chequeo, las empresas usan microscopios con láser que recorren los discos surco por surco y así chequean que esté bien realizado el trabajo, aunque en las dos empresas reconocen que "los veteranos que integran los equipos consultores se dan cuenta a simple vista o apenas pasándole la púa de la bandeja de prueba".

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