
Opinión

Opinión



La realidad cotidiana nos muestra que los precios suben, los mercados bajan, la economía cruje, los sistemas humanos están en crisis; la gente está sedienta, desorientada, perdida, insegura y en algunos casos desesperanzada.



A menudo buscamos soluciones externas para un agotamiento que nace en el alma. Hoy nos proponemos reflexionar sobre cómo una pausa forzada puede ser la invitación perfecta para redescubrir una paz que no depende de las circunstancias externas.

